Ya con la temporada de premios en el radar internacional, y con la casi certeza de que será nominado al Oscar, el cineasta Kleber Mendonça Filho continúa cosechando atención por ‘El agente secreto‘, el thriller político que confirmó su peso dentro del cine de autor contemporáneo. Más allá de los reconocimientos, la película ha despertado interés por la manera en que su director transforma vivencias íntimas y archivos históricos en un relato de tensión política ambientado en la Brasil de los años 70.
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¿Cómo nacen los recuerdos personales que dieron forma a la película?
Antes de convertirse en un proyecto cinematográfico, ‘El agente secreto’ nació de una experiencia personal vinculada directamente con el cine. Kleber Mendonça Filho ha explicado que en 1977, durante una crisis familiar relacionada con la salud de su madre, un tío joven decidió llevar a él y a su hermano a las salas de cine de manera constante para alejarlos del entorno doméstico. Aquella decisión, tomada como una forma de protección, derivó en un periodo de exposición continua a películas que terminaron marcando su relación con el medio.

Ese contacto cercano y continuo con el cine no fue un pasatiempo pasajero. Con el paso de los años, el director reconoció, en retrospectiva, que esa etapa funcionó como una cinefilia temprana e intensa, que le permitió construir una memoria emocional del Brasil de finales de los años 70. Las películas que vio en ese entonces acompañaron una experiencia personal difícil y le ayudaron a fijar recuerdos sensoriales de la época: cómo se sentía el país, cómo se percibía la ciudad y cómo se vivía el tiempo.
Esa formación cinéfila es inseparable del enfoque narrativo de ‘El agente secreto‘. El filme no se aproxima al thriller político desde una lógica puramente genérica, sino desde una mirada moldeada por décadas de relación con el cine como lenguaje y como archivo emocional. El ritmo contenido, la atención a lo cotidiano y la construcción del suspenso desde la atmósfera remiten a una educación cinematográfica adquirida mucho antes de cualquier formación profesional.
Además, la película plantea una conexión explícita entre cine, memoria y lógica social. Para Mendonça Filho, comprender el Brasil de 1977 implica también entender las imágenes que circulaban, las historias que se proyectaban y las que quedaban fuera del campo de visión o atención. Esa idea de “estar enamorado del cine” atraviesa la película no como referencia nostálgica, sino como una forma de ordenar la realidad y de interpretar el pasado desde el presente.
Un thriller político que evita el molde clásico
Aunque la acción se sitúa en plena dictadura, Mendonça Filho ha sido claro al señalar que no buscaba cumplir con los códigos habituales del subgénero cinematográfico sobre ese periodo. En lugar de enumerar hitos políticos o reproducir esquemas conocidos, el interés estaba en capturar la atmósfera: cómo funcionaban las instituciones, cómo circulaba la información y qué se sentía habitar un país sometido a una vigilancia difusa pero constante.
La película abre con una situación extrema que sintetiza esa lógica social y que remite a recuerdos de infancia del propio director, cuando la presencia de la muerte en espacios públicos era algo visible y, en cierto modo, asumido. A partir de ahí, el relato se despliega como un estudio del desgaste psicológico y del miedo normalizado, más cercano al suspenso cotidiano que a la acción directa.
Uno de los recursos narrativos más comentados es el salto temporal que conecta el pasado con el presente. Mendonça Filho concibe ese movimiento como un despertar abrupto que subraya la persistencia de ciertas dinámicas de poder. En sus palabras, “La gente se comporta de forma teatral”, que resume su lectura de los últimos años en Brasil y de fenómenos similares en otros países.
Archivos, memoria y el eco del presente
El trabajo con materiales de archivo es una extensión natural del cine de Mendonça Filho, visible ya en proyectos anteriores. En ‘El agente secreto‘, esa relación se articula a través de objetos analógicos, grabaciones y fotografías que funcionan como puentes entre épocas. No se trata solo de reconstruir el pasado, sino de interrogarlo: qué se conservó, qué se perdió y qué fue deliberadamente excluido del relato oficial.

Esa preocupación tiene raíces familiares. La influencia de su madre, historiadora dedicada a la historia oral, se percibe en la atención que la película presta a las voces marginales y a los fragmentos que suelen quedar fuera de los archivos institucionales. La figura de una joven investigadora dentro del relato encarna ese conflicto entre preservar la memoria y las incomodidades políticas que esto puede generar.
En ese cruce entre lo personal y lo colectivo, el filme dialoga con el presente sin trasladar explícitamente la acción a la actualidad. El resultado es un thriller político que observa el pasado como un espejo deformante, capaz de revelar continuidades inquietantes. Con su recorrido en Cannes y el reconocimiento a su equipo creativo, ‘El agente secreto‘ se perfila como una de las obras clave del cine latinoamericano reciente, tanto por lo que cuenta como por la manera en que decide contarlo.
Con información de Macguffin007.
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