Después de pasar varios años momificado bajo la tumba de los grandes estudios, el subgénero de las momias finalmente ha regresado esta semana a las salas de cine por todo lo alto con un exponente que dejaría más tieso de lo que ya está al mismísimo Tutankamón, La Posesión de la Momia del director Lee Cronin. Si tuviera que resumir la experiencia de ver esta película en la pantalla grande, diría que se siente como ese meme de Mr. Increíble que gradualmente se va oscureciendo y deformando hasta convertirse en una calavera, así que si no te importa tu salud mental y estás dispuesto a lastimarte las uñas por clavárselas a los asientos de la butaca, no te la puedes perder este fin de semana.
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¿De qué trata La Posesión de la Momia?
En La Posesión de la Momia, la joven hija de un periodista desaparece en el desierto sin dejar rastro. Ocho años después, la familia, destrozada, queda en shock cuando ella regresa a casa… pero lo que debería ser un reencuentro lleno de alegría se transforma en una pesadilla viviente. En el elenco podemos encontrar a Jack Reynor, Natalie Grace, Laia Costa, Billie Roy, May Calamawy, Verónica Falcón, entre otros.
A Lee Cronin hay que mandarle la factura del psicólogo
Como muchos recordarán, hace tres años Lee Cronin ya había perturbado nuestra paz con Evil Dead: El Despertar, una cinta que abría nuevamente las páginas del Necronomicón para saciar la sed de sangre de todos los fans de la franquicia. Un ritmo frenético que no daba tregua, litros y litros de sangre falsa, un rallador de quesos y un sueño eran los ases bajo la manga con los que Cronin contaba en el momento y vaya que no decepcionó, la entrega fue todo un éxito entre la crítica y los amantes del horror, así que las expectativas puestas sobre lo siguiente que fuera a realizar el director se dispararon a los cielos.
Es un placer informar entonces, que Cronin no ha despegado el pie del acelerador y nos ha entregado un sucesor espiritual de aquella película tanto temáticamente como en su despliegue de brutalidad. En La Posesión de la Momia, el cineasta irlandés retoma las posesiones demoníacas como eje central y le agrega a la formula una pizca de mitología sobre las maldiciones egipcias, una combinación forjada en el inframundo que no sabíamos que necesitábamos hasta ahora y que dignifica la figura de la momia como ícono del terror.
Completamente alejada del tono aventurero de las películas de Brendan Fraser y del fallido reboot de 2017 protagonizado por Tom Cruise, La Posesión de la Momia es una historia original que no teme a comprometerse con su propio caos. Aquí, vemos a un Cronin mucho más seguro en su dirección, retomando las cosas que le funcionaron en sus producciones pasadas como el jugueteo con los encuadres y las perspectivas de la cámara para colocarnos tanto en la posición del verdugo como de la víctima. La fotografía no es un apartado que se le celebre comúnmente al género del horror, pero aquí verdaderamente destaca al despertar una sensación claustrofóbica en el espectador: por momentos llega a ser tan cerrada que nos sentimos aprisionados con la familia en aquella casa de Albuquerque donde se desarrolla gran parte de la trama. La gradación de color también ayuda a crear esta atmósfera seca y decadente donde, a pesar de que haya una pantalla de distancia entre los personajes y nosotros, podemos sentir la pesadez del aire, el olor a vómito y sangre en el ambiente, y la madera de la casa pudriéndose conforme el mal se extiende.
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La clave está en el equilibrio
Tras las primeras reacciones de la prensa internacional, se habló mucho de la brutalidad de La Posesión de la Momia en cuestión de gore, y aunque estos comentarios muchas veces llegan a caer en la hipérbole, en esta ocasión están perfectamente justificados. Parece que como parte del contrato, el estudio requería que Cronin subiera la apuesta al siguiente nivel y con carta blanca el director no se contuvo a la hora de plasmar sus más oscuras fantasías en esta película; si lo tuyo es el body horror, te la vas a pasar como niño en juguetería, aquí hay contorsiones dolorosas de ver, mordeduras, tripas, dientes volando por doquier, piel siendo arrancada a diestra y siniestra, vómito en cantidades industriales y sangre suficiente para llenar la piscina del actor más lucrativo de Hollywood.
Todo esto podría sonar a que la película apela a un nicho muy pequeño del público, pero lo cierto es que este exceso, con todo y lo desagradable que puede llegar a ser, nunca se vuelve insoportable, y todo es gracias al humor negro que impregna el ADN de la historia. Ya sea sutilmente, como colocando un tierno póster de gatitos al fondo de una escena donde está pasando algo grotesco, o puesto explícitamente en los diálogos de los personajes, como la conversación de dos mujeres mayores en la escena de un funeral, el macabro humor de La Posesión de la Momia te logra sacar la carcajada en repetidas ocasiones y aligera mucha de la tensión que de otra forma sería asfixiante.
Es crédito, tanto de los actores como del director, el excelente timing cómico de La Posesión de la Momia, y sin lugar a dudas será uno de los distintivos por los que será celebrada en el presente y recordada posteriormente. Y es que al final, un género como el horror siempre se saborea mejor cuando no se toma demasiado en serio a sí mismo y se permite tomar riesgos, jugar con las maquinaciones de su narrativa y dar rienda suelta a sus excentricidades.

