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La Libertad del Diablo | top de críticas, reseñas y calificaciones

El documental sobre la narco violencia en México se estrena en pantallas nacionales este fin de semana

Cuando se trata de hablar de narcotráfico hay voces que buscan reducir la complejidad a un par de puntos: que si Estados Unidos es un gran consumidor de drogas, que si la corrupción y las autoridades son las culpables de todo. Lo cierto es que, como una cebolla, este tema tiene muchas capas. Uno de los principales factores que contribuyen al clima de violencia en México es de índole cultural. Generaciones de mexicanos han crecido con la idea de que la tranza y pasar por encima de los demás para obtener un beneficio es el modo ideal para conducirse. Los sicarios y grandes capos de la droga en México son primos, tíos, vecinos y gente que vive en colonias como en las que muchos otros habitantes de este país habitan. No son monstruos, pero sus acciones son genuinamente monstruosas y están apoyadas por un enorme sistema que, una vez más, recompensa la violencia y la deshonestidad en lugar de condenarlas.

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El cine de ficción mexicano es tímido para abordar estos temas, quizá por razones de peligro para los cineastas. En el rubro de documental se ha hecho un esfuerzo por traer una luz a este problema, el cual se ha convertido en un lugar tan común en la vida diaria de México que ya no causa escándalo. Tempestad - 91% fue una cinta que buscó dar voz a dos mujeres que vivieron en carne propia la corrupción y violencia que imperan en México. Ahora llega a cartelera comercial La Libertad del Diablo - 88%, de Everardo González, la cual se exhibió hace un año en el ciclo de documentales de Ambulante.

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Everardo no se anda por las ramas y busca confrontar a la audiencia y hacer algo para sacarla de su eterna apatía. Los "daños colaterales" que figuras del Estado y de ciertos medios repetían incansablemente hace años, aquí tienen voz y rostro. El director decide ocultar lo segundo y dejar que lo primero hable directamente con la audiencia. Para poder entender el horror que se vive en este país no sólo basta con oír a las víctimas, también hay que oír a los victimarios. La cinta deja hablar a un joven, quien aún con su uniforme de la escuela puesto ya realizaba ejecuciones como sicario. La juventud, el supuesto futuro de este país, se ha convertido en la materia prima del crimen organizado. Oímos también a figuras del orden quienes, así como los sicarios, repiten que todos tienen que seguir órdenes. El negocio de la droga ha dejado a un puñado de personas millonarios y a miles de familias con heridas permanentes.

La Libertad del Diablo inevitablemente incomodará a algunos, quienes sentirán que lo hecho aquí es una acto de explotación o que incluso no es suficientemente incisivo. El logro de la película recae precisamente en su voluntad para hacernos ver directo a los ojos a gente que vive en el mismo país que nosotros y que está apenas al otro lado de nuestras paredes. Su mundo no es tan ajeno al nuestro y todos compartimos las fronteras de un país que se ha convertido en un enorme cementerio, donde mexicanos se matan mutuamente a cambio de dinero, fama, gloria y la sensación de poder. Una de las mejores cintas de los últimos años y obligadísima de ver para cualquier espectador que busque entender por qué el diablo puede gozar tanta libertad.

Rafael Paz, Butaca Ancha:

La Libertad del Diablo es la confirmación del estatus de Everardo González como uno de los mejores cineastas del país.

Ernesto Diezmartínez, Cine Vertigo:

Un documental donde víctimas y victimarios, sicarios y fuerzas del orden, asesinos a sueldo y criminales con uniforme militar/policial, comparten el mismo rostro y, detrás de la máscara, el mismo acento norteño, la misma imposibilidad de olvidar.

Lucero Solórzano, Excelsior:

Con este formato, Everardo González cumple con su objetivo que es confrontar la indiferencia con que estamos recibiendo reportes y cifras de muertos todos los días desde hace años, en algo que parece ya una costumbre perversa.

Leonardo García Tsao, La Jornada:

Una serie de testimonios perturbadores que no pretende ninguna estrategia estética, sino confrontar sólo con la voz reiterada de la violencia.

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