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Game of Thrones: Por qué la temporada final fue una decepción para tanta gente

La temporada 8 de Game of Thrones fue la más divisiva no solo entre los fanáticos sino también entre la crítica especializada

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Game of Thrones: Por qué la temporada final fue una decepción para tanta gente

La temporada 8 de Game of Thrones fue la más divisiva no solo entre los fanáticos sino también entre la crítica especializada

POR Rafael A. Piña -

La octava temporada de Game of Thrones - 59% ha causado una división tan grande entre los fanáticos como no se había visto en una gran franquicia desde Star Wars: Los Últimos Jedi - 91%, pero a diferencia de ésta, las opiniones negativas hacia Juego de Tronos ya no pueden ser calificadas como obra de "fans tóxicos", miembros de la ultra derecha y bots rusos, pues incluso la crítica ha calificado negativamente el que parece ser uno de los finales más decepcionantes de la historia de la televisión.

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Incluso en algunas entrevistas los actores expresaron no estar del todo felices con las acciones y los destinos finales de sus personajes a pesar de que no se atrevieran a criticar sin tapujos el trabajo de David Benioff y D.B. Weiss , creadores de la serie que lanzó a la mayoría del elenco a la fama mundial. ¿Alguien recuerda el escándalo de Mark Hamill cuando se quejó de las decisiones tomadas por Rian Johnson en el episodio VIII de Star Wars? Algo similar es lo que dejaron ver varios actores de Game of Thrones.

Sería injusto decir que todos los fanáticos de la serie están decepcionados, pero la prueba de que hay una gran cantidad de seguidores inconformes es que una petición para rehacer la temporada 8 lleva casi un millón y medio de firmas, cantidad que rara vez se consigue en este tipo de campañas.

Dejando a un lado las fantasías de millón y medio de personas, hay buenas razones para estar decepcionados por la forma en la que terminó una de las historias más grandiosas de fantasía de todos los tiempos.

Temporada apresurada y tiempo desperdiciado

Las primeras seis temporadas de Game of Thrones se tomaron el suficiente tiempo para construir un mundo verosímil y cautivante que nos solía sorprender demasiado con, al menos, los últimos dos episodios; en la séptima temporada se preparó el escenario para los importantes acontecimientos que todos esperábamos ver después, los cuales debían atar cabos sueltos y dar sentido a todas las profecías y revelaciones del pasado, pero lo que se nos dio fueron algunos capítulos lentos y con tiempo desperdiciado en cosas irrelevantes y otros donde se apresuraron a cerrar subtramas que parecían ser muy importantes.

Personajes traicionados

Uno de los peores errores de la temporada final es que tira a la basura la evolución de varios personajes y los convierte en versiones poco creíbles de sí mismos. Al final de la séptima temporada Jaime Lannister abandona a su hermana para “pelear por los vivos” y ella no duda en indicarle a "La Montaña" que lo mate si la desobedece, él descubrió que la mujer que ama está loca de remate y no le importa nada más que ella misma… luego en la octava él vuelve por ella porque siempre la amó y lo que hizo no tuvo sentido, pues él solo no haría la diferencia en Winterfell contra el ejército de los muertos vivientes.

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Sandor Clegane “El Perro”, personaje que pasó de ser odiado cuando lo conocimos como un sirviente fiel de Joffrey a ser querido porque demostró ser algo más que un asesino despiadado sin sentimientos. Sobrevivió a la muerte, se unió a la Hermandad sin Estandartes y acompañó a Jon al otro lado del Muro para capturar un zombie y llevárselo a Cersei, arriesgó su vida para salvar a Arya en la batalla de Winterfell; y después solo es un hombre loco por la venganza, cuando antes siempre había sido un sobreviviente. ¿Todo lo que vivió solo le sirvió para darse cuenta que su motivo de vivir era matar a su hermano? Y Arya… quien se convirtió en una asesina ejemplar para cobrar venganza por su familia, llega a la Fortaleza Roja y unas cuantas palabras de El Perro la hacen desistir de su misión (¡unas palabras!). Podía haber esperado a Cersei unos minutos y la hubiera apuñalado antes de que se encontrara con Jaime.

Tyrion, quien en las primeras seis temporadas era una mente brillante, pasó a convertirse en un idiota incapaz de prever que resguardar a las mujeres y los niños en las criptas de Winterfell mientras afuera los soldados se enfrentan a monstruos capaces de reanimar los cadáveres es una mala idea. Y Daenerys, la Reina Loca (porque lo lleva en la sangre) que dedicó su vida en Essos a liberar esclavos y defender a los niños e inocentes sobre todas las cosas, decide que la mejor idea para descargar su ira contra Cersei es matar a civiles por las calles, pero tal vez su peor momento es cuando la vemos hablando como cualquier dictador a Jon en el capítulo final, sin haberse esmerado los guionistas en hacer creíble esa transformación.

