Sobriedad, me estás matando promete comedia. Eso es lo primero. Uno entra a la sala esperando ligereza, chistes, quizá ironía amable. Pero la realidad es otra: la película es cruda, incómoda, brutalmente honesta. No dudo que será multipremiada por la crítica, porque no busca gustar, busca decir algo. Y lo dice aunque incomode.
Actuaciones que dan ganas de cruzar la pantalla
Las actuaciones son tan reales que llega un momento en el que quieres meterte en la pantalla y pegarle al protagonista. No porque esté mal, sino porque está demasiado bien. Octavio Hinojosa construye a Raffi con una verdad que desespera. Un hombre roto, irónico, autodestructivo, incapaz de sostenerse a sí mismo sin anestesia.
Y entonces ocurre lo inesperado: cuando ya no lo soportas, te duele.
La herida original: no haber sido deseado
Aquí está el corazón de la película.
El golpe más duro no son las drogas, ni las recaídas, ni la autodestrucción. Es la aceptación de una verdad insoportable: ninguno de sus padres lo deseaba. Ninguno. Para mí, esta es la parte más cruda de toda la película.
Esa premisa se sostiene como una piedra en el zapato de todos los que miramos. No te deja acomodarte en la butaca. Es incómoda, dolorosa, profundamente humana. Y transforma la mirada.
Una película que no habla de paternidad… pero habla de todo
Y lo digo como madre.
Esta es una película que, aunque no habla explícitamente de paternidad, tiene absolutamente todo que ver con ella. Porque te muestra el grado en el que un ser humano puede ser destruido desde su raíz. Y cómo, a lo largo de su vida, decide escapar de la realidad a través de las drogas.
No por placer.
Por sobrevivencia emocional.
La sobriedad como golpe, no como redención
Esta película habla de la parte más dura de un adicto: el golpe de realidad dolorosa. No hay romantización. No hay salvación fácil. Solo la aceptación brutal de una verdad que duele más que seguir huyendo.
Alfonso Borbolla, como Trino, es el contrapeso perfecto. El amigo que acompaña sin justificar, que observa sin abandonar. El que pone la vida sobre la mesa, aceptando todo por su verdadero amigo.
Los 40: la nueva juventud tardía
Sobriedad, me estás matando también habla de una generación completa. Llegar a los 40 años se ha convertido, de golpe y porrazo, en una especie de juventud tardía, donde los protagonistas siguen armando las piezas de sus vidas como si el instructivo nunca hubiera llegado.
Todo está incompleto.
Todo está a medio hacer.
Y eso duele.
Verla con un hijo cambia todo
Fui a verla con mi hijo. Y tengo que decirlo: mi hijo quedó impactado por la trama y el guion. Es una película cruda y dura, como carne mal cocida. No entra fácil. No se digiere rápido. Pero te deja pensando. Y hoy, eso es un acto de valentía.
Oscura, incómoda y necesaria
Los escritores son profundos. El guion no pide permiso.
Las actuaciones de Maya Zapata, Mónica Dionne y Hugo Catalán sostienen un universo oscuro sin caricaturas. Y sorprende ver cómo uno de los grandes comediantes de México confirma, sin exagerar, el enorme actor que es.
Incomoda pero necesaria. Imperdible.
Seguramente en los premios Ariel de varias actuaciones.