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Culto o bulto | Suspiria: El Maligno (2018)

El remake del clásico del horror toma una dirección muy diferente a la película de Dario Argento, para bien y (sobre todo) para mal

Parte de la formación de muchos críticos y directores en cuanto a teoría del cine se refiere gira en torno a un principio básico: el cine no puede ser solo entretenimiento y espectáculo y de hecho ni debería tener algo que ver con estos conceptos. El cine está obligado a transmitir mensajes de relevancia política y social y por ende el séptimo arte no puede perder tiempo en ser un vehículo para el “escapismo” banal. Esta idea es muy vieja y ha estado presente también en la literatura y otras formas de narrativa. Los relatos de corte fantástico, enfocados al horror, la ciencia ficción o bien a la acción y comedia, aún a la fecha reciben el escarnio de expertos y espectadores al considerárseles formas “inferiores” de la expresión artística.

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La realidad es que hay muchas formas de contar una historia y muchas maneras en transmitir mensajes e ideas. Pensar que lo fantástico no puede hacernos reflexionar sobre la condición humana es una enorme miopía. Una buena historia de género puede entretener y hacer reflexionar al mismo tiempo, sin que una cosa sacrifique a la otra. Por otro lado, también es perfectamente válido que existan historias, en el papel o en la pantalla en este caso, que solo busquen entretener sin mayores pretensiones. A estas alturas de nuestra historia, con tantas manifestaciones del sentir humano en todos lados (cómics, juegos de video, series de televisión, etc) seguir aferrado al concepto del arte solo como una tesis académica es un anacronismo y hasta una necedad.

Esta idea del cine que persigue discursos y se aleja de cualquier noción de entretenimiento define perfectamente al remake Suspiria: El Maligno - 55%, dirigido por Luca Guadagnino y escrito por David Kajganich , que busca ir, conscientemente, en contra de toda la propuesta narrativa y estética planteada por Dario Argento en su cinta original de 1977, Suspiria - 90%. Ambas películas solo tienen en común la premisa: una joven que se inscribe en una academia de baile en Europa. Por un lado es bastante sabio que el combo de Guadagnino y Kajganich no hayan intentado hacer una imitación del clásico de Argento. Por otro parte, las intenciones del remake son a una escala tan grande que no puede evitar tropezar de manera estrepitosa en su ejecución.

La versión de Argento existía única y exclusivamente para provocar alaridos en la audiencia (el título en México del filme fue precisamente “Alarido”) sin ninguna otra pretensión intelectual. Su versión buscaba ser no un ensayo político o social, sino una suerte de cuento de hadas, cual si fuera de los hermanos Grimm, llevado a su extremo más delirante. Brujas que devoraban el cuerpo y alma de mujeres jóvenes y bellas en una fortaleza cubierta de rojos y azules encendidos. Todo esto al compás de estridentes composiciones de la banda de rock progresivo Goblin.

Guadagnino cambia los rojos intensos por grises opacos, las percusiones y gritos de brujas por una banda sonora apagada, compuesta por Thom Yorke, frontman y compositor de la banda británica Radiohead. A nivel narrativo el guión de Kajganich incorpora elementos de la Alemania comunista, la Alemania nazi, de menonitas, de represión sexual, de una cofradía femenina que no perdona a las traidoras en sus filas. Si esto parece una enorme lista del súper es porque lo es. El guión mete y mete cosas y ni con dos horas y media de metraje puede desarrollar una sola de sus ideas. La cinta se conforma con presentar cada uno de estos elementos sin un debido desarrollo, sin mencionar una ausencia también marcada de personajes funcionales o con personalidades trabajadas.

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La escuela de baile dirigida por Brujas opera en la Alemania de la década de los 70, lo cual significa varias menciones a los conflictos políticos de la época. Nuestra protagonista Susie (Dakota Johnson) llega al viejo continente proveniente de una familia de menonitas estrictamente religiosa. Varios flashbacks nos hacen ver que la crianza de la susodicha fue todo menos idílica. En la academia imparte clases Madame Blanc, quien a su vez está bajo las ordenes de la bruja mayor, Helena Markos. Un psiquiatra, el Doctor Klemperer, busca averiguar que hay detrás de la fachada de escuela de baile moderno. Por cierto: los tres personajes que acabo de mencionar son interpretados por la misma persona: Tilda Swinton , en lo que la cinta pretende presentar como un giro ingenioso, pero que rápidamente se convierte en un truco poco efectivo.

