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De Alice Guy a Greta Gerwig: directoras y el female gaze

Adéntrate en las historias de cineastas que emergieron desde las sombras, dejando una marca imborrable en la industria y redefiniendo la percepción de la mujer en pantalla.

Los récords de la película Barbie - 88% de Greta Gerwig han llegado a poner en el centro de la conversación el papel que han jugado las directoras a lo largo de la historia del cine. Ante una ola de aportaciones a proyectos basados en juguetes por parte de los grandes estudios, es más palpable que nunca el hecho de que lo que la audiencia esperaba de esta cinta era una forma de narrar a la diversidad y pluralidad de las mujeres desde el lente de una talentosa directora con un discurso —que al menos intenta ser— feminista.

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El estilo distintivo de las directoras de cine y guionistas

Tal como lo diría Gwendolyn Audrey Foster en su diccionario Women Film Directors, no existe una “típica directora de cine”. Dentro del fascinante tapiz del ámbito cinematográfico, un gran reparto coral de diversas voces emerge a través de la historia del cine aferrándose firmemente a la noción de que ningún molde único encapsula la esencia de una mujer —ni en la vida ni en el cine. Tan innumerables como las estrellas que adornan el cielo nocturno, estas cineastas atraviesan un laberinto de enfoques, forjando su camino único dentro del arte del cine.

Pero entonces la pregunta queda en el aire, ¿qué sí hace distinta a la propuesta de las mujeres, guionistas y directoras? La respuesta, desde luego, obedece mucho más a la misma existencia humana que con una propuesta enteramente feminista. Aunque, difícilmente estas se encontraran desconectadas, después de todo, de la condición de mujer y su existencia emergen la gran mayoría de posturas de la teoría feminista.

Ryan Gosling, Margot Robbie y Greta Gerwig en el set de Barbie (Crédito: Warner Bros.)
Ryan Gosling, Margot Robbie y Greta Gerwig en el set de Barbie (Crédito: Warner Bros.)

Las pioneras de la cinematografía cuentan con pinceladas tan diversas, mientras nos invitan a mundos en diversas escalas y, valores de producción, que van desde lo opulento hasta lo austero, con una variedad de preocupaciones sociales y económicas que tejen un tapiz tan intrincado como cautivador. Sin embargo, un hilo común las une a todas: sus visiones inquebrantables de lo que significa ser una mujer cineasta en la sociedad contemporánea.

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Las arquitectas de este tapiz son figuras eminentes cuyos nombres ya resuenan a través del tiempo. Sus triunfos, sueños y luchas se encuentran irremediablemente vinculadas dentro de un proceso de (auto)descubrimiento artístico, que a menudo ha navegado por caminos no convencionales. Y es que, mucho antes de su llegada, estas ya se había alzado con roles determinantes en las vidas de directores masculinos célebres, ya sean esposas, hermanas, musa o "protagonistas", emergiendo como heroínas anónimas con injerencia directa en su obra: mujeres cineastas que permanecieron sin crédito o relegadas a las sombras.

Dentro de este selecto grupo, se encuentra un panorama de espíritus creativos. Algunos son abanderados del "género", dejando su huella en el ámbito de la bulliciosa calle de Hollywood. Otros, inconformistas en los márgenes, transgrediendo los límites dentro y más allá del celuloide. Reuniendo películas de diversos temas, lograron recopilar un testimonio vivo de su resonancia única con la experiencia humana.

La huella de Ida Lupino

La memoria del cine considera a Ida Lupino como una mujer impulsada no por el destino, sino por la necesidad. Como testimonio del poder de la determinación de un individuo, en este caso de una mujer, labró camino propio donde no había ninguno. Lupino marcó un hito al asumir la dirección de una película de estudio en Hollywood, siendo la primera mujer en lograrlo.

A lo largo del período de 1949 a 1966, Lupino dejó su huella al dirigir un total de 16 películas. Entre las más notables se cuentan Out of the Past (1947), The Bigamist (1953) y The Trouble with Angels (1966). Además de su labor detrás de la cámara, Lupino también desplegó su talento como guionista y productora en varias de sus obras. El estilo narrativo de Lupino destacó por su realismo, capturando la esencia de la vida cotidiana de personas comunes, plasmando personajes dotados de una rica complejidad y contradicciones inherentes. Su inquietud por abordar cuestiones sociales, tales como el racismo, la pobreza y la violencia contra la mujer, impregna muchas de sus creaciones.

