La película ‘El Agente Secreto‘, una de las producciones más comentadas de la actual temporada de premios, ha trascendido el ámbito cinematográfico para instalarse en el debate político. En plena carrera rumbo al Óscar, su protagonista Wagner Moura y su director Kleber Mendonça Filho hablaron sobre presiones, campañas de desprestigio y amenazas que, aseguran, han marcado tanto el origen de la película como su recepción pública en Brasil.
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Ambientada en Recife en 1977, durante la dictadura militar brasileña, la cinta sigue a Armando, un académico viudo que se esconde mientras planea huir del país con documentos falsos y es perseguido por sicarios contratados por un poderoso empresario. Aunque el relato es histórico, sus creadores subrayan que el proyecto dialoga directamente con experiencias personales recientes, en un contexto que describen como hostil hacia quienes expresan posturas críticas.

¿Cómo una película histórica terminó reflejando conflictos políticos actuales?
Para Moura y Mendonça Filho, ‘El Agente Secreto’ no es solo un drama de época. Ambos explican que el filme se nutre de un clima de persecución y hostigamiento que ellos mismos han vivido en la última década. “No quiero decir ‘el precio que pagamos’, pero no fue fácil hablar abiertamente sobre Bolsonaro”, señaló el actor al explicar que la cinta surge tras años de tensiones políticas y ataques personales por su postura pública.
Mendonça Filho añadió que, aunque la historia se sitúa en los años setenta, el tipo de persecución que muestra no pertenece solo al pasado. “Puede que no se produzca una persecución en coche. O que alguien encienda el motor y explote un coche. Pero la persecución es increíblemente destructiva”, afirmó, al referirse a mecanismos más sutiles como la difamación mediática o la presión constante.
Amenazas, bloqueos y campañas de desprestigio
Moura recordó que, tras publicar un artículo de opinión en el que advertía sobre un posible quiebre democrático en Brasil y cuestionaba decisiones judiciales, fue blanco de ataques directos. “Me atacaron por ese artículo. Recibí amenazas de muerte. Fue muy duro”, dijo. Años después, su debut como director con Marighella permaneció sin estrenarse durante más de dos años, una situación que Mendonça Filho calificó como un sabotaje no oficial: “Fue saboteado cínicamente y extraoficialmente”.
El director también habló de campañas recientes en Brasil que los acusan de haber recibido grandes sumas de dinero público para realizar ‘El Agente Secreto’, pese a que el financiamiento cultural está contemplado en la Constitución brasileña. “Historias, por ejemplo, sobre el uso de fondos públicos para una película que has hecho”, explicó, al describir cómo estas narrativas buscan instalar la idea de corrupción más allá de los hechos comprobables.
Autocensura, premios y el costo de hablar
La conversación también abordó la presión que enfrentan actores y cineastas para evitar pronunciarse sobre temas políticos. Moura reconoció que ese desincentivo existe. “Me han aconsejado no decir ciertas cosas”, admitió, aunque dejó claro que no piensa guardar silencio. Consultado sobre si hoy sería desalentado a criticar a líderes políticos fuera de Brasil, respondió: “Sí. Ahora mismo estoy muy desanimado”, antes de añadir: “Pero lo seguiré diciendo ¿no?”

Mendonça Filho fue aún más directo sobre el papel del artista frente al poder. “No creo que puedas ser un artista serio y pasar por la vida sin exponer tus puntos de vista sobre las cosas”, afirmó, al señalar que el silencio, en contextos de desinformación y ataques a la prensa, tiene consecuencias.
Con varias nominaciones al Óscar y un recorrido destacado en festivales internacionales, ‘El Agente Secreto’ se perfila como una de las películas más visibles del año, tanto como un recordatorio de cómo el cine político puede convertirse en un espejo incómodo del presente, incluso cuando mira al pasado.
Con información de The Guardian.
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