La discusión sobre el impacto de la inteligencia artificial en la industria del cine sigue escalando, y ahora suma la voz de Christopher Nolan, uno de los cineastas más influyentes de Hollywood. Conocido por su preferencia por los efectos prácticos y su defensa de la experiencia cinematográfica en salas, el director abordó recientemente el tema desde un ángulo menos apocalíptico que otros colegas, pero no por ello menos crítico: la IA puede ser útil, sí, pero sin reglas claras plantea riesgos reales para los derechos creativos y económicos de los realizadores.
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¿Están realmente protegidos los directores frente a la IA?
En entrevista con Deadline, Nolan reconoció que existen mecanismos diseñados para proteger a los cineastas ante el uso de inteligencia artificial, aunque dejó claro que estos no son suficientes. “Tenemos excelentes protecciones, pero eso no es suficiente”, afirmó, subrayando que el verdadero problema es la falta de participación directa de los creadores en las decisiones sobre cómo se implementa esta tecnología.

Para el director, el punto central es que los realizadores deben tener voz tanto en el uso práctico de la IA como en el marco legal que la regula. “Debes tener voz y voto en cómo se usará esta herramienta en el futuro. Además, nos gustaría intentar tener voz y voto en: ¿cuál es el marco legal?”, explicó. Nolan recordó que, en la mayoría de los casos, los directores no son los titulares del copyright de sus obras, aunque sus ingresos y regalías dependen directamente de la correcta explotación de esos derechos.
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Copyright, regalías y el valor del trabajo creativo
Uno de los aspectos más delicados señalados por Nolan tiene que ver con la relación entre inteligencia artificial, propiedad intelectual y remuneración. El cineasta fue explícito al señalar que los creadores dependen de que las compañías gestionen de forma adecuada los derechos derivados de sus obras. “Porque generalmente no somos los titulares de los derechos de autor de nuestro trabajo, pero nuestros ingresos, nuestros residuos, dependen de la monetización adecuada de esos derechos de autor”, dijo.
Desde esa perspectiva, la preocupación no se limita a si la IA puede escribir un guion o generar imágenes, sino a qué ocurre cuando el trabajo creativo humano se utiliza para entrenar modelos, alimentar plataformas o integrarse en nuevos esquemas de distribución. Nolan explicó que los cineastas mantienen un diálogo constante con las empresas para asegurarse de que el valor de lo que han creado no se diluya. “Estamos en constante diálogo con las empresas sobre: ¿están maximizando el valor del trabajo que hemos creado?”, añadió.
El caso Disney–OpenAI y el impacto del streaming con publicidad
Aunque ha expresado reservas claras, Nolan no rechazó por completo los acuerdos entre estudios y empresas tecnológicas. De hecho, citó el trato entre Disney y OpenAI como un ejemplo positivo en un sentido específico. “Por ejemplo, el acuerdo que Disney hizo con OpenAI. Lo veo como algo positivo en términos de establecer el principio de licencia”, comentó, al destacar que este tipo de acuerdos reconocen la necesidad de licenciar contenidos en lugar de utilizarlos sin autorización.
Sin embargo, el director adoptó una postura de cautela. Aseguró que el apoyo de los creativos llegará solo cuando se aclare cómo esos acuerdos beneficiarán a los miembros de los sindicatos. “Cuando estas empresas cuenten con el apoyo de los acuerdos es cuando habrán demostrado cómo los creativos se beneficiarán de ese tipo de oportunidades de licencia”, afirmó.

Nolan también alertó sobre otro frente menos visible del debate: el uso de IA en plataformas de streaming con publicidad. Según explicó, los algoritmos ya deciden cuándo y qué anuncios se insertan durante una película, una práctica que puede parecer meramente comercial, pero que tiene consecuencias creativas profundas. “Puede parecer una decisión comercial sencilla, pero tiene consecuencias enormes sobre los derechos creativos”, advirtió.
El director concluyó señalando la necesidad de guiar el marco legal que regulará a compañías como OpenAI, especialmente ahora que empiezan a operar como plataformas de distribución. Para Nolan, el reto no es frenar la tecnología, sino evitar que su implementación se haga sin la participación activa de quienes crean las historias que el público ve en pantalla.
Con información de Coming Soon.
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