Klemperer esta en la búsqueda de su esposa, quien fue víctima de atrocidades de regímenes del pasado. Por su parte, Susie tendrá que desentrañar todo lo que ocurre, aprender una compleja rutina de baile y sobrevivir a la gran resurrección de la madre Suspiriorum. Si ya se sienten cansados de leer todo esto el verlo durante 152 minutos se convierte en una prueba de resistencia. La cinta tenía la intención de ser todo menos lo que se supone debía ser: una película de horror. Todas estas ideas y conceptos (persecución política, sororidades nocivas, sexualidad en conflicto) nunca terminan de conectar entre sí. El personaje del psiquiatra y toda su odisea personal bien podrían ser totalmente removidos de la cinta y no afectaría en nada al resto del relato. Las dinámicas entre las maestras y alumnas nunca termina de quedar totalmente clara y ninguna de estas damas logra tener presencia como personajes enteros o complejos.

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La única escena “terrorífica” de la cinta involucra una danza, que pasa de lo macabra a lo risible, donde se hace nudos a un personaje del cual sabemos poco o nada y por ende no nos podría ser más indiferente su muerte. La película no quiere o puede desarrollar un verdadero lenguaje cinematográfico de horror, de tensión e inquietud. Apuesta todas sus fichas a un guión enredado y poco cocido que quiere ir en diferentes direcciones y nunca termina de ir por un solo camino. Una vez más, la película cree que con solo introducir las ideas, sin hacer algo con ellas, es mas que suficiente para lograr algo a nivel narrativo. Dicho sea en otras palabras: esto se siente como una larga tesis que no sabe emplear sus fuentes y cuya redacción deja mucho que desear.

Algunos críticos señalaban que la cinta tiene pretensiones feministas o bien quiere dar algún tipo de discurso sobre la mujer. Si esa era la intención el mensaje como tal jamás queda claro. Estamos ante una película dirigida y escrita por hombres, que quiere tener un reparto enteramente femenino (de ahí que Swinton interprete al único hombre de la historia). Si hay algún manifestó sobre la condición de la mujer este carece de sentido o relevancia alguna. Incluso se le puede acusar a la cinta de ser frívola al respecto. Nicolas Winding Refn logró decir más sobre las mujeres y sus dinámicas con El Demonio Neón - 57%, un proyecto en donde el director se rodeó de mujeres con la intención de dar un sabor genuinamente femenino a la historia (dos guionistas más una directora de fotografía). Lo de Guadagnino más bien pareciera confirmar que su noción sobre las mujeres es bastante pobre y hasta agresiva, basta recordar como todos los personajes femeninos de Llámame Por Tu Nombre - 97% eran unas bobas y huecas, fácilmente manipuladas y usadas por los dos caballeros que protagonizaban la historia.

Es comprensible que todo lo ya descrito atrajera a gente con sensibilidades afines al cine de circuitos de arte y festivales. Algunos incluso prefieren el remake sobre la original, lo cual es respetable por más demente que suene. Sin embargo el remake no solo fracasa en hacer algo con tantos ingredientes, su misma naturaleza opaca la convierte en una nota gris y parca. Si no funciona como cinta de horror al menos podría funcionar como el supuesto drama psicosexual que pretende ser, pero no es ni una ni otra cosa. Para cuando el acto final llega, la danza de estas brujas se ve más como un performance vacío y risible que como la culminación de una historia de terror lograda. Suspiria - 90% de Dario Argento se mantendrá como un clásico de culto del cine de horror, la versión de Guadagnino será el suspiro de aburrimiento de un cine de “arte” profundamente confundido y que trata de tragar más de lo que puede masticar.

Veredicto: madre bulto-iorum

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