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RESEÑA | Luca, o la alegoría de la caverna para niños

Aunque no parece ser una película ambiciosa con la que el estudio busque presentar clímax catastróficos o villanos inolvidables, el resultado final es una historia de amistad, aceptación y hambre de conocimiento

Como público, estamos acostumbrados a que Pixar nos presente grandes propuestas cinematográficas con impacto o con la intención de acaparar la atención en las temporadas de premios. Sin embargo, pocas veces se da el lujo de hacer películas simples con el único objetivo de hacer pasar un buen rato al espectador. Su más reciente cinta, Soul - 97%, resultó ser su producción más madura en cuanto a su trama, y quizá teniendo como receptor objetivo a los adultos por sus experiencias de vida.

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En esta ocasión, toma un tono mucho más relajado con Luca - 89% que, aunque una vez más busca la atención del público infantil, no deja de ser encantadora; sin olvidar su animación, que ya es costumbre que resulte excepcional. Quizá en los primeros minutos se hace presente una sensación de estar viendo La Sirenita - 92% o incluso Buscando a Nemo - 99%, pero a pesar de ello, no se siente como una historia reciclada.

Una de las cosas más interesantes de la cinta dirigida por Enrico Casarosa (quien en el pasado fuera escritor de Un Gran Dinosaurio - 77%), es el rumbo que va tomando su protagonista; pues además de su ambiente veraniego en donde un par de niños tienen una gran aventura en las costas de Italia, resulta contar con un tema filosófico como base. Tal vez Luca - 89% no sea la película más profunda, pero se adentra en el hambre de un niño por conocer más y más sobre lo que hay afuera.

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Dejando de lado por un momento el tema infantil, recordemos a grandes rasgos lo que retrata "La Alegoría de la Caverna" de Platón. Un grupo de hombres se encuentran atrapados en lo más profundo de las cavernas desde su nacimiento, y para ellos lo único real es lo que ven allí adentro, es decir, sólo sombras. Cuando uno de ellos emprende un camino para salir de aquel sitio, descubre un lugar asoleado en donde los destellos de luz lo ciegan por un momento, es entonces cuando se enfrenta a la realidad, al conocimiento, y comienza a hacer uso de la razón. Cuando regresa a su caverna con la intención de que sus compañeros lo acompañen, éstos piensan que se ha vuelto loco.

Algo similar es la historia de Luca, un joven monstruo marino que nunca ha salido a la superficie porque le han dicho que los monstruos de la tierra (los hombres) son malvados y asesinos. El día que el pequeño se encuentra con Alberto, otro monstruo marino casi de la misma edad que entra y sale del mar las veces que quiere, el protagonista empieza a ser invadido por la curiosidad de conocer lo que hay afuera.

Después de lograr mantenerse en el exterior ahora en su forma humana, una manera de camuflarse entre los ciudadanos, comienza a conocer cosas nuevas desde aprender a caminar hasta ser capaz de construir una motocicleta con chatarra. Pero su hambre de aprender crece de manera significativa. Esto, por supuesto, trae ciertos conflictos con su familia quienes ahora pretenden enviarlo con su tío a lo más profundo y oscuro del océano (¿te suena a la caverna?), pero nada lo detiene, ni siquiera Bruno, esa voz en la cabeza que a veces te impide hacer lo que deseas por miedo.

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Alberto, por su parte, es un niño rebelde que ha vivido solo desde hace mucho tiempo, y Luca se vuelve su motivación para ir más allá de la pequeña isla en donde ha pasado toda su vida. Por otro lado está Giulia, una niña que siempre ha querido demostrar su valentía así como las cosas que es capaz de hacer, quien, además, se convierte en un puente importante entre Luca y su encuentro con el conocimiento.

En general, la película hace referencia a temas morales como el racismo, pero sobre todo la aceptación de uno mismo, la importancia de la amistad y el respeto al otro. Cabe mencionar que también el director se da el tiempo de poner diferentes contextos familiares sobre la mesa; como la familia tradicional, los padres divorciados y la hija de debe pasar diferentes épocas del año con cada uno, e incluso el abandono, quizá la fibra más sensible de la trama.

Dentro de la familia de Luca, hay una figura materna dominante que se toma en serio su papel de madre y protectora, mientras el padre es altamente distraído sin caer en lo desinteresado. La mancuerna entre esta pareja de esposos le da un toque particular a la historia con tropiezos que desatan más de una sonrisa.

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La cinta no cuenta con un villano trascendente, sólo un niño malcriado, o con un clímax que deje al espectador al borde de las lágrimas, pero cumple con la función de hacerle pasar un buen rato. Aunque no es una historia compleja, demuestra que en efecto, menos es más. El retrato de los pueblos costeros de Italia es algo para disfrutarse acompañado de un gelato y un enorme plato de pasta. Sin duda, esta es una película que todo niño debería ver acompañado de su familia para sentirse motivado a aprender más de lo que le rodea, saber por qué es bueno soltar algunas cosas y hacer frente al cambio.

Enrico Casarosa explora con Luca - 89% un notable interés en mostrar niños siendo niños, que viven esta etapa y que tomen el atrevimiento de cuestionar o explorar lo que les rodea, así como lo que aún no conocen. Por supuesto, parte de lo que funciona en esta película es la inspiración que encontró el director en su propia infancia, sus juegos y sus intereses de aquel momento. En cuanto a lo técnico, es de reconocerse cómo la personalidad de los personajes resulta fundamental para el diseño de cada uno de ellos.

También es de reconocerse el trabajo actoral que hubo detrás del doblaje original teniendo a Luca interpretado por Jacob Tremblay (Extraordinario - 85%), al energético Jack Dylan Grazer (It (Eso) - 85%) como Alberto, Emma Berman en su primer trabajo en la industria cinematográfica dando vida a la líder del equipo, Giulia,, la carismática Maya Rudolph como la protectora madre de Luca, y el comediante Jim Gaffigan como el padre que, curiosamente, tiene un discurso similar a las rutinas de stand up del actor en donde habla de la paternidad y la pereza.

Finalmente, la cinta cuenta con pequeñas referencias al cortometraje del mismo director para Pixar llamado La Luna que se lanzó en 2011.

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