Una aventura para toda la familia
Con la temporada de premios llegando a su fin en estos últimos días con la entrega del premio Oscar, es seguro decir que la industria cinematográfica está lejos de morir y se encuentra en muy buenas manos, con las nominadas demostrando que todavía hay historias ahí afuera que merecen ser contadas y que hay talento de sobra dispuesto a entregarlo todo para que estas cobren vida en la pantalla grande.
Sin embargo, también es una realidad que muchas de estas propuestas, aunque en su núcleo incluyen mensajes y lecciones universales, tienen un tono o un ritmo que muchas veces llegan a resultar desafiantes para el espectador casual que solo busca pasar un momento ameno en la sala de cine con una cubeta de palomitas sin mayores pretensiones. Y es una realidad que la oferta que hay en el cine comercial para ese público, en los últimos tiempos ha perdido mucha calidad, con películas genéricas que piensan que tener decenas de explosiones o un cast lleno de estrellas compensa la falta de una narrativa cohesiva. Eso en el mejor de los casos; en el peor tenemos la plaga de secuelas interminables y remakes que nos hacen preguntarnos dónde quedó la originalidad que alguna vez fue sello de Hollywood.
Afortunadamente, esta semana llega a salas nacionales Proyecto Fin del Mundo, una película que combina lo mejor de dos mundos: una dirección, efectos y actuaciones dignas de Oscar con una narrativa que no solamente es un oasis refrescante para estos tiempos de sequía creativa, también es apta para todo tipo de público. Tanto cinéfilos empedernidos como espectadores casuales, padres de familia, niños, adolescentes y personas mayores disfrutarán por igual de este trabajo lleno de corazón que desde ya apunta a ser una de las grandes sorpresas de este 2026.
¿De qué trata Proyecto Fin del Mundo?
En la película dirigida por Phil Lord y Christopher Miller (los creativos detrás de la franquicia Spider-Verse, La Gran Aventura LEGO, Lluvia de Hamburguesas y Comando Especial), seguimos la historia del profesor de ciencias Ryland Grace, quien despierta en una nave espacial a años luz de casa sin recordar quién es ni cómo ha llegado hasta allí. A medida que recupera la memoria, empieza a descubrir su misión: resolver el enigma de la misteriosa sustancia que provoca la extinción del sol. Deberá recurrir a sus conocimientos científicos y a sus ideas poco ortodoxas para salvar todo en la Tierra de la extinción… pero una amistad inesperada hará que no tenga que hacerlo solo. En el elenco podemos encontrar a Ryan Gosling, Sandra Hüller, James Ortiz, Lionel Boyce, Ken Leung, entre otros.
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Un trabajo de otro mundo
Teniendo en cuenta sus credenciales, a nadie debería sorprenderle lo que Phil Lord y Christopher Miller logran aquí, una mezcla perfecta de comedia, drama y ciencia ficción que demuestra que el cine de gran presupuesto puede tener grandes ambiciones temáticas sin dejar de ser entretenido o accesible. No estoy exagerando cuando digo que uno sale de la sala sintiéndose como la primera vez que vio E.T., el extraterrestre por su narrativa de grandiosidad talla Spielberg; también podría recordarte a la versión animada de Lilo & Stitch por su enternecedora amistad humano-alienígena capaz de derretir el corazón más frío, e incluso Gravedad de Alfonso Cuarón por el absorbente despliegue visual que tienen las escenas ambientadas en el espacio exterior.
Al ver los avances, uno podría cometer el error de pensar que esta es la típica historia donde el héroe estadounidense salva al mundo en una misión que parece imposible de resolver, pero, en primer lugar, la película está basada en la novela Project Hail Mary de Andy Weir, uno de los autores más relevantes de la ciencia ficción contemporánea por su capacidad para convertir algo tan complejo y a veces complicado de entender como la ciencia en algo entretenido, siempre con un tono optimista y esperanzador tan necesario para los tiempos oscuros que vivimos, aspectos que para nuestra suerte los directores de Proyecto Fin del Mundo retoman con ayuda del guionista Drew Goddard.

