ENTREVISTA: La Desaparición Josef Mengele – La banalidad del mal

ENTREVISTA: La Desaparición Josef Mengele – La banalidad del mal

El director Kiril Serébrennikov habló con Tomatazos sobre las complejidades de llevar a la pantalla a una figura tan controversial como Josef Mengele y la responsabilidad que implica acercarse a personajes y episodios tan sombríos de nuestra historia.

Por Jorgemendoza el 1 octubre, 2026

¿Podrías vivir tranquilo después de haber hecho algo terrible sin que esto tuviera consecuencias? Pocos periodos de la humanidad han sido tan oscuros como la Segunda Guerra Mundial, donde una gran parte de los responsables de los horrores cometidos por el régimen nazi consiguieron escapar y comenzar una nueva vida lejos de Europa. Entre ellos se encontraba Josef Mengele, el médico más infame de Auschwitz conocido por los crueles experimentos que realizó con los prisioneros del campo de concentración.

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Y es que hasta la fecha resulta indignante como Mengele logró escapar a Sudamérica y pasó décadas escondido en países como Argentina, Paraguay y Brasil sin pagar por sus crímenes. Precisamente este periodo de su vida es el que recupera La Desaparición Josef Mengele, el último largometraje del director ruso Kiril Serébrennikov.

¿De qué trata La Desaparición Josef Mengele

Tras la Segunda Guerra Mundial, Josef Mengele, el médico nazi de Auschwitz, escapa a Sudamérica para reconstruir su vida en la clandestinidad. A través de la mirada de su hijo, quien lo reencuentra, Mengele se enfrenta a un pasado que ya no puede ignorar. De Buenos Aires a Paraguay, pasando por Brasil, el hombre conocido como «El Ángel de la Muerte» organizará su metódica desaparición para evitar cualquier tipo de juicio.

La película está basada en la novela del mismo nombre escrita por Olivier Guez y, en lugar de concentrarse únicamente en los crímenes que convirtieron a Mengele en una de las figuras más infames del nazismo, pone la mirada sobre el hombre que hay detrás de ellos. Lo más impactante de la cinta es la forma en que nos muestra cómo, incluso muchos años después de la caída del régimen nazi, Mengele continuaba aferrándose a sus ideas y negándose a asumir responsabilidad por sus actos.

Una obra de prestigio

La Desaparición Josef Mengele tuvo su estreno mundial en el Festival de Cannes de 2025 y uno de sus elementos más interesantes está en el trabajo de August Diehl, quien interpreta a Mengele durante diferentes etapas de su vida, algo que requirió una importante transformación física para mostrar el paso de los años y el deterioro del personaje durante su exilio.

En Tomatazos tuvimos la oportunidad de platicar con Kiril Serébrennikov sobre las complejidades de llevar a la pantalla a una figura tan controversial como Mengele y la decisión de contar esta etapa menos conocida de su vida. Al igual que la responsabilidad que implica acercarse a personajes y episodios tan sombríos de nuestra historia.

La importancia de elegir el enfoque adecuado

Comenzamos nuestra charla mencionando uno de los aspectos que más nos llamó la atención del estilo de la película, y es que Serébrennikov es un director conocido precisamente por lo lúdicas y expresivas que resultan sus imágenes, pero aquí opera bajo un estilo mucho más contenido, casi discreto. Sobre si este tema en particular le exigía un enfoque cinematográfico diferente, el director nos comentó:

Sí, definitivamente. Todas las películas son distintas; todo depende en gran medida de la historia. Una película sobre Mengele no puede permitirse ser lúdica. Es una historia sobre la desaparición del alma; no una desaparición física, sino también espiritual (…) Por eso concebí la película en términos de blanco y negro; no en el sentido clásico —pues no sigue una estructura clásica—, sino más bien cercana al cine noir clásico.

El color también es parte de la historia

Estamos acostumbrados a ver archivos del Holocausto a través de grabaciones históricas en blanco y negro, y precisamente una de las cosas que más nos llamó la atención sobre la película es la decisión de retratar estos momentos tan crudos utilizando color. Sobre si mostrar a Auschwitz desde este enfoque surgió del deseo de romper esa distancia histórica y hacer que se sintiera actual, Serébrennikov compartió:

 En este caso decidí invertir la lógica, jugar a algo distinto. Si adoptamos la perspectiva de Mengele, y si la cámara está en su cabeza durante todo el tiempo, entonces la vida —o el tiempo que pasó en Auschwitz— fue la época más feliz para él. Es su juventud, la familia está completa, su amada esposa dio a luz a su hijo; así que él es bastante feliz y por eso su carrera, su trabajo, parece ir en ascenso. Por eso decidí hacer esto: mostrar la parte miserable de su vida en blanco y negro, y su juventud —sus mejores años, por así decirlo, del terrible trabajo en Auschwitz— en color. Y eso me provoca una especie de impacto emocional y me han dicho varias veces que funciona. Sé con certeza, por el público europeo, que es como una sacudida inesperada para los espectadores; el público no se lo espera.