Lupino, como visionaria directora, pavimentó el camino para otras mujeres en la industria cinematográfica de Hollywood. Su legado perdura, reverenciado por lo genuino de su enfoque, el particular carácter de poder de sus personajes femeninos y su perspicaz exploración de temáticas sociales.

Ida Lupino (Crédito: Vanity Fair)
Ida Lupino (Crédito: Vanity Fair)

Mai Zetterling, una actriz y directora que dio a luz su propia visión, desplegándose de los estereotipos dentro de un contexto dominado por hombres, aunque seguramente la conoces mejor como la abuela de Las Brujas - 100% de 1990. El estilo narrativo de Zetterling se distingue por su adhesión al realismo social, su énfasis en las figuras femeninas y su audaz experimentación con las formas del cine.

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Con una importante trayectoria como actriz en la década de los cuarenta, no pasó mucho tiempo antes de que la dirección la capturara. En 1953, emergió como directora con Kvinnors väntan (La espera de las mujeres). Este debut resultó en un éxito aplaudido tanto por la crítica como por la taquilla, situando a Zetterling como una de las directoras preeminentes de Suecia y Europa.

A lo largo del período de 1953 a 1980, Zetterling encabezó la dirección de un total de 26 películas. Entre sus títulos más reconocidos figuran Loving Couples (1964), The Girls (1968) y Night Games (1966). Además de su labor detrás de las cámaras, se erige como autora de diversos guiones y productora de varias de sus obras.

Sus filmes también se decantan por el realismo de la vida cotidiana, modelando personajes, frecuentemente mujeres, caracterizados por su intrincada dualidad. Zetterling, asimismo, se aventuró a explorar cuestiones como el sexismo, el racismo y la penuria. Tenía una predilección por actores no profesionales en sus producciones, un factor que impregnaba a su obra de autenticidad.

Beth B., aprovechó la simplicidad de la película Super 8 mm, empleándola como un conducto para la expresión urgente, imperturbable ante la posibilidad de que la oportunidad se le escapara de las manos. Como una versátil figura en el panorama artístico estadounidense, desempeñó los roles de directora, actriz y fotógrafa. Su obra se forjó en el seno del movimiento underground del cine durante la década de 1980, y sus películas emergen como exploraciones audaces en torno a temáticas de género, sexualidad y violencia.

Asimismo, sus filmes proyectan una atención especial hacia las figuras marginadas, abrazando la vida de prostitutas, adictos y criminales, una elección que le permite examinar sus existencias desde una perspectiva íntima y personal. La violencia, en manos de Beth B, adquiere el rol de lenguaje expresivo. Sus películas, en ocasiones crudas y viscerales, no obstante, evitan el uso gratuito de esta, empleándola como medio para sondear dimensiones del dolor, la pérdida y la redención. Su obra no solo provoca sino que confronta al espectador, desafiándolo a contemplar el mundo desde nuevas perspectivas.

La vanguardista Alice Guy

Mirando hacia el pasado, nos encontramos con Alice Guy, una pionera anónima que grabó su huella en el lienzo de celuloide en 1896, narrando historias que resonaron a través del tiempo. Destacando con la vanguardia en la dirección fílmica de ficción, su legado consiste en ser reconocida como la primera mujer en ejercer dicho rol. A lo largo del período comprendido entre 1896 y 1922, acometió la dirección de más de 1,000 películas, abarcando una variada paleta de géneros que engloba desde el drama hasta la comedia, el crimen y el western.

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Guy emergió como una visionaria que redefinió las técnicas cinematográficas, presentando innovaciones audaces como la utilización de la cámara en mano y el montaje. Su legado se extiende más allá de su destreza técnica, ya que abrazó la diversidad y la inclusión al brindar oportunidades a mujeres y personas de color en la industria.

El estilo narrativo acuñado por Lois Weber revela su destreza en el uso de la metáfora, resaltando su énfasis en personajes femeninos. Considerada una mujer prodigio, sus películas se entrelazan con simbolismo y alegorías, tejidas con imágenes evocadoras que dan vida a ideas intrincadas. Su obra captura el conflicto entre las tradiciones victorianas y los discursos emancipatorios de la Nueva Mujer.

