Gerardo Taracena no fue un rostro pasajero ni un nombre circunstancial en los créditos. Fue un actor de esos que ponen el cuerpo completo al servicio de la historia. De los que entienden que el arte escénico no empieza en la cámara, sino en el hueso, en la respiración, en la disciplina.
Hablar de Gerardo Taracena es hablar de trayectoria, de constancia y de una carrera construida con respeto absoluto por el oficio.
Apocalypto: el mundo mirando hacia nuestras raíces
En Apocalypto, película escrita y dirigida por Mel Gibson, con guion de Mel Gibson y Farhad Safinia, Gerardo Taracena fue parte fundamental de una obra que marcó un antes y un después en la representación de las culturas originarias en el cine internacional.
No fue un papel decorativo.
Fue presencia.
Fue fuerza.
Fue identidad.
Apocalypto no solo mostró una civilización: la hizo sentir. Y actores como Taracena fueron esenciales para que esa verdad se sostuviera en pantalla. Su trabajo ayudó a que el mundo mirara hacia nuestras raíces sin filtros folklóricos, sin concesiones.
Una carrera forjada desde el teatro
Gerardo Taracena fue, ante todo, hombre de teatro. Amante del escenario como el verdadero inicio del arte escénico. Sabía que el teatro es escuela, templo y prueba de fuego. Ahí donde no hay edición ni segundas oportunidades, se construye el actor de verdad.
Su formación escénica se notaba en cada proyecto. En su control corporal. En su escucha. En su manera de habitar el silencio. El cine llegó como una extensión natural de ese trabajo profundo, no como atajo.
Cine con carácter y personajes memorables
Además de Apocalypto, Gerardo Taracena dejó huella en el cine mexicano con papeles intensos, complejos, muchas veces incómodos. Participó en películas como El violín, Salvando al soldado Pérez, Get the Gringo y otros proyectos donde su presencia elevaba la escena.
Nunca fue actor de fórmula.
Nunca fue cómodo.
Siempre fue necesario.
Elegía proyectos con alma. Cine de calidad. Historias que exigían compromiso físico y emocional. Eso lo convirtió en un actor respetado por colegas y directores.
El encuentro: UNIFEST FILMS
Tuve el honor de conocerlo en el festival UNIFEST FILMS, donde también tuve el honor de ser una de las jueces. Y lo digo sin exagerar: qué fortuna. Qué fortuna coincidir con un artista así.
Le hicimos un reconocimiento en vida por su trayectoria. Un acto que hoy cobra un significado aún más profundo. Gerardo era un hombre lleno de planes, de ideas, de futuro. Hablaba del cine con pasión, del teatro con amor, del oficio con una humildad que solo tienen los grandes.
La partida que no borra el legado
Este fin de semana, Gerardo Taracena perdió la vida. Aún se desconocen las causas. Pero lejos de eso, lo que permanece es su trabajo, su entrega, su legado artístico.
Estamos seguros de que allá, a donde van los actores que lo dieron todo, lo recibieron con aplausos. De esos largos, sinceros, eternos. De esos que no se piden: se ganan.
Gracias, Gerardo Taracena
Gracias por representar nuestras raíces con dignidad.
Gracias por Apocalypto.
Gracias por el teatro.
Gracias por el cine.
Gracias por recordarnos que el arte se hace con el cuerpo y con el alma.
Ahora conoces el paraíso que nos hiciste vivir con tus actuaciones.
Descansa en paz, querido Gerardo Taracena. LOS TOMATINOS te vamos a extrañar.