¿Realmente mueres si tu recuerdo se mantiene vivo en el corazón de aquellas personas en las que dejaste una huella? En México, como ya es tradición, cada Día de Muertos familias enteras preparan altares y esperan el regreso de aquellos que alguna vez formaron parte de su vida, una celebración que cambia muchísimo dependiendo del lugar desde el que se viva.
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El Baile de las Ánimas, un documental dirigido por el cineasta oaxaqueño Ramón Llaven, se acerca a esta celebración desde la Sierra de Etla, en Oaxaca; pero lo más interesante de todo es que en esta ocasión la historia no está contada únicamente desde la perspectiva de quienes esperan el regreso de sus muertos.
¿De qué trata El Baile de las Ánimas?
La película imagina el recorrido desde la mirada de un ánima que vuelve para visitar a sus seres queridos y caminar nuevamente por los lugares que alguna vez conoció. A través de este viaje, Llaven observa la relación que existe entre la muerte, la memoria y una comunidad que mantiene vivos a quienes ya se fueron.
Para hacerlo, el director se aleja de las entrevistas que normalmente encontramos en un documental sobre una tradición y prefiere observar la vida cotidiana de las personas, encontrando así buena parte de su historia en los rostros, paisajes y costumbres de la región donde creció.
Un proyecto personal
El documental también guarda una relación cercana con su trabajo como cineasta y artista visual oaxaqueño. Llaven es cofundador de la casa productora Fata Morgana y a lo largo de su carrera ha participado como director, productor y editor en más de 20 películas que han pasado por festivales como Guadalajara, Morelia, Guanajuato y Hot Docs.
El Baile de las Ánimas forma parte de la Selección Oficial de Documental Mexicano de la edición 24 del Festival Internacional de Cine de Morelia (FICM), y en Tomatazos tuvimos la oportunidad de platicar con Ramón Llaven y el productor Eduardo Navarrete sobre el enfoque que escogieron para acercarse al Día de Muertos y esta idea de observar la tradición desde los ojos de aquellos que vuelven para encontrarse una vez más con los vivos.
Volviendo a casa
Al preguntarle a Ramón sobre qué fue lo que más les sorprendió de las personas y las comunidades con las que convivieron durante la realización del Baile de las Ánimas, nos contestó:
Yo soy de la zona del Valle de Etla. Si bien he estado aquí mucho tiempo, también lo que pasó durante este periodo fue que yo me fui mucho tiempo fuera de Oaxaca y tuve la oportunidad de regresar para filmar. Entonces, para mí fue un redescubrimiento, de recordar cosas, recordar actividades, recordar cómo era la vida. Si bien mi pueblo pertenece al Valle de Etla, es como de los pueblos como más cercanos a la ciudad. Entonces, me interesó ver cómo la ciudad empieza a crecer y se empiezan a perder como ciertas cosas de las poblaciones, entre ellas como que únicamente van personas de la comunidad y nos podamos reconocer.
Música y baile para los muertos
“Las Muerteadas” son una celebración de Etla donde los miembros de la comunidad realizan procesiones durante 18 horas continuas en la que la música, disfraces tradicionales y el baile conviven para celebrar a los difuntos, y El Baile de las Ánimas se encarga de transportarnos al epicentro de esta celebración para vivirlo como si estuviéramos ahí. Sobre cómo ha ido cambiando y transformándose esta celebración con el paso del tiempo, Ramón nos compartió:
Actualmente hay bastante turismo. Yo no creo que esté mal, pero realmente no lo vimos porque decidimos filmar desde dentro de las Muerteadas, un poco también para generar la sensación de lo que siente alguien que baila dentro. Yo también participo todos los años, yo también bailo en las Muerteadas. Entonces, un poco la intención era que visualmente pudiéramos transmitir esta catarsis que se vive durante el baile. Que en realidad son más de 12 horas bailando, entonces como que hay momentos donde el cansancio te genera efectos visuales, o donde la música la puedes escuchar diferente, o cuando traes la máscara también no llegan todos los sonidos. Entonces, un poco era poder estar desde adentro de la celebración.