La Desaparición Josef Mengele (Foto: PIANO)
La Desaparición Josef Mengele (Foto: PIANO)

Cuando el criminal se siente la víctima

Uno de los aspectos de la narrativa del filme que causa indignación es cómo da la impresión de que Mengele pasa gran parte de la historia viéndose a sí mismo como una víctima a pesar de todo lo que hizo. Sobre qué le interesaba de la forma en que los perpetradores escriben su propia historia para poder convivir consigo mismos, Serébrennikov nos reveló:

Para mí, fue interesante situar la cámara dentro de su cabeza para mostrar su forma de pensar y su manera de percibir la vida. Hoy en día, a veces escuchamos los mismos discursos por parte de políticos y de personas que hablan mucho sobre valores, sobre la supremacía de una nación o país frente a otro. Y el discurso —es decir, lo que decían, resulta aterradoramente familiar en comparación con lo que escuchamos hoy. Familiar y, a la vez, bastante aterrador. Por eso me pareció interesante situar la cámara en la mente del criminal, ya que recuerdo un enfoque y una percepción similares —o la misma perspectiva— en el libro de Jonathan Littell. Me encanta su libro sobre la Segunda Guerra Mundial; es una gran novela cuyo protagonista es un oficial nazi que viaja de un lugar a otro durante el conflicto. Y, por primera vez, conocemos su perspectiva. Entendemos lo que pensaban todos estos criminales y por qué actuaron de esa manera. A veces son pensamientos muy mediocres. A veces se trata de motivaciones de índole cuasifilosófica. Pero todos ellos terminan con un resultado lamentable.

El reto de interpretar a Mengele

Una propuesta tan oscura y con una carga emocional tan pesada no es fácil de llevar, y en esta ocasión el actor August Diehl tuvo la difícil tarea de sostener la película mientras interpreta a alguien con quien el público nunca debería sentirse cómodo. Sobre qué cosas vio en August que le hizo confiar en él para un papel así, el director comentó:

Para él, este peso… este personaje supone una carga muy pesada. E incluso lo dudó. No dijo que sí de inmediato, porque para él era realmente difícil. Y hablamos mucho sobre el enfoque, sobre cómo mostrarlo, cómo trabajarlo. Porque nuestro mayor temor era empezar a generar lástima por él. Si muestras al personaje dando lástima constantemente en cada plano, en cada escena, entonces el público empieza automáticamente a sentir lástima por él. Y no queríamos hacer eso porque es algo horrible. Por eso fue un trabajo muy delicado y una tarea muy, muy pesada para August. Porque interpretar esa maldad, a esa persona que cometió actos tan terribles, no es nada fácil.

Y complementando a esta idea, Serébrennikov nos compartió de dónde viene el enfoque que decidieron para que el público sintiera repudio y no lastima por Mengele:

Mengele es un ejemplo de la mediocridad del mal. El mal nunca es algo grandioso. Normalmente es propio de gente muy simple, gente muy mediocre. Y el famoso artículo de Hannah Arendt sobre la banalidad del mal… es un artículo que escribió tras el juicio contra Eichmann, otro criminal que fue capturado por el gobierno judío; él fue, en cierto modo, el ejemplo más aterrador para Mengele. Se trata de él, de la banalidad del mal. Porque cuando ella asistió al juicio, esperaba ver al diablo con cuernos y con discursos terribles o algo así. Y al final no, era simplemente un hombre normal que hacía su trabajo habitual, normal, cotidiano y rutinario. Nada especial. Y le causó una gran impresión, una sensación impactante, el hecho de que el mal pudiera ser simplemente… parecer muy normal, ser muy banal.

La Desaparición Josef Mengele (Foto: PIANO)
La Desaparición Josef Mengele (Foto: PIANO)

La herencia del mal

Sin revelar mucho acerca de la trama, el enfrentamiento que hay entre Mengele y su hijo se siente como el núcleo moral de la película. Sobre qué le permitió explorar esa relación que la historia de Mengele por sí sola no permitía, Serébrennikov comentó:

La novela de Olivier Guez es bastante extensa y amplia.Y su investigación fue muy importante y exhaustiva. Recopila casi todo lo que se sabe sobre esta historia de Mengele. Pero no es posible incluirlo todo en la película. Así que decidí sintetizarlo o reducirlo a un solo eje: la relación entre el hijo y el padre. El hijo como representante de la siguiente generación que acude a su padre, tal como solemos hacer tú y yo. Acudimos a nuestros padres y preguntamos: «Padre, ¿por qué el mundo en el que vivimos es así?». Y nuestros padres tienen que dar una respuesta. Para mí, esto tiene un gran valor y es muy importante, ya que vivimos en un mundo creado por nuestros padres. Y la cuestión de la responsabilidad es fundamental.

El diablo está en los detalles

Para concluir nuestra entrevista, decidimos indagar en la decisión creativa de contar la historia de Mengele de una forma fragmentada, a lo que Serébrennikov nos contestó:

Aunque existe una narrativa en la película, esta se divide en varias partes, reflejando cómo Mengele cambiaba de máscara. Es como un carnaval o una danza macabra: el cambio de máscaras de la personalidad —o de las personalidades— de un criminal que intentó transformar su vida por completo para eludir el castigo. Así, la película se divide en varias partes, y cada una lleva el nombre de la nueva identidad de Mengele. Comienza con su nombre real y luego pasa a San Pedro, bajo el nombre que adoptó tras su «muerte». Así que es como una historia sobre la desaparición, no solo del criminal tras la guerra, sino también de la desaparición del alma, de la desaparición de la personalidad.

La Desaparición Josef Mengele ya se encuentra disponible en cines del país. ¡No te la pierdas!

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