Alfonso Cuarón reflexionó sobre la forma en que Occidente imagina el fin del mundo y cuestionó la insistencia cultural en los relatos apocalípticos. En una conversación con el artista argentino Adrián Villar Rojas publicada este 13 de agosto por Interview Magazine, el director de ‘Children of Men‘ y ‘Gravity‘ sostuvo que presentar constantemente el futuro como una catástrofe inevitable puede contribuir a producir miedo, desesperanza y una sensación de que las personas tienen poca capacidad para cambiar su realidad.
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¿Por qué Alfonso Cuarón rechaza la idea del apocalipsis?
La conversación surgió después de que Villar Rojas planteara la posibilidad de desarrollar un cine que pudiera alejarse de una perspectiva exclusivamente humana. El artista utilizó ‘Y tu mamá también‘ como ejemplo, señalando aquellos momentos en los que la cámara abandona temporalmente a los protagonistas para observar otros personajes y acontecimientos que existen alrededor de ellos.

Cuarón relacionó esa idea con ‘Children of Men‘, su película distópica de 2006, pero rechazó una interpretación que durante años ha acompañado al largometraje: que se trate fundamentalmente de una historia sobre el fin del mundo.
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“Creo que el apocalipsis es una obsesión occidental de nuestros tiempos. En mi opinión, se nos inculca porque conviene mantenernos con miedo y pensando que no hay futuro ni esperanza, que vivimos en un mundo apocalíptico, ya que, de ese modo, nuestra capacidad de acción se reduce al mínimo. Además, es un concepto muy cristiano.”
Para Cuarón, el trabajo de Villar Rojas tampoco representa una visión apocalíptica. Lo interpreta, en cambio, como una exploración de la naturaleza transitoria de las cosas, donde incluso el arte termina transformándose y desapareciendo con el tiempo.
Cuarón trabaja en una reflexión filosófica alejada del cine
El director también reveló que durante el último año ha dedicado buena parte de su tiempo a escribir por placer. No se trata de un proyecto pensado para convertirse en libro, guion o película, sino de una exploración personal alrededor de cuestiones ontológicas.
Cuarón explicó que uno de sus principales intereses es el choque entre el pensamiento antropocéntrico y las perspectivas que colocan al ser humano fuera del centro absoluto de la existencia. Parte de esa reflexión apareció después de releer el Tao Te Ching, texto que ahora interpreta menos como una obra moral que como una descripción de estructuras aplicables a la naturaleza, la tecnología y la economía.
Su alejamiento temporal del cine también responde a su proceso creativo. “Cuando no estoy trabajando en cine es cuando ocurre la vida”, comentó, explicando que realizar una película exige largos periodos de concentración en una sola idea y que, cuando termina un proyecto, suele dejar de pensar en cine durante algún tiempo.
De ‘2001’ a una teoría sobre el sonido y la evolución humana
La conversación terminó desplazándose hacia ‘2001: A Space Odyssey‘, película de Stanley Kubrick que Cuarón asegura admirar profundamente, aunque discrepa con algunas de sus implicaciones filosóficas. El mexicano incluso cuestionó ciertos paradigmas asociados al darwinismo y propuso una lectura alternativa del famoso monolito negro.

En lugar de relacionarlo con el descubrimiento de herramientas empleadas para dominar o matar, Cuarón imaginó que ese primer gran impulso transformador podría simbolizar la voz de una madre. Describió hipotéticamente a una mujer prehistórica que comienza a tararear para tranquilizar a su bebé y genera patrones sonoros que otros niños terminan repitiendo.
Desde esa especulación, planteó que el sonido, el cuidado y la transmisión de información pudieron tener un papel fundamental en el desarrollo humano. La reflexión conecta con una inquietud que atraviesa buena parte de su filmografía: observar a las personas como elementos de un entorno mucho mayor, en lugar de considerarlas necesariamente el centro de todo lo que existe.
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