Preservando las tradiciones
La cercanía que Ramón ha ido desarrollando a través de los años con los habitantes del Valle de Etla fue clave para la realización del documental, y sobre construir esta confianza necesaria para que le permitieran acercarse con una cámara a algo tan íntimo como sus pérdidas y sus creencias, el director comentó:
Si bien en la película podemos ver una selección específica de imágenes o de montaje, mucha de la película también pasa en off, y esa parte de la película que no es filmada nos ayuda mucho a luego poder obtener esa confianza por parte de los protagonistas y de las comunidades. Yo, a muchas de las personas que ves en el documental, ya las conocía desde hace mucho tiempo, o por lo menos de vista. A la única persona que yo no conocía era a Jaime, que es la persona que atraviesa con lámpara en medio de los sembradíos de flores, y que todos lo recordamos porque nos dijo que cuánto le cobrábamos por hacer un vídeo, y en realidad nosotros queríamos decirle, “Oye, ¿quieres ser parte del documental?” Y nada, él como que él solo se fue ganando su espacio, está su familia también, que para mí refleja un poco de lo que yo recuerdo cuando era niño y de las actividades, porque podemos ver a sus hijos, podemos ver cómo agarran chapulines, cómo juegan, cómo interactúan con la naturaleza. Y gran parte del documental tiene que ver con eso, con el querer regresar al pasado y poder retratar cosas que en mi entorno tal vez ya no están tan directos, pero que en otras poblaciones cercanas todavía existen.
Encontrando el punto medio creativo
Sobre el trabajo colaborativo entre director y productor, y cómo fueron las conversaciones para poder llegar a un mismo punto creativo en la realización del documental, Ramón mencionó:
Lo que yo no quería hacer era un documental tan claramente narrativo, o que la información la tuviera el espectador para digerirla rápidamente. Venía de hacer mucho documental donde el eje temático, las palabras o la imagen te llevan durante una estructura, entonces yo quería en realidad explorar otro tipo de narrativa.Y con Paco y Eduardo yo recuerdo haberles planteado la posibilidad de tener un punto de vista de un muerto, de un ánima, que tú la ves a través de todo el documental, y que esta ánima regresa y puede filmar o puede ver los lugares que a él le interesaban. Por eso también estas tomas donde se siente como si estuvieras volando. Porque alguien viene, a alguien se le permitió, como dicen en las poblaciones, venir un día a visitar ese espacio, a visitar a su familia, y luego se va, ¿no? Me parece que al inicio era una idea un poco arriesgada, pero yo traté como de aferrarme a que este punto de vista existiera.
Y para complementar la idea de Ramón, el productor Eduardo Navarrete agregó lo siguiente:
Desde el momento en que Ramón me invitó a producir con él, yo entendí que no quería hacer algo informativo, sino más bien que tuviera algo de sensorial, y bueno, y también que la narrativa no fuera así tan obvia, entonces ese recurso de la ánima lo pensó para que conectara las distintas historias (…) entonces fue un poquito de eso, de construir un vínculo que con el paso de los meses y de los años que estuvimos yendo, pues siento que se puede notar esa cercanía, y creo que eso fue también de lo más valioso.

Honrando la memoria de los que ya no están
Y para finalizar nuestra charla, Ramón nos compartió que después de hacer este documental cambió para él la manera de entender lo que significa mantener viva la memoria de alguien:
Para mí es súper importante, porque por ejemplo, en el documental aparece mi amigo Diego, que lo habíamos grabado durante la etapa de desarrollo porque estábamos buscando a quién grabar de las personas que le gustaran las Muerteadas. Entonces, cuando mi amigo Diego fallece, descartamos ese material, pero al hacer el montaje final del documental, pues tiene otro significado cuando lo volvemos a poner en el montaje porque es alguien que ya está ausente. También me parece que con el paso de los años, este tipo de registro se vuelve como más importante, porque las costumbres cambian, la gente va, viene, y es un poco de lo que vemos en el documental, pero gracias a este registro, pues, podemos tener como una muestra de cómo se celebraba, cómo se vivían en estas épocas.
Y finalmente, el productor Eduardo Navarrete invitó a nuestros lectores a no perderse El Baile de las Ánimas:
Me gustaría invitarlos a que vayan a ver nuestra película. La primera función es el 22 de octubre en Cinepolis Centro, va a contar con la presencia del director, del productor, y del director de fotografía, que es michoacano, Francisco Herrera, y el 23 de octubre se presenta en el Museo Regional Michoacano.
El Baile de las Ánimas forma parte de la selección oficial de Documental Mexicano del Festival Internacional de Cine de Morelia (FICM). El Festival se celebrará del 16 al 25 de octubre en distintas sedes como ya es tradición.
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