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Por qué Harry Potter es una historia progresista

La historia del niño mago crió generaciones que encontraron analogías y referencias progresistas en sus libros y películas, que han aumentado su relevancia gracias a las políticas extremas en la actualidad.

Si me hubieran dicho que Harry Potter se volvería más relevante con el tiempo, no lo creería, y si me advertían que J.K. Rowling iba a perder el respeto por comentarios que de alguna forma contradicen su creación, tampoco lo hubiese creído. Pero esto no es sobre ella, sino sobre todas esas otras lecciones que muchos vimos en la saga literaria que duró diez años, con el lanzamiento de Harry Potter y la piedra filosofal en 1997 hasta la llegada de Harry Potter y las reliquias de la muerte y luego con la saga cinematográfica que se extendió por la misma cantidad de tiempo desde el estreno de su primera película en 2001 y luego con la adaptación del libro final que fue dividida en dos partes, siendo la última la de 2011.

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Cualquier niño, joven o adulto de la época puede dar fe que el Potterverso, es decir el Mundo Mágico de Harry Potter, se adueñó del planeta y con el paso del tiempo no ha hecho más que sumar fanáticos que han quedado cautivados por sus historias donde la magia y la lucha del bien contra el mal son pilares fundamentales. Pero el cariño que las masas sienten por la historia del niño que vivió no es algo propio de un fanatismo común, como puede parecer cada vez que alguien reclama no haber recibido la carta de Hogwarts por la cantidad de años consecutivos que sean, sino que es más profundo porque el concepto que proporciona es el esquema definitivo para la política liberal, que es con lo que más se identifican sus seguidores.

Las aventuras protagonizadas por el mago, interpretado por Daniel Radcliffe en la pantalla grande, son principalmente sobre escapes, aspiraciones y un grupo de niños que nos hicieron creer que si somos valientes tenemos una oportunidad de brillar y, por qué no, de tener algo de magia en nuestras vidas. Está clarísimo que Rowling ya no podrá actuar como el compás moral de sus millones de seguidores en Internet dada la decepción luego de cada tuit suyo y sin embargo, a medida que la política se vuelve más extrema, las generaciones criadas con los libros de su autoría, y las películas que surgieron a partir de ellos, han adoptado sus creaciones como alegorías políticas y morales para nuestros tiempos.



Son tres los elementos que pueden considerarse razones para que los progresistas amen este relato. En caso de que hayas vivido debajo de una roca todo este tiempo, hay que saber que Harry Potter es un niño que quedó huérfano luego de que un tenebroso mago llamado Lord Voldemort mató a sus padres cuando intentaba tener el control sobre el mundo. Ese niño creció con sus odiosos tíos: Petunia, su esposo Vernom y su primo Dudley, que nunca estuvieron felices de tenerlo en casa y quisieron prohibirle ir a Hogwarts. Harry consigue empezar sus siete años de estudios en ese famoso Colegio de Magia y Hechicería, hace amigos y aprende a jugar Quidditch y a usar la magia. Con el paso de la historia vamos descubriendo estos elementos progresistas clásicos que son muy llamativos.

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El sistema monetario y bancario es el primero. Nos muestra cómo los habitantes no usan una moneda común, sino una surgida a partir de varios metales. El dinero del Mundo Mágico consiste en los Galeones de Oro, los Sickles de Plata y los Knuts de Bronce; a pesar de tener poderes, con los que podrían incluso hacer cosas que no podemos imaginar, aún deben adquirir todo lo que necesitan del sector privado con este dinero, que también puede ser almacenado en el Banco Gringotts, también privado, y manejado por unos duendes que no parecen amigables. Es la única institución de este tipo que existe en ese mundo y según Hagrid es el único lugar realmente seguro aparte de Hogwarts que, como se puede comprobar, es un enunciado falso.

Otra característica tiene que ver con el comercio y la forma favorable en la que es presentado. Con muy pocas excepciones, lo que más nos cautiva del Mundo Mágico son precisamente sus negocios. El callejón Diagon es la zona comercial que todos quisiéramos visitar en algún momento de nuestras vidas. Este callejón ubicado en Londres, accesible por los magos, cuenta con una gran variedad de lugares de interés como restaurantes y tiendas y lo conocemos por primera vez cuando Harry necesita comprar su lista de útiles escolares.