Reflejando la incertidumbre de convertirse en mujer en una era de progreso, su legado cinematográfico recoge la evolución psicológica de la mujer en un contexto en constante metamorfosis. Así, Weber se convierte en un testigo clave de los desafíos y triunfos femeninos durante una encrucijada histórica, perpetuando una herencia que sigue vigente hasta el día de hoy.

Alile Sharon Larkin y las mujeres afrodescendientes

Alile Sharon Larkin, fue creadora de películas sobre mujeres afrodescendientes, yuxtaponiendo narrativas alternativas hizo frente a la “desnarración” de la experiencia africana. Como una figura multifacética en la escena cinematográfica estadounidense, destacó como directora, guionista y actriz interesada en la representación de las mujeres afroamericanas en la gran pantalla. Su estilo narrativo se teje con la distintiva marca de su voz en off, un enfoque agudo en figuras femeninas y una inquisitiva exploración de problemáticas sociales.

A lo largo de su trayectoria, Larkin emprendió la dirección de cinco películas, en el período comprendido entre 1987 y 2000. Entre sus producciones más icónicas destacan Ain't No Fire Burning (1987), The Watermelon Woman (1996) y The Passion of Remembrance (1986). Además de su pericia detrás de las cámaras, también ejerció como autora de guiones y productora en diversos de sus trabajos.

Las pioneras dieron forma a los cimientos mismos del cine. Los gustos de Maya Deren y Sara Kathryn Arledge, pioneros que sentaron las bases experimentales en Estados Unidos, dando, la artista estadounidense-ucraniana, Maya Deren, dejó huella como directora, bailarina, escritora y fotógrafa, distinguiéndose como pionera en el cine experimental. Utilizaba magistralmente la cámara subjetiva para indagar en los estados alterados de conciencia, aprovechando primeros planos impactantes, secuencias a cámara lenta y una audaz edición experimental.

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Su trabajo fue influenciado por el misticismo, la magia y el vudú, dando lugar a una narrativa visual de gran belleza y evocación. Su espíritu inquisitivo la llevó a una incesante experimentación, dejando un faro en la historia del cine experimental que refleja su perspicacia artística. Por su parte, Arledge exploraba la naturaleza con su cámara, capturando su belleza.

Sus filmes, espirituales, abordaban temas como la meditación, la oración y la conexión con el entorno natural. Utilizaba técnicas experimentales para crear imágenes únicas. Su trabajo fue un hito en el cine experimental, abriendo el camino para futuros cineastas. Su legado, relacionado a la belleza, la relación humano-medio ambiente y el poder expresivo del cine, sigue vigente.

Otras directoras como Yvonne Rainer, apostaron por experimentos que canalizaron la vida y sufrimiento de las mujeres a través de una lente que magnificó la menopausia, la violación y la marginación social. Trinh T. Minh-ha, una verdadera estrella multipremiada realizó distintos documentales que desafían la categorización, estirando la definición misma de verdad en celuloide.

Su obra giró en torno a historias de identidad, género, colonialismo y postcolonialismo. Sus técnicas cinematográficas desafiaron las convenciones del cine tradicional, siendo conocida por su uso de la voz en off, que a menudo es poética y reflexiva. Barbara Kopple, haciéndose eco del mismo compromiso, entrelazando su narrativa con el tejido de la transformación social.

A la par, Carolee Schneemann, exploró la sexualidad, el poder y el género, junto a Barbara Hammer, quien forja su narrativa única desde una perspectiva divergente. Sus lentes, calibradas de manera diferente, pero colectivamente se hacen eco del espíritu de exploración. Ya sea que estén instaladas en la industria o navegando por los intrincados contornos de las subvenciones y el sustento financiero personal, estas mujeres se han convertido en orquestadoras de la historia del cine, remodelando el panorama cinematográfico que conocemos hoy.

Para algunos, su visión actuó como un presagio de transformación, un coro de cambio que resonó a través de generaciones. Otros, apegados a las tradiciones que buscaron reinventar, se erigieron como fuerzas subversivas desde dentro. Sus contribuciones son un tesoro de perspicacia, diligencia, erudición y, en ocasiones, sacrificio, dan testimonio del espíritu inquebrantable que impulsa sus esfuerzos creativos.