Sobre esa misma línea, a pesar de que Proyecto Fin del Mundo constantemente este subvirtiendo constantemente nuestras expectativas, evitando en la medida de lo posible transitar por los caminos conocidos del género, la realidad es que esta es una película en la que no importa tanto el destino sino lo que está en medio de eso. Al ser una película grande de estudio y hecha para el mercado masivo, es obvio que no vamos a tener un final nihilista donde la humanidad desaparezca trágicamente, pero el hecho de que sepamos a qué puerto vamos a llegar al final del recorrido no quita lo divertido y conmovedor que se siente el viaje para llegar hasta ese punto.
Y es que esta es una de esas producciones donde se puede sentir el corazón y cariño que todos pusieron en realizarla, las cosas no suceden solamente porque sí, hay un propósito y un mensaje detrás de toda la maquinaria que la vuelve sincera en sus intenciones. Y cada una de las escenas se siente hecha con artesanía minuciosa, con tomas evocadoras que realmente intentan comunicarnos algo a través de las imágenes o remover nuestras emociones; además, el guion a seguir es preciso: toca nuestras fibras sensibles en los momentos adecuados sin sentirse manipulador, aborda tópicos científicos sin cuestionar la inteligencia del espectador y construye a los personajes de forma inteligente sin caer en la sobreexposición.
El mejor Rocky desde Sylvester Stallone
Aunque la película tiene la capacidad de retener nuestra atención desde el primer minuto, lo cierto es que adquiere una nueva dimensión en cuanto aparece Rocky en la pantalla. Al igual que E.T. o Stitch, esta peculiar criatura intergaláctica es la responsable de los momentos más tiernos, emocionantes e hilarantes de todo el filme, algo que resulta aún más sorprendente si consideramos que no tiene un rostro en donde plasmar sus expresiones.
Nadie nos preparó para tener el corazón colgando de un hilo por un ser parecido a una araña hecha de rocas, pero los directores Phil Lord y Christopher Miller se encargan de que las apuestas emocionales aumenten exponencialmente una vez que hace su primera aparición en la pantalla, y su presencia nos deja un poderoso mensaje sobre encontrar la amistad en los lugares menos esperados. De igual forma, funciona como un recordatorio a abrazar nuestras diferencias y recordar que nuestra apariencia no es la que nos define, sino lo que llevamos dentro.
Gran parte del mérito en que empaticemos y nos conectemos con Rocky es gracias al trabajo de voz ofrecido por el actor James Ortiz, quien dota de humanidad al personaje y lo llena de vida. Puede que el diseño del personaje no sea lo que alguien llamaría “convencionalmente lindo” pero, gracias al desempeño de Ortiz, estoy seguro de que los estantes de las jugueterías estarán vacíos este verano por todos los que quieran llevarse su propio peluche o figura de Rocky a casa.

Gosling lo hace de nuevo
En lo que respecta a protagonistas de grandes blockbusters como estos, pocos la rompen como Ryan Gosling, quien desde hace años no ha hecho más que perfeccionar y afinar su rango actoral. En Proyecto Fin del Mundo, Gosling ofrece uno de sus mejores trabajos como Grace, un profesor de ciencias con el que todos podemos sentirnos perfectamente identificados sin importar la raza, género o edad. Aquí, el guion se encarga de ir construyendo a Grace como una persona que está lejos del estereotipo de héroe americano, con los mismos miedos, ansiedades y dilemas existenciales que los mortales como nosotros tenemos, y Gosling transita por todos ellos con mucho carisma cuando se le requiere, pero en otros con una vulnerabilidad palpable en la que podemos vernos reflejados.
Durante una gran porción de la película, estamos solos con Grace en la nave, viéndolo afrontar su soledad, cuestionándose su valor e incluso lidiando con la idea de su propia muerte, y Gosling no solamente es capaz de sostener sus hombros la película durante ese tramo con su interpretación, también tiene los matices necesarios para no caer en la unidimensionalidad de protagonista deprimido que tiene que llorar ríos para transmitir su tempestad interna. Y qué decir de su química con Rocky, cada escena que comparten es una auténtica delicia de la que queremos más y más; juntos forjan una de las amistades más bellas de la historia reciente del cine, y si Proyecto Fin del Mundo permanecerá en tu memoria después de que los créditos comiencen a rodar es gracias a ellos.
En los flashbacks donde conocemos el pasado de Grace, los cuales nunca se sienten disruptivos en el ritmo de la cinta, Gosling se encarga de hacer que la evolución de su personaje se sienta orgánica y honesta, tanto así que incluso al verlo hacer descubrimientos importantes en lo que respecta a la ciencia nunca suelta esa mirada de incertidumbre en sus ojos sobre si podrá llevar a cabo esta misión importante que le han asignado. Ayuda que esté en buena compañía, particularmente la actriz Sandra Hüller, con quien comparte la mayoría de escenas durante estos intermedios, y quien se lleva uno de los momentos destacados de la película con su interpretación en karaoke de la canción Sign of the Times de Harry Styles en uno de los momentos más críticos de la historia.
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La cereza del pastel
No podríamos finalizar sin reconocer el trabajo hecho por el departamento de efectos especiales, los cuales se encargan de entregarnos múltiples secuencias en el espacio exterior que exigen ser vistas en la pantalla más grande posible. El trabajo hecho por el departamento, al igual Rocky, parece ser de otro mundo y ayuda a que cada rincón de la galaxia que visitamos en compañía de Grace se sienta lleno de vida y color, con una galería de detalles que merecen un segundo o tercer visionado para poder apreciarlos en todo su esplendor.
La poderosa banda sonora y las numerosas referencias a la cultura pop son la cereza de pastel de una obra que parece haber sido concebida para perdurar en el tiempo, con cada detalle intencionado para formar parte de algo mayor, y eso es algo que se agradece en estos tiempos donde películas van y vienen de la cartelera sin pena ni gloria, y donde la producción masiva en streaming parece haber dejado la calidad en pro de la cantidad.

Veredicto
Proyecto Fin del Mundo es una película necesaria para los tiempos que vivimos, con un mensaje luminoso y esperanzador que nos invita a imaginar un futuro mejor. Esta es propuesta que nos pide abrir la mente y el corazón a nuevos horizontes con una historia sobre encontrar la amistad en los rincones menos esperados y sobre la valentía que habita en cada uno de nosotros. Al igual que Grace, quizás no tengamos una capa ni una espada que nos respalde, pero es nuestra humanidad e inteligencia la que nos vuelve el héroe de nuestra propia historia.
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