Gringotts fue la primera parada, luego encontraron a Hedwig en el Emporio de la Lechuza y después la varita mágica en la tienda Ollivanders. Otros lugares que aparecen en las siguientes películas y libros son Flourish y Blotts, donde Gilderoy Lockhart firmaba su libro y Artículos de Calidad para Quidditch donde los protagonistas admiraban las nuevas escobas en la vitrina. Años después, los gemelos Fred y George Weasley cumplieron su sueño de abrir una tienda con el nombre de Sortilegios Weasley, gracias a la generosa ayuda de Harry, que se hizo conocida por vender artículos de bromas. Ellos nunca quisieron seguir los pasos de su padre y hermanos mayores que tienen trabajos de estilo gubernamental, y me cuesta imaginar que existe una profesión más liberal que la de iniciar como emprendedor con una tienda de ese tipo.

Lo que sigue es el gobierno, que tiene gran participación en la historia aunque parece no hacer nada. El único trabajo del que realmente se habla es que al Ministerio de Magia le preocupa que los muggles se enteren de la existencia de magos y brujas y el hecho de que siempre han estado entre ellos. Los encantamientos desmemorizantes son cosa de todos los días, porque los magos tienen en su poder la habilidad de hacer que un muggle olvide lo que vio, pero no existen leyes en contra de la discriminación ni cosas en ese sentido. Pero sí, el ministerio también cumple con otras actividades que no suenan tan propias de un gobierno como deberían: la organización de competencias mágicas internacionales, el manejo de Hogwarts y de la prisión de Azkaban, así como la investigación y/o eliminación de criaturas mágicas peligrosas.

Todo eso lo hace a medias y el pueblo mágico lo sabe. Cornelius Fudge, el ministro, es más proactivo al momento de cuidar su trabajo que de hacer algo a favor de su mundo. Los magos no tienen un salario mínimo y no sirve de nada pertenecer a la clase baja porque el gobierno ni siquiera ayuda a las personas de escasos recursos (la familia Weasley podría haber tenido una vida más decente) y ni qué hablar del maltrato a los duendes. Y los villanos, poniendo a Lord Voldemort por delante de cualquier otro antagonista, es demasiado familiar si se lo ve desde una perspectiva progresista.



No es en vano que se hacen muchas referencias, aunque varias encuestas lo han comprobado, que en Estados Unidos tuvo mucho que ver Harry Potter con las elecciones y lo poco que se quiere a Donald Trump en el poder. Este relato de fantasía enseñó a sus lectores y espectadores, muchas veces de la mano de Albus Dumbledore a quien universalmente se considera un buen hombre, que siempre se debe luchar contra quien trata de imponer su autoridad con creencias que suelen ser vistas como negativas y no favorables para todos. La decepción tras los errores de la sociedad en proveer de oportunidades para la clase media, así como ciertos derechos que han sido restringidos a personas por situaciones relacionadas a la sexualidad e identidad de género, son una muestra de que gran parte de las nuevas generaciones son más progresistas, lo cual además se respalda en datos que dejan ver que muchas de estas personas no solo se criaron en la época de esta saga literaria y cinematográfica sino que además son fanáticos confesos de sus personajes.

Pero para completar el por qué Harry Potter es una historia progresista no debe faltar la analogía al racismo que mucho se ha tomado del eterno debate entre magos versus muggles. Las personas no mágicas siempre han sido tratadas como un cero a la izquierda y si se casan con un mago o bruja se considera a su descendencia como “sangre sucia”, dicho especialmente por los de sangre pura que suelen considerarse una "raza superior", con la magia como único detalle que hace que otros no sean tan duros con ellos pero, desafortunadamente, no todos son capaces de producirla. Esa escasez de un trato apropiado hacia ellos generó controversia tanto en la ficción como en la realidad, por lo fácil que es trasladarla a la vida real donde el racismo está tan integrado a la sociedad que algunos no lo notan.

No cabe duda que lo creado por J.K. Rowling inspiró a miles de niños gracias a sus características progresistas y a la encantadora y por ratos oscura aventura protagonizada por Harry, Ron y Hermione, quienes en cierto modo tuvieron la suerte de vivir en un mundo en el que el gobierno no tenía la necesidad de ocupar un papel tan principal, y eso es definitivamente mágico.

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