La película ‘The History of Sound’ no se limita a recrear una época: apuesta por reconstruir una experiencia sensorial completa. Ambientada a inicios del siglo XX, en los márgenes de la Primera Guerra Mundial, la cinta dirigida por Oliver Hermanus encontró en la música folk un eje narrativo decisivo. Para lograrlo, Paul Mescal y Josh O’Connor se sometieron a un entrenamiento intensivo que buscó algo más que afinación: credibilidad emocional.
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¿Cómo se prepararon Paul Mescal y Josh O’Connor para cantar como músicos folk?
El responsable de ese proceso fue Sam Amidon, músico y asesor musical de la película. Amidon fue incorporado con una tarea clara: preparar al elenco para cantar en vivo frente a cámara. No habría playback ni doblajes posteriores. Las voces que se escuchan en pantalla son las de los actores, registradas en el momento de la escena.

El margen de preparación fue reducido: apenas tres semanas. En ese tiempo, Mescal y O’Connor debían parecer intérpretes que llevaban toda la vida cantando juntos. Amidon los acercó a grabaciones de la época y a figuras como Almeda Riddle, baladista de los Ozarks que defendía la idea de “ponerse detrás de la canción”, una forma de cantar que prioriza la emoción por encima de la técnica visible.
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Un entrenamiento íntimo, lejos del set
Las sesiones no ocurrieron en grandes estudios ni bajo una lógica industrial. Amidon relata que los actores acudían a un pequeño cobertizo al fondo de su jardín, donde trabajaban durante aproximadamente una hora por sesión. Ahí, el enfoque no estaba en corregir desde afuera, sino en ayudarles a encontrar una voz natural y cómoda.
“El canto está mucho más intensamente conectado con las emociones que otros instrumentos”, explica Amidon en su testimonio. A diferencia de la guitarra o el piano, la voz no puede ajustarse señalando posiciones; todo sucede internamente. Por eso, el entrenamiento buscó eliminar el miedo a cantar y evitar que el resultado sonara aprendido o rígido.
Durante ese proceso, los actores también asumieron un rol activo como músicos. O’Connor trabajó sus partes al piano, mientras Mescal desarrolló armonías. Ambos realizaron grabaciones de referencia en un estudio de Nueva York, que sirvieron como guía durante el rodaje.
Cantar en vivo como parte del relato
El resultado final confirmó la importancia de esa decisión. Al ver la película terminada, Amidon entendió hasta qué punto el canto en vivo era crucial para el desarrollo orgánico de las escenas. La música no aparece como un elemento decorativo, sino como una extensión directa del estado emocional de los personajes.

Amidon subraya que el entusiasmo de Mescal y O’Connor fue genuino. Según cuenta, ambos continuaban cantando las canciones fuera del set, incluso caminando por la calle, de manera similar a como lo hacen sus personajes en la película. Esa naturalidad también se refleja en escenas específicas donde el canto se mezcla con el duelo, la memoria y la catarsis colectiva.
Más allá del proceso técnico, el asesor musical señala un tema de fondo: el folk como registro emocional de personas que no dejaron documentos escritos. En ese sentido, ‘The History of Sound’ dialoga con una tradición donde las canciones conservan aquello que no quedó en libros: la vida interior, el deseo y una forma de amor marcada por la pérdida.
La película ya se encuentra en cines.
Con información de The Guardian.
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