La discusión que hace unos años parecía una pesadilla para Guillermo del Toro ya empezó a tomar forma en festivales de cine. En 2022, durante la promoción de ‘Pinocho’, el cineasta mexicano fue consultado sobre el avance de la inteligencia artificial (IA) en el arte. Su respuesta fue una apasionada defensa del arte hecho por humanos y explicó que no le interesaban las imágenes producidas por máquinas ni la “extrapolación de información”.
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En esa misma conversación habló del artista Dave McKean, quien le había dicho que su mayor esperanza era que la IA no pudiera dibujar realmente, sino apenas interpolar datos. La parte clave llegó cuando Del Toro trasladó el tema al cine, algo que entonces parecía una posibilidad remota. Su frase fue:
“Desde luego, si esa conversación se estuviera dando en torno al cine, me dolería profundamente. Lo consideraría, como dice [Hayao] Miyazaki, «un insulto a la vida misma»”.

Si esa discusión sobre arte generado por inteligencia artificial se llevaba al terreno cinematográfico, a él le dolería profundamente y lo vería como “un insulto a la vida misma”. Eso ya no es sólo una discusión. Ya existe: largometrajes hechos con herramientas de IA que comienzan a circular en espacios asociados con festivales importantes.
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El panorama cambió en 2026 con títulos como ‘Dreams of Violets’ y ‘Hell Grind’. Uno fue programado en el Tribeca Festival; el en Cannes, aunque fuera del festival oficial. El debate ya no es si la inteligencia artificial puede hacer imágenes convincentes. La pregunta es qué ocurre cuando esas imágenes se organizan como una película, se presentan ante público, se venden como futuro de producción.
¿Qué es ‘Dreams of Violets’ y por qué su estreno en Tribeca importa?
‘Dreams of Violets’ es el caso más relevante de esta nueva etapa. Según Variety, el Tribeca Festival programó el estreno mundial de la cinta el 10 de junio de 2026, durante la edición número 25 del festival. Fountain 0, el estudio detrás del proyecto, la presentó como “El primer largometraje live-action generado por IA, que ha sido aceptado por un importante festival de cine”.
La película, dirigida por Ash Koosha, es un docudrama de 75 minutos inspirado en las protestas ocurridas en Teherán en enero. La historia se centra en cinco iraníes que se encuentran en un callejón antes de ser ejecutados, mientras Amir, un niño de 10 años con parálisis cerebral, observa todo desde una ventana. De acuerdo con Variety, el relato toma como contexto los enfrentamientos entre autoridades iraníes y civiles, con cifras atribuidas a Human Rights Activists News Agency.
Koosha, originario de Teherán y radicado en Londres, explicó que comenzó a trabajar en la película después de leer reportes sobre la masacre. Su argumento para usar inteligencia artificial, además de lo económico, fue práctico y político: no podía entrar a Irán, filmar ahí, reunir un equipo ni trabajar con actores en el terreno. Según el director, la película no fue “un ejercicio tecnológico”, sino un intento de “crear una película conmemorativa para un evento que ocurrió detrás de un muro que no puedo cruzar”.
La defensa de Ash Koosha: memoria contra silencio
La decisión de recrear una tragedia real con IA abrió cuestionamientos éticos desde el anuncio del proyecto. Ash Koosha reconoció que el tema era delicado, pero defendió la película como una forma de preservar la memoria de las víctimas y evitar que los hechos quedaran en el olvido.
Jane Rosenthal, cofundadora de Tribeca, respaldó la inclusión de la cinta al señalar que su valor no estaba solo en la tecnología, sino en su intención de contar una historia humana y urgente.
Según Variety, ‘Dreams of Violets’ costó cerca de 2 mil dólares y fue desarrollada en tres meses desde la casa de Koosha en Londres, con herramientas como Kling AI, Claude AI, Google Gemini, Nanobanana y tecnología propia de Fountain 0.

‘Hell Grind’: imágenes realistas, historia fallida
El otro caso es ‘Hell Grind’, una película de acción y aventura de 95 minutos producida por la startup Higgsfield AI. Variety la reseñó después de una función privada en Nueva York y la presentó desde el titular con una contradicción reveladora: “La trama no tiene sentido, pero los efectos visuales eran sorprendentemente realistas”.
La cinta sigue a un grupo de cuatro bandidos huérfanos liderados por Roco, quienes intentan cometer un robo, adquieren superpoderes por accidente y terminan enfrentando a un demonio que secuestra a una de sus integrantes, Lulu, en el inframundo. La película fue hecha por 500 mil dólares, principalmente en costos de cómputo, en dos semanas, con una mezcla de Seedance, modelo de generación de video de ByteDance, y herramientas propias de Higgsfield.
El resultado técnico impresionó al periodista de Variety: los personajes se veían consistentes, los movimientos eran fluidos y algunos niños resultaban inquietantemente realistas. Pero los límites también quedaron claros. El demonio tenía una expresividad reducida, algunas voces sonaban planas y varios detalles visuales resultaban extraños. La observación más importante fue otra: “Aún no se sentía humana”.

¿Pesadilla o sueño hecho realidad?
El avance de la IA en el cine abre dos caminos opuestos. Para algunos productores, puede reducir costos y permitir que proyectos demasiado caros o arriesgados lleguen a la pantalla. En Cannes, Kent Sanderson, jefe de la distribuidora Bleecker Street, dijo que la tecnología podría abaratar la producción hasta el punto de que alguien llegue a hacer algo con apariencia de película de Marvel desde su sótano en pocos años.
Esa posibilidad entusiasma a quienes ven la IA como una herramienta de acceso: menos presupuesto, menos barreras y más margen para creadores independientes. Pero también plantea riesgos fuertes. Si una película de gran espectáculo puede fabricarse con menos equipo humano, áreas como animación, efectos visuales, doblaje, actuación, lectura de guiones y diseño podrían sufrir recortes. Además, el uso de voces, rostros y estilos sin consentimiento sigue siendo una de las zonas más delicadas.
La paradoja es evidente: la IA podría democratizar ciertas imágenes que antes solo estaban al alcance de los estudios, pero también podría concentrar aún más el poder en compañías tecnológicas y productores capaces de explotar esas herramientas. Por eso, incluso quienes aceptan que la tecnología ya llegó piden reglas claras. Thierry Frémaux, director del Festival de Cannes, advirtió que la industria debe proteger a artistas, guionistas, actores y actores de voz, y llamó a regular el uso de la inteligencia artificial.
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