El caso de John Wayne Gacy vuelve a la conversación pública con el estreno de ‘Devil in Disguise: John Wayne Gacy’, serie que ya está disponible en Prime Video. La producción dramatizada, basada en la investigación previamente desarrollada en el documental de Peacock de 2021, reconstruye los crímenes del asesino serial responsable de al menos 33 homicidios en la década de 1970. A diferencia de otras aproximaciones que han privilegiado el impacto sensacionalista, esta versión apuesta por un enfoque centrado en las víctimas, el proceso judicial y las zonas grises del caso que aún generan debate.
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Pero ¿qué tanto se apega la serie a los hechos documentados? A partir de reportes de otros medios, así como registros históricos, revisamos qué elementos están sustentados y cuáles fueron modificados para efectos narrativos.
¿Qué tan fiel es la serie a los hechos históricos?
Uno de los puntos más reconocibles del caso es la faceta pública de Gacy como payaso. En la serie se menciona su gusto por disfrazarse y presentarse en eventos comunitarios. En la vida real, Gacy creó los personajes “Pogo el Payaso” y “Patches el Payaso” y participaba en hospitales y fiestas infantiles.

Tras su arresto, los medios lo apodaron el “Killer Clown” (Payaso Asesino). En una entrevista de 1992 con un agente del FBI, incluida en el documental previo, Gacy dijo que se sentía “relajado” cuando actuaba como payaso y que eso le permitía “dejarse llevar y actuar como un tonto” (vía People). En esa misma conversación soltó una frase que se volvió célebre: “Los payasos pueden salirse con la suya tras cometer un asesinato.”
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Otro elemento fiel es el papel que tuvo la desaparición de Robert Piest, de 15 años, en diciembre de 1978. La serie inicia con su madre buscándolo tras desaparecer mientras trabajaba en una farmacia. Los registros indican que Gacy le ofreció empleo en su empresa de construcción y lo llevó a su casa, donde lo asesinó. La investigación sobre Piest condujo directamente al arresto de Gacy el 21 de diciembre de 1978.
También es correcto que la mayoría de las víctimas fueron enterradas en el espacio bajo la casa de Gacy en Norwood Park, un suburbio de Chicago. De las 33 víctimas confirmadas, 26 fueron ocultadas ahí; otras fueron colocadas en distintas partes de la propiedad y algunas arrojadas a un río cercano. Autoridades del condado de Cook han señalado que aún existen víctimas sin identificar.
En cuanto al abogado Sam Amirante, la serie muestra que Gacy lo contactó alegando “acoso policial” y que más tarde le confesó los crímenes. Amirante ha confirmado que inicialmente fue engañado respecto a la naturaleza del caso y que enfrentó un conflicto moral al asumir la defensa. En 2012 declaró a SeattlePI:
“Lo más difícil de un caso como ese, cualquier caso que involucra a las víctimas de crímenes horribles, es mirar a esos familiares cuando eres el abogado que defiende a alguien acusado de hacer eso y, a veces, incluso saber que lo han hecho.” También añadió: “Ver las miradas en los rostros de estas personas y sentir compasión por ellas es algo muy difícil de experimentar.”
¿Dónde interviene la dramatización?
Aunque la serie presenta una confesión relativamente rápida tras el arresto, los registros históricos muestran un proceso más gradual. Después de la desaparición de Piest, la policía obtuvo órdenes de cateo y mantuvo vigilancia constante. Durante días, Gacy negó cualquier implicación. Finalmente, la presión de la investigación lo llevó a confesar no solo el asesinato de Piest, sino al menos 30 más, incluso proporcionando un mapa con la ubicación de los cuerpos bajo su casa.
Otro punto dramatizado ocurre en el episodio final, cuando se muestra a familiares de víctimas llegando a la prisión el día de la ejecución en 1994 bajo la impresión de que podrían presenciarla, solo para descubrir que no se les permitiría. De acuerdo con reportes de la época, aunque algunos familiares manifestaron interés en asistir, no existen registros de que fueran llevados a la prisión bajo engaño. Los testigos oficiales incluyeron integrantes del sistema legal, fuerzas del orden y algunos medios.

Rolling Stone también señala pequeñas licencias narrativas, como escenas sin evidencia documental (por ejemplo, supuestos espectáculos de marionetas inapropiados para empleados) que no están respaldadas por registros históricos.
Lo que la serie apenas menciona o deja fuera
Más allá de los hechos comprobados, el caso Gacy sigue generando preguntas. En la serie, un detective sugiere que la cifra real de víctimas podría ser mayor. Históricamente, Gacy llegó a mencionar el número 45 en alguna conversación, pero nunca fue probado y el conteo oficial quedó en 33.
Existen además teorías sobre otras posibles propiedades donde podrían haber sido enterradas víctimas adicionales, en particular un inmueble vinculado a su familia en Chicago. Investigaciones posteriores en 1998 y 2012 no encontraron restos humanos, aunque algunos investigadores consideran que el caso no está completamente cerrado en ese aspecto.
Otro tema apenas abordado es la dimensión política local. Gacy era activo en el Partido Demócrata en Chicago y llegó a desempeñarse como capitán de distrito. Fue fotografiado junto a Rosalynn Carter en 1978 durante un evento posterior a un desfile. Aunque la serie lo menciona como una anécdota que él presumía, algunos periodistas han sugerido que sus conexiones sociales pudieron contribuir a que operara durante años sin levantar sospechas formales.
También se ha discutido la posible relación indirecta con redes de explotación sexual de la época y la mención de supuestos cómplices. Si bien se ha verificado que algunos jóvenes trabajaron para su empresa, no existe evidencia concluyente que pruebe una red criminal coordinada con él.

El enfoque en las víctimas
El showrunner Patrick Macmanus declaró a Variety que aceptó el proyecto bajo una condición: “Dije que lo haría si pudiera centrarme en las víctimas, la policía, los abogados y las familias.” Rolling Stone destaca que la serie evita mostrar asesinatos de forma explícita y dedica episodios a nombrar a algunas víctimas, intentando reconstruir sus historias más allá del morbo.
Aun así, investigadores como David Nelson, autor de Boys Enter the House, han señalado que la magnitud del caso y el número de jóvenes afectados supera lo que puede abarcar una miniserie de ocho episodios.
En conjunto, ‘Devil in Disguise: John Wayne Gacy’ ofrece una recreación que en términos generales se apega a los hechos comprobados, aunque introduce ajustes y omisiones propias del formato dramatizado. El resultado es una versión que busca equilibrio entre rigor histórico y narrativa televisiva, dejando claro que, décadas después de la ejecución de Gacy en 1994, el caso sigue siendo objeto de revisión e investigación.
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