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RESEÑA | El misterio de Soho: Un desperdicio de estilo, ¿y Anya Taylor-Joy?

Con un gran estilo visual, que aprovecha un ritmo vertiginoso y el uso del color, Wright le da un sentido siniestro a los sueños, pero el espectador descubrirá conforme avanza el filme que esta atmósfera no se sostiene

Para cualquier fan de Edgar Wright, la primera media hora de El misterio de Soho - 89%, su más reciente película, es un fascinante juego de espejos que no falla en sorprender con su dominio sobre el lenguaje audiovisual. Desafortunadamente, conforme el filme avanza, queda claro que por más hábil que sea el director para traducir la magia de su relato a la cámara, no hay nada más decepcionante que una historia que cojea y deba sostener su espectáculo en muletas.

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En El misterio de Soho, Eloise (Thomasin McKenzie) es una joven que se muda a Londres para perseguir su sueño de volverse una diseñadora de modas. Al provenir de los suburbios, y atormentada por una familia rota, tiene problemas para encajar en su nueva escuela, la cual apenas se puede costear, pero cuando descubre que desde su habitación puede viajar a la década de los años sesenta para habitar el cuerpo de Sandie (Anya Taylor-Joy), una glamurosa cantante, encuentra un pequeño alivio en salir de su piel. Conforme descubre los enigmas detrás de ese personaje comienza a ser martirizada por el pasado.

Con un gran estilo visual, que aprovecha un ritmo vertiginoso y el uso del color, Wright le da un sentido siniestro a los sueños, o más bien viajes, a través de los cuales la protagonista se convierte en la cantante de antaño. El guión brilla en esta parte. Es en ese primer acto que se le revela al espectador el oasis engañoso en el que cae Eloise, su aparentemente inocente transformación en Sandie, particularmente en el montaje de una secuencia de baile. Vemos a una joven tímida que encuentra gran placer en vivir una doble vida como una mujer más segura y talentosa. Irónicamente, tal como Eloise, el público podrá descubrir que todo es una farsa y no hay más que decepción en lo que está por venir.

Es una lástima que tanto Wright como su guionista Krysty Wilson-Cairns, desperdiciaran esa gran premisa con un libreto que se vuelve repetitivo, que raya en lo molesto, y se aleja de cualquier tipo de riqueza temática, con soluciones incoherentes, sacadas debajo de la manga y cuyo único propósito es generar rareza en el espectador. La gran revelación de la película es tan insignificante que está al nivel de los peores filmes de M. Night Shyamalan, y tratándose del director de Scott Pilgrim vs. Los Ex De La Chica De Sus Sueños - 82%, esta falla es muy evidente.

Decir que El misterio de Soho - 89% se vuelve casi un fastidio no es exageración. El total desperdicio que se hace de Mckenzie, a quien previamente vimos como la más desafiante niña judía en Jojo Rabbit - 75%, es más que lamentable. Después de la primera mitad de la película, no hay absolutamente nada que el guion haga con el personaje de Eloise que no sea ponerla en distintos escenarios a correr y gritar, repitiendo sin mayor alteración escenas en las que se ”despierta” a punto de causar una tragedia por la colisión que en su mente ocurre de su vida y la de Sandie. Todo intento por convertirla de la inocente chica a la valiente heroína, arco sobre el que se sostienen algunos de los mejores títulos del horror, se desvanece y no queda más que una pobre damisela en apuros que no tiene otro propósito que tratar de pasar por asustadizos, a punta de gritos, las raquíticas escenas del director y compensar su falta suspenso, imaginación o tensión. Algo similar sucede con una desperdiciada Taylor-Joy, y es que, aunque hay una transformación en su papel, al pasar de una mujer segura de sí misma a una mucho más vulnerable, su personaje y los matices que trata de ponerle quedan atropellados por el giro de tuerca que ya se discutió.

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La más interesante idea de poner a un personaje femenino contemporáneo en los zapatos de otro de hace 60 años y revisar los paralelismos de los retos que enfrentan o las ventajas que comparten se desvanece. No hay motivo, fuera del gusto personal de Wright por esa era y su música, que justifique el viaje a la década de la protagonista, no tiene una verdadera repercusión en la vida de Eloise, ni siquiera en el final, descubrir cómo era la vida de una artista femenina en ese entonces.

Todo elemento de la trama parece ser gratuito. La ironía es que, en su intento por desmitificar el pasado y desmontar la más romántica visión que hay de él, El misterio de Soho - 89% no hace más que aprovechar esa imagen para darle estilo a su película sin realmente saber qué decir sobre la opresión a las mujeres o la explotación de la industria del entretenimiento que pretende denunciar.

Además de la escena de baile, quizá la secuencia mejor lograda en el filme sea una en la que se describe un asesinato. El juego con el vertiginoso ritmo del montaje, el uso de colores brillantes y el intercambio entre ambos personajes resultan en un efecto desconcertante y aterrador que es de los pocos momentos en que, como tendría que hacer un filme de horror psicológico, la película pone al espectador en el estado mental del inestable personaje principal.

El misterio de Soho - 89% ya se encuentra en cines y es un recordatorio de que jugar con espejos puede ser peligroso para un realizador cuando éste no tiene más que humo para poner frente a ellos.

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