La cuestión de las salas IMAX: Por qué no hay suficientes pantallas en los cines del mundo

La cuestión de las salas IMAX: Por qué no hay suficientes pantallas en los cines del mundo

No todos podrán ver La Odisea tal y como Christopher Nolan hubiera querido

Por Sofía Torres el 16 julio, 2026

La Odisea de Christopher Nolan nos vuelve a enfrentar con el problema que siempre aparece cada vez que una película se vende como experiencia cinematográfica total: no todos los públicos pueden verla en las condiciones para las que fue concebida. El cine promete una pantalla gigantesca y una imagen más profunda con sonido envolvente, pero esa promesa no llega igual a todas las ciudades.

Si un director filma pensando en un formato específico, pero ese formato sólo existe en unas cuantas sedes, la obra queda partida entre quienes pueden viajar, pagar boletos premium, encontrar lugar y presumirlo en redes, y quienes deberán verla en una versión técnicamente más accesible pero no total.

¿Cuál es la historia de las pantallas IMAX?

IMAX nació como una tecnología canadiense pensada para ampliar los límites de la imagen cinematográfica. El sistema tuvo una de sus primeras exhibiciones públicas importantes en Expo 70, en Osaka, Japón, con Tiger Child, producida y proyectada con película de 65 mm. La idea era usar cuadros de mayor resolución para proyectar imágenes nítidas en pantallas mucho más grandes que las de una sala tradicional. El propio nombre viene de Image Maximum, una declaración de principios.

Con el tiempo, IMAX pasó de ferias mundiales y museos a convertirse en una etiqueta de prestigio para estrenos comerciales. Las salas modernas tienen pantallas enormes, una geometría particular, sonido calibrado y proyectores diseñados para ampliar la sensación de inmersión.

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En México, por ejemplo, hay salas IMAX que ofrecen una experiencia de imágenes de alta nitidez con sonido inmersivo, con proyectores 4K y un sistema sonoro de alta potencia. Sin embargo, y para sorpresa de muchos, eso no equivale necesariamente al IMAX 70 mm que requiere La Odisea de Christopher Nolan.

¿No hay suficientes salas IMAX de 70 mm?

Y para que la sorpresa sea mayor, sólo 41 salas en todo el mundo pueden proyectar La Odisea en IMAX 70 mm, y 25 de ellas están en Estados Unidos. Eso significa que la versión más cercana a la intención original de Nolan quedará disponible para una minoría del público global.

Richard Gelfond, director ejecutivo de IMAX, explicó a Variety que la demanda supera por mucho la oferta. “Hicimos sold out en algunos cines hasta la quinta semana”, dijo. El problema, añadió, es que no se han fabricado nuevos proyectores de película IMAX de este tipo en unas cinco décadas. Muchas piezas ya no existen, los planos originales no se conservaron de forma completa y muy pocos ingenieros dominan hoy los sistemas antiguos necesarios para operar ese tipo de proyección.

A finales de los años 2000, los exhibidores comenzaron a reemplazar proyectores de película por equipos digitales más baratos y sencillos de mantener. Con esa migración, los fabricantes dejaron de producir piezas y el conocimiento técnico empezó a perderse. “Construimos proyectores nuevos todos los días, pero proyectores de película que usen este material simplemente no es práctico”, comentó Gelfond. Desde su postura, IMAX puede crecer, pero convertir sus más de 2 mil sedes en salas de película 70 mm resulta inviable con la infraestructura actual.

Además, no basta con tener un proyector, pues las salas 1.43:1 requieren auditorios altos y una inversión de construcción que muchos exhibidores no pueden justificar. Incluso si aparecieran más proyectores, no todos los cines tendrían dónde instalarlos.

¿Tiene sentido hacer películas en IMAX si no hay donde proyectarlas?

Desde el punto de vista artístico vale la pena argumentar a favor, puesto que el cine también avanza cuando alguien insiste en filmar para una imagen más grande que de costumbre. Nolan, Denis Villeneuve y otros directores han defendido esos formatos porque buscan que la sala vuelva a ser un acontecimiento, no solo una pantalla ampliada.

Pero también hay un problema social. Si una película se anuncia como diseñada para verse en IMAX 70 mm y esa posibilidad queda reservada para pocas ciudades, aparece una brecha. Algunos espectadores reciben la obra completa y otros sólo una traducción condicionada por dinero o disponibilidad.

Esa brecha puede sentirse como una forma de segregación cultural, aunque no haya una intención explícita de excluir. El cine nació como experiencia popular, pero los formatos premium pueden convertir ciertos estrenos en objetos de lujo, accesibles primero para quienes viven cerca de las pantallas correctas.

La otra cara es que las versiones digitales, 70 mm regular, Dolby Cinema o salas estándar no son experiencias ni pobres ni deleznables. Nolan ha supervisado otros formatos de exhibición y la industria suele preparar copias adaptadas para que la película conserve calidad en distintos tipos de sala. Aun así, el pensamiento de no ver la película en su formato “ideal”, puede llegar a ser desalentador.

Queda por delante observar muy de cerca cómo se desarrolla la experiencia IMAX en el futuro, guardando la esperanza de que la grandeza técnica no se vuelva un privilegio geográfico.

La Odisea de Christopher Nolan ya está disponible en salas.

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