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Las mujeres que se apoderaron de la cámara para iluminar, entretener, instruir y amplificar sus voces sobre asuntos de profundo significado. El camino para rectificar la escasez de atención académica y de la crítica especializada hacia las mujeres directoras se reveló como un laberinto, complicado aún más por la falta de disponibilidad de películas creadas por mujeres pioneras en el ámbito del cine. Los esfuerzos cinematográficos de estas pioneras, como artefactos delicados, habían sufrido los estragos del tiempo: perdidas, ignoradas o incluso borrados.

Mientras que las mujeres de la palabra escrita podían albergar esperanzas de que sus manuscritos sortearan las tormentas de la historia, las mujeres cineastas no tenían ese privilegio. Se presentó una misión: profundizar en el pasado, desenterrando los restos de su legado cinematográfico. Sin embargo, persistió una verdad desalentadora: más allá de unas pocas excepciones notables, las directoras permanecieron ocultas, veladas de la mirada del público, del escrutinio de los críticos de cine y quizás, de manera igualmente significativa, de las demás.

Se desarrolló un linaje de inspiración, cada cineasta pasó la antorcha al siguiente. La indomable Dorothy Arzner, una inconformista dentro del sistema de estudios de Hollywood de la década de 1930, llevó sobre sus hombros la influencia de Lois Weber. Arzner, una pionera por derecho propio, allanó el camino para Ida Lupino, quien se encontró de pie como una figura solitaria a fines de la década de 1940 y 1950, una mujer solitaria que dirigía en medio hostil.

Curiosamente, las voces de antifeminismo emanaron de estas mismas mujeres (Lupino, Arzner y otras) que aparentemente contradecían los temas que a menudo aparecían en sus películas, temas que desafiaban con elocuencia las normas de género y las luchas sociales. Este enigma es un arma de doble filo, un reflejo de un mundo que a menudo restringe la libertad de expresión de las mujeres. Su desafío fue censurado por una realidad que exigía su silencio, de las voces resonando dentro del tapiz de celuloide que tejieron.

En The Female Gaze de Alicia Malone, se advierte que en el año 1973, un cambio sísmico repercutió en el mundo de la crítica cinematográfica cuando Laura Mulvey escribió un ensayo incendiario titulado "Placer visual y cine narrativo". Dentro de sus páginas, aprovechó hábilmente ejemplos del ámbito de Hollywood para embarcarse en una exploración profunda.

Con un trazo audaz, se aventuró a diseccionar la esencia misma de la lente de la cámara (los ángulos, las ediciones, la interacción de la luz) y reveló una sorprendente verdad. La lente, afirmó, tenía una perspectiva claramente masculina, y las mujeres retratadas en la pantalla estaban relegadas a objetos de atractivo sexual pasivo.

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Alison Bechdel y el Bechdel Test

Esta afirmación fue más allá de una simple propuesta, tal como el Bechdel Test, es totalmente comprobable mediante un examen cuantitativo en la historia del cine mundial. Mientras Alison Bechdel se enfocó en registrar historias que poseen al menos dos personajes femeninos con nombre que interactúan entre sí en algún momento y que sostienen una conversación que no debe girar en torno a hombres, la propuesta de Mulvey realiza una función análoga desde la mirada de la lente.

Evidenciando así una mirada histórica lasciva y llena de desdén, sólo al servicio de los deseos y anhelos de personajes masculinos, como un reguero de pólvora, el ensayo de Mulvey alcanzó fama y notoriedad, provocando debates hasta nuestro tiempo. Sus nociones, radicales y revolucionarias se extendieron hacia las repercusiones de consumir películas predominantemente creadas por hombres, películas vistas a través de la lente de esta "mirada masculina".

Esta nueva interpretación no sólo dio luz a una gran cantidad de mujeres pasivas en pantalla, sino que contribuyó a cambiar sutilmente la percepción de las mujeres mismas. Por medio de la representación en pantalla, se dio forma a cómo las mujeres se veía a sí mismas y cómo la sociedad los mira.

