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El Vicepresidente: Más Allá del Poder | Ingenioso retrato de un perverso vicepresidente

Una comedia dramática biográfica que nos acerca a la vida y actividad del vicepresidente más poderoso en la historia de Estados Unidos, con mucho ingenio e ironía de por medio.

Solo desde el título, Adam McKay ya comienza a descubrir las verdaderas intenciones de su película. Cuatro letras -bien puestas- son suficientes para hacer alusión al político que retrata, en conjunto con la adicción que el poder y el control pueden provocar, además de la corrupción que le sigue en algunos casos, por no decir en todos. El tema político podrá ser fascinante para muchos, pero en el cine las películas de este tipo se nos pueden hacer muy aburridas, sobre todo cuando se trata de política exterior, que a simple vista nada tiene que ver con nosotros, aunque en realidad sea la que maneja el mundo. El Vicepresidente: Más Allá del Poder - 69% está del otro lado de la cerca, lejos de malas películas con esa temática, soporíferas, y desde la comedia, pero muy cerca del sarcasmo, se nos plantea un entretenido y sombrío relato sobre la vida y el ascenso al poder del vicepresidente Dick Cheney.

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McKay se caracteriza por su innegable lado cómico, cuya experiencia viene de escribir para Saturday Night Live y juntarse con Will Ferrell en alguna que otra comedia de calidad. Ya se había acercado al Óscar con La Gran Apue$ta - 88%, una película biográfica mucho más compleja sobre el mundo de las finanzas, donde mostró claramente su particular visión del género, siendo capaz de aplicarlo a historias basadas en hechos reales sin perder la sensibilidad ante los temas delicados. Y si esa historia trataba más sobre las personas que el medio en sí, también se puede decir que su relato de el vicepresidente es más sobre los políticos que la política.

Durante su juventud, Cheney (Christian Bale) fue un don nadie que abusaba del alcohol y no podía evitar meterse en peleas. Le llegó la madurez hasta que su esposa Lynne (Amy Adams) le puso los puntos sobre las íes y supo dar un ultimátum, por lo que decidió pasar de ser un borracho fracasado a un hombre lleno de ambiciones y hambre de poder. El ascenso de una de las figuras políticas más controvertidas de la historia empieza desde que se convirtió en un interno de la Casa Blanca durante la administración de Richard Nixon. A partir de ahí encontró inspiración en el asesor económico Donald Rumsfeld (Steve Carell), a quien supo ganarse inmediatamente para subir escalones.

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Todo empezó a ir cuesta arriba para este hombre observador y de pocas palabras. Conservador y republicano de hueso colorado, con una ética y moral camaleónicas, que aprendió a adaptarse a las circunstancias según le beneficiara. El hecho de que su hija Mary (Alison Pill) sea abiertamente gay y él nunca le de la espalda, remarcan la fuerza de Cheney, a quien ni siquiera esto lo detuvo de convertirse en la persona más relevante de la oficina oval. Le encanta el poder y no puede evitarlo, pero sus fallidos intentos por llegar a la presidencia y sus problemas de salud -como el infarto que sufre y los posteriores chistes sobre ello- no hicieron más que fortalecerlo en su carrera política.

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Después de que los demócratas tomaron el control del gobierno, Dick se alejó y se decidió por el sector privado y a una vida tranquila con su familia, pero una llamada telefónica lo cambió todo y accede a convertirse en el compañero de fórmula de George W. Bush (Sam Rockwell), sabiendo que los vicepresidentes suelen ser la burla de la gente porque se dice que solo están para llenar un puesto. Con Cheney todo es diferente y sus decisiones y manipulaciones a la constitución causan estragos que afectan directamente a la política mundial hasta el día de hoy, la guerra contra Irak en 2003 por ejemplo, Donald Trump incluido, demostrando que detrás del disfraz cómico hay un personaje de armas tomar dibujado con astucia por Adam McKay.

Las razones por las que el cineasta estadounidense decidió realizar la cinta están ahí en la película. Se rodea de un gran equipo que entrega desde una buena banda sonora hasta un ágil montaje para construir un relato que se arma con la ayuda de imágenes absurdas y sarcásticas de las que uno no puede evitar reírse, sobre todo si recordamos que así se decidieron las acciones que cambiaron el rumbo de dos países: Estados Unidos e Irak. Existen imágenes montadas que se intercalan con las secuencias en las que interactúan los protagonistas, sin miedo de llegar a hacer algo ridículo o romper la cuarta pared, cortesía de un genial Jesse Plemons como narrador. Sin embargo, este ambicioso trabajo tiene su mejor arma en la labor interpretativa de su reparto de primera línea.

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La transformación física de Bale, más el excelente trabajo de maquillaje, le suman puntos a sus movimientos y la cadencia de su voz en un rol que provoca asco, pero al que no le podemos quitar los ojos de encima. Deja su característico histrionismo a un lado para entregar una interpretación más contenida, como no lo habíamos visto, donde actúa desde las sombras y maquina algunos de los planes más oscuros que se le ocurrieron a la figura política de Dick Cheney. Por otro lado, una igualmente transformada Amy Adams está magnífica en su rol, que dista mucho de ser solo la mujer de un político, sino que, a pesar de ser igual o más conservadora, es convertida en una poderosa fuerza femenina que busca impulsar la carrera de su esposo, con voz propia. Una excelente dupla actoral que colabora junta por tercera vez luego de El peleador - 91% y Escándalo Americano - 93%.

Así, El Vicepresidente: Más Allá del Poder - 69% apuesta por el drama político lleno de humor e ironía metaficcional como recursos para aleccionar al espectador al mismo tiempo que lo entretiene -con una inteligente secuencia a la mitad de los créditos incluida-, no sin antes destrozar a la figura política con un relato tragicómico.

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