Así, sin presumir nada, El Caballero de los Siete Reinos logró algo que parecía imposible dentro del universo televisivo de Poniente, es decir, reconciliar a los lectores más atentos con una adaptación que por años acumuló pequeñas fracturas invisibles pero persistentes en la mitología creada por George R.R. Martin.
A diferencia de otros regresos a Westeros, la serie nos entrega fidelidad casi obstinada a reglas internas que habían sido ignoradas con el paso del tiempo en producciones previas, específicamente algunas temporada de Game of Thrones.
El problema con el estandarte Targaryen
Aunque no lo parezca, muchos espectadores pasaron por alto un detalle que para Martin nunca fue trivial. Se trata de la forma correcta del dragón en el estandarte de la Casa Targaryen. En el mundo de Westeros, los dragones no son criaturas abstractas heredadas de la fantasía medieval; más bien son animales reales cuya anatomía forma parte de la historia.

En las primeras temporadas de Game of Thrones, el estandarte respetó la idea de un dragón de dos patas y dos alas. Sin embargo, con el paso de los años, la iconografía cambió y comenzó a mostrar un dragón de cuatro patas, una imagen más cercana a la heráldica europea tradicional que a la criatura ficticia diseñada por el autor.
La modificación se consolidó después en La Casa del Dragón, donde la decisión visual se mantuvo por coherencia interna con la serie original. Para Martin, aquello fue una acumulación de descuidos que traicionaban el principio básico de que los Targaryen tenían dragones reales y, por lo tanto, no tenían razón alguna para representarlos de forma errónea.
El propio escritor expresó su frustración en 2024 a través de su blog, donde explicó con detalle casi académico por qué los dragones de su mundo debían tener dos patas y no cuatro.
“Al principio, ambas versiones podían verse en estandartes, pero con el paso de los siglos, a medida que la heráldica se volvió más estandarizada, los heraldos comenzaron a llamar dragones a las bestias de cuatro patas y wyverns a sus parientes de dos patas. Sin embargo, los dragones SÍ existen en Westeros (los wyverns también en Sothoryos), así que mis heraldos no tenían esa excusa. En mis libros, el emblema Targaryen tiene dos patas, como debe ser. ¿Por qué algún westerosi pondría cuatro patas a un dragón, cuando puede ver al verdadero y contar sus extremidades?”
El Caballero de los Siete Reinos enmienda el error

La esperada corrección llegó en el segundo episodio de El Caballero de los Siete Reinos, cuando aparecen miembros de la Casa Targaryen y, con ellos, su estandarte. Por primera vez en años dentro de una serie de HBO ambientada en Westeros, el dragón vuelve a mostrarse con dos patas, tal como Martin lo concibió desde el inicio.
La situación es curiosa porque en los tiempos de Dunk y Egg los dragones ya no existen. Han desaparecido hace décadas y sobreviven únicamente en la memoria y los relatos. Aun así, la serie decide respetar la verdad histórica de su propio mundo, pese a que los personajes no pueden comprobarla con sus propios ojos.
Ese gesto abraza en realidad la filosofía que atraviesa toda la producción. El Caballero de los Siete Reinos fue co-creada por Martin junto al showrunner Ira Parker. La cercanía creativa entre ambos se percibe en decisiones que priorizan la coherencia antes que la comodidad visual.
Caballeros errantes y el encanto de Ser Duncan
El Caballero de los Siete Reinos encuentra su fuerza en una escala menor. La historia nos presenta a Ser Duncan el Alto, un caballero errante tímido, sin tierras ni linaje ilustre, interpretado por Peter Claffey. La lucha de Dunk, que solo quiere sobrevivir a través de su oficio y hacer lo correcto, es más elemental, y por eso mismo más humana.
El capítulo 3 se estrena el 1 de febrero.
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