Baches en el camino a Egipto
Lamentablemente, aunque la película en conjunto funciona, hay algunos elementos que no terminan de cuajar a la hora de diseccionarla por partes. En primer lugar, el ritmo durante el primer acto y parte del segundo es lento, tomándose demasiado tiempo para preparar el escenario y llegar al punto que quiere, con muchas escenas cargadas de un tono dramático y pocas que vayan sembrando el terror, las cuales son, al final del día, la razón por la que el público está ahí. El problema es que, una vez establecido el conflicto principal, el ritmo se va al otro extremo, avanzando a toda velocidad a través de la locura que se desarrolla sin dejar mucho espacio para que las escenas respiren y las emociones se asienten.
La edición de La Posesión de la Momia también toma algunas decisiones extrañas, pero para no revelar muchos detalles de la trama digamos que en una escena los personajes están en Nuevo México y a la siguiente los vemos andando por las calles de Egipto. Y al final esto vuelve a repetirse a la inversa, con un personaje que comienza a atar los cabos en su oficina de El Cairo y convenientemente la siguiente vez que lo vemos ya está en Albuquerque porque el tercer acto así lo requiere, pero al no establecer bien los tiempos en que se desarrollan los acontecimientos parece que esto sucede el mismo día, cuando una distancia así la recorres en avión cuando menos en 20 horas.
En la parte creativa, sentí que la explicación final sobre lo que le ocurrió a Katie repite tanto en fondo y forma (terror analógico) lo que ya vimos el año pasado en Haz Que Regrese de Danny y Michael Philippou, con esas cintas que tenía el personaje interpretado por Sally Hawkins en las que un culto buscaba transferir el alma de un cuerpo a otro. Por otra parte, creo que la película pudo y debió haber agregado más elementos relacionados con las momias, porque al final, fiel al título que se le colocó en Latinoamérica, las posesiones demoníacas toman el mando y terminan relegando a un segundo plano lo relacionado con los cadáveres cubiertos de vendas. Y finalmente, creo que la escena final que desarrolla en la prisión de El Cairo y funciona como epílogo se siente complaciente, hubiera preferido que la película terminara en la secuencia anterior que involucra a un baúl, porque si hay lugar para un final agridulce en el que no todos los personajes salen bien librados es una película como esta, y lamentablemente no se atrevieron a ir por esa línea.
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Un elenco de ultratumba
Gran parte de que La Posesión de la Momia termine provocando el efecto deseado en el espectador es gracias al compromiso del reparto con el material que se les da. Como no podía ser de otra forma, Natalie Grace es la encargada de sostener sobre sus hombros la película con su interpretación de poseída, canalizando la misma energía de Linda Blair en El Exorcista. La actriz, sin necesidad de diálogos, se siente como la encarnación de la maldad, creando el tipo de tipo de antagonista de horror que será recordado mucho tiempo después de que los créditos comiencen a rodar.
Por su parte, Jack Reynor y Laia Costa hacen que la angustia y la desesperación de estos padres de familia se sienta palpable en todo momento. Realmente es doloroso de ver como conforme avanza la película la desesperanza de sus personajes comienza a reflejarse en su mirada, en sus expresiones, y que uno como espectador pueda sentir empatía por la terrible situación que atraviesan es testimonio del increíble trabajo que hacen ambos. Mayo Calamawy también hace un excelente trabajo como la oficial que ayuda a la familia a resolver el caso de Katie pero el guion no le da mucho para explorar fuera de encarnar el arquetipo de policía bueno.
También vale la pena destacar la participación de la actriz mexicana Verónica Falcón, como la abuela materna de la familia, y la pequeña Billie Roy. A ambas les toca la tarea de funcionar como el alivio cómico del filme y aprovechan al máximo los divertidos diálogos que les toca pronunciar, haciendo que te encariñes y preocupes por el destino de sus personajes. Sin dar spoilers, en el tercer acto Cronin requiere que ambas exploren sus personajes desde una nueva faceta, y no solo lo entienden a la perfección, sino que lo hacen sin perder ese timing cómico que ya habían establecido.

El diablo está en los detalles
Antes de finalizar, no puedo dejar de mencionar lo bien manejado que está el apartado sonoro de La Posesión de la Momia. A través de cosas como crujidos, pasos acelerados recorriendo los pasillos, el eco que hacen los dientes al chocar entre sí, los aleteos de las moscas cada vez más persistentes en la casa conforme avanza el metraje, el sonido logra crear una nueva capa de tensión al grado de sentirse como otro protagonista del proyecto.
Los efectos especiales y el departamento de maquillaje tampoco pasan desapercibidos, pues como en toda buena obra de body horror ambos tienen que ingeniárselas para darle credibilidad a los momentos más grotescos que se muestran en la pantalla y no se quedan cortos al llevar la incomodidad al siguiente nivel. Incluso las personas de estómago fuerte van a querer cubrirse los ojos con las manos en al menos un par de ocasiones gracias al realismo con el que se retrata la violencia de la película.
Veredicto
Con La Posesión de la Momia, Lee Cronin ha conseguido hacer lo que muchos cineastas no han podido en un largo tiempo: hacer que las momias vuelvan a ser aterradoras. Pese a no ser perfecta, la película es una misa negra en nombre del body horror y las posesiones demoníacas que no dejará indiferente a nadie. Asegúrate de traer una bolsita a la mano por si las náuseas.