Inverosimilitud e incoherencias

Desde la séptima temporada ya se vislumbraba un cambio muy grande con respecto a las anteriores seis temporadas, pues mientras la historia creada por George R.R. Martin tenía cuidado en detalles como las largas distancias que hay entre los reinos, en los episodios donde la historia estuvo a cargo de los guionistas de la serie, comenzaron a aparecer incoherencias y cosas inverosímiles para Game of Thrones. Durante la batalla de Winterfell, cuya estrategia de defensa debería ser reconocida como una de las peores de todos los tiempos, casualmente no vemos morir a personajes como Jaime, Brienne, Tormund y Samwell Tarly, los cuales casi todo el capítulo estuvieron rodeados por legiones de zombies que barrieron con los feroces dothraki y con los inmaculados y que hicieron temblar de miedo a “El Perro” y Arya Stark. Uno de los mejores aspectos de Game of Thrones era que no temía acabar con la vida de los protagonistas, la muerte de Ned Stark sigue presente en nuestra memoria, pero en la Batalla de Winterfell, contra la mayor amenaza jamás antes conocida, los guionistas tuvieron miedo de matar a los más populares aunque el espectáculo perdiera verosimilitud.

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Por si eso fuera poco, Daenerys es tan tonta que se olvida (literalmente eso dice David Benioff en un detrás de cámaras) de la flota de Euron, quizá la amenaza más grande en su intento por conquistar Desembarco del Rey, y sus dragones no pueden ver a toda una flota mientras volaban por el cielo, pero Euron sí puede ver a un dragón y atinarle tres flechas seguidas con su ballesta gigante.

En el episodio cuatro, “The Last of the Starks”, Gusano Gris ve morir decapitada a su amada Missandei y por eso en los siguientes dos no tiene reparos al despachar a los enemigos de Daenerys ya rendidos, pero cuando Jon Snow acaba con la reina que lo liberó de la esclavitud, por alguna extraña razón que muchos no podemos tragarnos, encierra a Jon en lugar de ejecutarlo. La lista podía ser mucho más larga, pero con esos ejemplos basta para dejarlo claro, estos tropiezos que Game of Thrones rara vez tenía ahora fueron abundantes.

Subtramas abandonadas sin sentido

El príncipe prometido, el que Melisandre creyó ver en Stannis Baratheon y luego en Jon Snow, ¿quién era y cuál era su propósito? El Señor de la Luz, esa entidad sobrenatural capaz de resucitar a Beric Dondarrion y al mismo Jon Snow, de encender en llamas las hoces de los dothraki y la barricada de Winterfell, ¿qué era realmente y cuál era su propósito en la lucha contra el Rey de la Noche? A lo largo de la serie todo apuntaba a que esos personajes tendrían papeles mucho más importantes de lo que nos dieron.

La revelación de que Jon Snow eran Aegon Targaryen reforzaba la idea de que él era el príncipe prometido del Señor de la Luz, el que salvaría al mundo de la oscuridad, pero para sorprendernos los guionistas lo convirtieron en un inútil que grita a un dragón zombie mientras Arya corre para matar al Rey de la Noche, y ella sobrevive porque parte de lo profetizado por Melisandre era que ella cerraría ojos verdes, pero eso también prefieren dejarlo a nuestra imaginación.

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El destino de los protagonistas

Quizá el destino más triste fue el de Daenerys, personaje que pudo haber tenido el mismo final pero con mejor desarrollo, ya que en dos capítulos resultó poco creíble para la mayoría que la Rompedora de Cadenas se convirtiera en una Hitler medieval (o en una Lucifer, incluso lo insinúan cuando las alas de Drogon parecen salir de su espalda).

Contrario a lo que muchos aseguran, los fanáticos inconformes con el final de Game of Thrones no querían un final tipo Walt Disney; de hecho el final que recibimos fue más parecido a uno de Walt Disney del que se esperaba: Tyrion siendo aceptado como Mano del Rey y rodeándose de sus amigos después de que ayudó a la mujer que masacró civiles no parece un final tan trágico, ni el de Jon caminando hacia el norte del Muro al frente de los Salvajes; ni el de Sansa como reina de Winterfell; ni el de Arya-Cristóbal Colón.

Nadie pedía un final feliz ni un final trágico obligatoriamente, solo uno que tuviera sentido con el resto de la serie, y si los showrunners hubieran desarrollado bien los cambios que experimentaron los personajes aprovechando el tiempo que tenían a disposición o con más capítulos, la reacción de los fans sería diferente.

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