‘Sinners’ es más que solo una película sobre vampiros. La galardonada cinta de Ryan Coogler es también un viaje musical y cultural a través de la Gran Migración, un momento clave en la historia de Estados Unidos y la comunidad afroamericana. La cinta nació de la fascinación de Coogler por el blues, heredada de uno de sus tíos, y de una serie de experiencias personales que moldearon su visión artística.
La cinta, ambientada en el Misisipi de la década de 1930, es protagonizada por Sammie Moore (Miles Caton), un joven músico que quiere conseguir la fama, el dinero y el amor gracias sus dotes con la guitarra. Su figura está inspirada en diversos músicos, pero Robert Johnson —uno de los padres del Delta blues— fue clave para su construcción como personaje.
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¿Quién fue Robert Johnson, el músico que inspiró ‘Sinners’?
Sammie Moore es tan buen músico que puede atraer a invitados inesperados a las noches de blues. El protagonista de ‘Sinners’ está inspirado en Robert Johnson, una de las figuras más influyentes del género que también tiene una historia relacionada con lo sobrenatural. La leyenda dice que era un músico mediocre que obtuvo una gran habilidad en la guitarra de la noche a la mañana.
Las historias narran que Johnson demostró un interés por la música desde muy joven; sin embargo, no tenía el talento para sobresalir. Durante un tiempo, desapareció de Misisipi y, al regresar, había mejorado bastante sus habilidades musicales. Esto generó historias sobre un supuesto pacto con el diablo, que se intensificaron tras la muerte prematura del músico, a los 27 años.

Como uno de los padres del estilo Delta blues, Johnson se convirtió en uno de los músicos más influyentes del género. Su leyenda alimentó la creación de canciones y relatos sobre músicos que vendían su alma al diablo a cambio de un talento sobrenatural, un mito que que se convirtió en una historia muy popular que llegó a los oídos de Ryan Coogler.
En realidad, Johnson fue un músico itinerante que tocaba en bares y en las calles del sur de Estados Unidos, tal como Sammie Moore en ‘Sinners’. Con el tiempo, su breve obra se se convirtió en pieza clave del blues y el rock, por lo que inspiró a múltiples generaciones de músicos y bandas.
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La Gran Migración y las experiencias de Ryan Coogler
Robert Johnson es solo una pieza del rompecabezas de ‘Sinners’. La película con Michael B. Jordan y Wunmi Mosaku nació también de diversas experiencias de Ryan Coogler. En múltiples entrevistas, el cineasta ha reconocido lo importante que fue la relación con uno de sus tíos, quien tenía dos pasiones: el béisbol y el blues.
Cuando su tío volvía del trabajo, se servía un whisky y ponía viejos discos mientras le contaba historias de Misisipi y de la vida en el sur. Durante mucho tiempo, Coogler veía ese tipo de música como “cosa de viejos”, pero esa percepción cambió con el fallecimiento de su ser querido. Como una forma de duelo, empezó a escuchar esos discos con otros oídos, y encontró en ellos una manera de recordarlo.
“Yo simplemente me sentaba ahí con mi tío, que era el hombre más viejo que conocía, escuchando historias de Misisipi y hablando con él sobre la vida y el béisbol”.

En declaraciones para ‘Indie Wire’, el cineasta reveló que varias ramas de su árbol genealógico procedían de Misisipi. Concibió ‘Sinners’ como una historia de los que se marcharon, pero también de los que se quedaron en la región, tras la Gran Migración.
“Comprender la Gran Migración es también comprender que, durante mucho tiempo, el hogar de nuestra gente fue el sur. Migrar significa dejar algo atrás (..) y esa ubicación física en Estados Unidos se asocia con mucho dolor, mucha vergüenza, mucha incomodidad, pero apartar la mirada por completo es no ver lo que había ahí. La resiliencia, la brillantez, la fortaleza, y también el arte, la maravilla artística, la maravilla cultural”.
Los vampiros como metáfora
Debido al trasfondo histórico de la cinta, la figura de los vampiros se transforma en una metáfora. Son una imagen de la violencia, el racismo y la explotación que ha marcado la historia de la población afroamericana, especialmente en el sur de Estados Unidos. También representan una amenaza externa, ese otro que quiere invadir un refugio cultural, mientras que la música funge como una resistencia simbólica.
Las criaturas de la noche también representan un poder que, durante generaciones, se ha alimentado del esfuerzo y la vida de la población afroamericana. Su inmortalidad se convierte en un reflejo de ese trauma que no desaparece y que ha perseguido a esta población durante décadas.
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