Es así como se presenta una ola de directoras ya con estas herramientas bajo el brazo con una propuesta que realmente fue un punto de inflexión para el cine moderno. Seguramente la más representativa de esta es la directora francesa, Agnès Varda. Reconocida como la "abuela de la Nouvelle Vague", Varda destacó por su enfoque humano y realista en sus películas.

Sus historias eran ventanas hacia temas sociales y políticos, y su técnica documental brindaba autenticidad a sus relatos, donde si bien las mujeres no siempre eran el centro nunca hicieron la función de un accesorio. La estética inconfundible de Varda y su habilidad para capturar la esencia de la vida cotidiana con una sensibilidad poética la convirtieron en una figura inigualable.

La lente cambió y también el cómo se percibía la existencia de las mujeres a través de ella. Esta mirada trasciende una visión estrecha del género y reconoce el intrincado entretejido estructural de su existencia. Estas preguntas invitaría a las directoras a explorar la intersección del cine y la identidad. Y mucho de esta mirada de introspección se alejaría del aplauso de la crítica, centrándose en el rechazo a la heteronorma, con lo que las cintas con protagonistas lesbianas vinieron un gran auge en la década de los ochenta.

Ya hacia finales de la década emergería propuestas como la de Claire Denis, directora francesa que ganó renombre con películas como Chocolat (1988) y Beau Travail (1999). Su estilo se caracterizó por su enfoque poético y su atención meticulosa a los detalles sensoriales. Denis a menudo aborda temas complejos y sociales, con una narrativa sutil y visualmente evocadora.

Así llegaría Jane Campion fue la primera y única mujer en ganar la codiciada Palma de Oro en el Festival de Cine de Cannes, ha dejado una marca indeleble por su abordaje íntimo y emocional en el séptimo arte. Sus películas exploran las complejas relaciones humanas, particularmente las dinámicas entre hombres y mujeres. A través de una narrativa visualmente deslumbrante y detallada, Campion ahonda en las emociones humanas más profundas con una destreza sin parangón.

Pero entonces, ¿cómo explicar esta la polifacética propuesta de estas directoras dentro del corpus del female gaze? En Feminism portrayed in greta gerwig’s movie little women; analysis in modern era de Nurmala Dewi, se exploran las dimensiones feministas incrustadas en la película de la ahora directora en boga, a través de la lente de la teoría de Tong y Botts, que delinea cinco tipos distintos de feminismo: feminismo liberal, feminismo marxista y socialista, feminismo radical-libertario, feminismo psicoanalítico y feminismo posmoderno. Estas diversas facetas del feminismo convergen en la trayectoria del personaje central, esculpiendo sus opciones de vida. De este modo se logran exponer los roles multifacéticos de las mujeres en la navegación de la miríada de desafíos de la vida.

Esto es algo a lo que Barbie - 88% no es ajena. Aunque se debe partir del hecho de que esta cinta no puede considerarse un discurso puramente feminista, ya que se encuentra insertado dentro de un sistema que es capitalista que choca con la mayor parte de propuestas en esta materia, sin esas mismas se encuentran insertadas en la historia de la muñeca de Mattel por medio de sus distintas vertientes. En ese sentido la película respalda uno de los pilares del feminismo moderno, el hecho de que, así como existe una pluralidad de teorías, también lo existe de la condición de ser mujer.

Sin lugar a dudas, hay una punzada de frustración al contemplar las historias no contadas que podrían haber adornado nuestras pantallas si se les hubiera brindado la oportunidad a un espectro más amplio de creadoras. Sin embargo, en medio de esta gran cantidad de narrativas inexploradas, una constelación de mujeres continúa dejando su huella en el séptimo arte.

Mientras estas se embarcan en esta odisea cinematográfica, el mundo sigue siendo testigo de la transformación, constante que reclama su lugar en la industria con una pléyade de precursoras, muchas veces como sombras y siluetas, una celebración de sus triunfos atrae. A la par de las directoras vigentes y ya consagradas, nombres como Céline Sciamma, Chloé Zhao, Lulu Wang, Sarah Polley, Kelly Reichardt o Gina Prince-Bythewood han tomado las riendas de la creatividad actual de la lente, asegurando así un legado brillante para las siguientes generaciones.

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