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TIFF 2021 | RESEÑA: Comala | Una subversiva mirada a la violencia y la figura paterna

Lo personal de este relato ofrece una perspectiva novedosa en la revisión de la violencia que ha arrasado el país.

Hay numerosos trabajos documentales y de ficción que, desde el cine, retratan la forma en la que el crimen organizado y la corrupción han impactado México. Muchos de ellos adoptan un enfoque de denuncia en la narración de sus hechos, como Las tres muertes de Marisela Escobedo - 100%, mientras que otros son más bien, como La Libertad del Diablo - 88%, recopilaciones de testimonios de víctimas y otros actores con una función de registro. Y si bien es importante y tiene mucho valor que la injusticia, la violencia y la ineficacia de los órganos oficiales se visibilice, es grato encontrar filmes que han encontrado nuevas formas de ver y contar lo que ocurre en el país. Uno que resalta en ello es Comala, primer largometraje de Gian Cassini que se estrena en el Festival de Toronto 2021.

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El documental es la historia de su realizador, Gian Cassini, quien descubrió, hace más de una década, que su padre, conocido como “El Jimmy”, había estado trabajando como sicario. La revelación le llegó a leer una nota en la que se reportaba su muerte durante un tiroteo. Al enterarse de esto, decide emprender una búsqueda por respuestas que expliquen cómo es que su papá terminó en las filas del crimen organizado, qué clase de vida llevó y cómo ésta impactó las de sus familiares. De eso va Comala.

Para el público mexicano, que está acostumbrado a relatos sobre estos temas, la premisa podría sonar como más de lo mismo. No hay que caer en este prejuicio, porque la perspectiva, más íntima y personal, que Cassini le da a su historia y la de su familia hace una distinción importante respecto a muchos otros perfiles sobre narcotraficantes o víctimas del crimen organizado. Una que la hace apuntar hacia la naturaleza cíclica de este tipo de violencias y la forma en la que varias generaciones de mexicanos están atrapados en ella.

Lo verdaderamente subversivo de Comala es su perspectiva. Al ser un relato narrado por el mismo Cassini y al dejar de lado la tentación de hacer una investigación de carácter criminal o periodística, el director consolida un primer largometraje documental que destaca por lo personal y lo íntimo. El filme acaba por ser una reconstrucción del personaje principal que busca aclarar la difusa idea que el director mismo tenía sobre su padre. Es un diario que sigue su intento por despejar las telarañas en las más oscuras esquinas de su complicada familia y, al hacerlo, revela una realidad sobre la forma de ver la figura paterna en México.

El título no es simplemente un capricho. Al igual que sucede con los clásicos personajes de Juan Rulfo en Pedro Páramo, Comala presenta una serie de individuos que se vieron marcados por la vida de El Jimmy: su primer hijo Tony, el propio Gian, la hermana de ambos, la madre del cineasta y su abuela, así como el tío del director y su abuelo paterno. La recopilación de sus recuerdos y experiencias con él son hilvanadas en el documental para crear un retrato más humano de un hombre que no hizo más que lo que supo hacer con su vida. Ese viaje retrospectivo, a través de los recuerdos que tiene de él su familia, permite poner a un lado los actos más condenables que cometió, no para olvidarlos o justificarlos (cosa que nunca hace el filme), sino para poder armar, pieza por pieza, la historia de su vida de una forma más completa y alejada de los prejuicios.

En este sentido, la película también habla de la forma en la que la vida de los mexicanos sigue siendo tan incierta, e igualmente violenta, como lo era en la época de la revolución o por lo menos en el retrato de ella que hizo Rulfo. El filme explora, cuando Cassini viaja entre ciudades del norte, como Monterrey y Tijuana, e incluso a Texas, cómo nuestra tierra sigue repleta de familias rotas, hombres muertos, huérfanos y balas interminables. Al presentar las historias de su abuelo, padre y hermano, el director expone también el peso de la figura paterna, o la falta de una, en la formación de esas tres generaciones que siguen, inadvertidamente, un mismo camino. Las exigencias de una masculinidad hegemónica y agresiva se asoman en la historia de vida de estos tres personajes como augurios de un destino fatal para ellos y sus hijos. Los paralelismos entre el poblado ficticio de Rulfo y la historia del director son estremecedores.

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Algunas películas y series que hablan sobre la violencia en el país omiten o desestiman las historias de los victimarios y cómo es que éstas muchas veces también están repletas de dolor y abandono. Comala no cae esta trampa, sino todo lo contrario. Es exactamente debido a la búsqueda tan personal de Cassini, producto de su genuino interés por explorar la vida de su padre, lo que le facilita estar abierto y ofrecer una dimensión de carácter más humano al sicario, al poner en el centro las conexiones familiares que El Jimmy tuvo en vida, enfoque que rara vez se le da a perpetradores de la violencia en el cine documental mexicano.

Esta es otra razón por la que la película tiene tanto impacto y da vuelta a lo que se ha hecho en el pasado dentro del género, ya que la humanización de El Jimmy se construye desde ellos, desde las personas que dejó atrás, y no desde el mismo protagonista o desde una mirada sociológica más fría y cosificante, como objeto de estudio, sino familiar y humana. El cariño que ellos tienen por su ser querido se vuelve palpable y es innegable la empatía que Cassini fomenta por esta familia al contar su historia.

Si al principio se nos cuenta que El Jimmy es el clásico, o más bien estereotípico, macho mexicano mujeriego, violento y con hijos en diferentes casas, los matices no faltan al final para desglosar la sombra del hombre que se nos presenta de entrada como un asesino y al cual, hasta cierto punto, llegamos a entender. Otro logro destacable de Comala es que no pasa sentencia, no juzga desde lo moral al sujeto que persigue, simplemente busca certezas e impresiones sobre su vida para dar sentido al camino de cada uno del resto de los integrantes de su familia. Esto probablemente también es resultado de la mirada tan personal del cineasta y su cercanía con el tema.

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Traducir la emoción al espectador no es fácil, pero el filme lo logra. En el clímax, Gian sostiene una conversación con su mamá, en la que discuten lo que creen que lo hizo salvarse de seguir los turbulentos pasos de su padre y hermano. No habrá que adelantar las conclusiones que ahí presenta el director, pero para ese momento tanto él como el espectador puede esperar un conmovedor desenlace cuya honestidad es arrasadora. Tener esa plática a cuadro no debió ser fácil, pero da un final catártico que hace valer la búsqueda que termina, y empieza, con la muerte de El Jimmy.

Comala se exhibe hoy en el Festival de Toronto 2021 y llegará en unos meses al Festival Internacional de Cine de Morelia, que este año volverá a tener un formato híbrido y contará con él en su programación de largometrajes documentales. Pueden ver aquí abajo nuestra entrevista con Cassini.

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