Artículos

Entrevista | El sueño más largo que recuerdo: el corto mexicano que compite en Sundance 2021

Hablamos con el director Carlos Lenin y la protagonista y productora Paloma Petra del corto que aspira a conquistar en el prestigioso festival.

Sundance ha comenzado. El festival, que tiene su sede en Utah, Estados Unidos, es uno de los más importantes en tanto que ofrece un espacio para producciones independientes que luego son retomadas por los grandes distribuidores. El talento mexicano no ha pasado desapercibido en la programación de 2021. Uno de ellos es el cortometraje El sueño más largo que recuerdo de Carlos Lenin y en Tomatazos tuvimos la oportunidad de platicar con él y la actriz Paloma Petra sobre él.

No te pierdas: Las películas más esperadas de Sundance 2021

Ambientado en el México contemporáneo, El sueño más largo que recuerdo sigue a Tania (Paloma Petra), una joven que está buscando a su papá, quien fue “levantado” por policías en 2008 y desde entonces está desaparecido. Ella ha pasado años tratando de descubrir que pasó con él y soñando con los pocos recuerdos que le quedan. Esto es así hasta que un día contempla la posibilidad de dejar su pueblo para seguir adelante con su vida.

El relato de este corto, que aborda una realidad inimaginable, pero muy presente en la vida de miles de mexicanos, está inspirado en un caso real. Ese es el de la hija de Rafael Ramírez Duarte, miembro de la Liga Comunista 23 de Septiembre, quien desapareció en 1977. Esto comenta Lenin al respecto:

La historia surge de un día en el que estaba platicando con Tania Hernández, hija de Rafael Ramírez Duarte. Alguna vez platicando, nada solemne, nada formal, en una plática común nos empezamos a preguntar sobre nuestro sueños, porque a mí me llamaba la atención que ella tenía un diario de sueños. Y le pregunté: ‘¿alguna vez has soñado con tu papá?’. Y recuerdo que la primera frase que ella me dijo fue: ‘Sí, fijate. El sueño más largo que recuerdo’.Y me empezó a platicar un sueño muy largo en el que básicamente ella quería escuchar la voz de su papá, pero no lo lograba.

Lenin resuelve con gran astucia, a través del lenguaje audiovisual, el mayor reto para esta historia: acercar al espectador a entender un dolor tan inimaginable. Mediante secuencias de sueño, es posible entender el impacto emocional que tiene para Tania el haber perdido a su papá cuando era tan pequeña. Este recurso tiene el impacto de acompañar a la protagonista en su deseo por darle rostro y claridad a una figura que es inmaterial, que se siente lejana, pero misma acecha su mente durante lo cotidiano.

El director está de acuerdo en que es muy difícil tratar de expresar lo complejo de la vida emocional de las personas que buscan a sus familiares desaparecidos. También es a través de encuadres que enfatizan lo vasto que es el país que el realizador representa lo cansado e interminable que puede resultar emprender esa búsqueda. Así consigue un relato mucho más efectivo.

Justamente, era difícil tratar de dimensionar, yo diría casi imposible, la complejidad y lo arduo de la búsqueda. Entonces traté de construir con algunos planos la amplitud del mundo. Y en este mundo tan grande, hay dos personas así de chiquitas buscando todavía algo más chiquito que ya en el cuadro nos es inaccesible, no lo vamos a encontrar. Evitar que el espectador vea lo que mis personajes están queriendo encontrar, me aprecia una idea que podía funcionar para crear un canal directo entre el acto de buscar algo y no verlo, pero aún así tener fe y estar ahí.

Te recomendamos: Las mejores películas mexicanas de 2020 según la crítica

Parte esencial de lo efectivo de este corto es también la interpretación de Petra. Es igualmente difícil transmitir la clase de incertidumbre, dolor y resistencia que los familiares de personas desaparecidas viven. La actriz lo logra con gestos pequeños, pero precisos. En una escena, por ejemplo, la vemos mirar hacia una planicie, como intentando encontrar en el paisaje a su padre sólo para perderse de nuevo en un sueño de día y en un falso señor. Le preguntamos cómo trabajó abordar esa clase de estado emocional y conectar con un sufrimiento tan particular:

Sintiendo mucho. Obviamente hice un trabajo de investigación, estuve platicando con gente, viendo documentales, etcétera. Y tratando de empaparme un poco más sobre el tema, pero siento que parte de mi proceso como actriz viene del dolor que me transmiten los ojos de Lenin. Siento que en set, específicamente, es la energía y el dolor y tratar de conectar con ese espacio profundo de Lenin. A veces nada más lo veo y ya siento automáticamente. Lenin tiene la película aquí [en su cabeza], ahí está. Mi tercer ojo y su tercer ojo se conectan y ya sale.

También puedes leer: FICM 2020: Conoce los cortometrajes que forman parte de la Selección Oficial de la 18ª edición

Petra y Lenin han colaborado previamente, de ahí que su respuesta implique una especie de intuición sobre lo que ambos quieren conseguir. Trabajaron en su ópera prima La paloma y el lobo - 76%, sobre una pareja que trata de sacar su relación adelante en medio de la violencia que se vive en el norte del país. Ese filme debutó en el Festival de Morelia en 2019 y llegará en febrero a cartelera.

El estilo del realizador está enfocado en la creación de atmósferas a través del sonido y con planos cerrados a cámara fija o con movimientos lentos. Tanto en ese largometraje como en El sueño más largo que recuerdo, los encuadres provocan un sentido de claustrofobia. En la película, al enmarcarlos en espacios cerrados, y en el corto, al mostrarlos en oposición a espacios enormes. Para Lenin, ese uso del espacio era importante para conseguir un impacto emocional en el público:

Me gusta narrar con imágenes haciendo que la emocionalidad de los personajes dialogue con la emocionalidad de los espacios,que haga contrastes y que se redefinan. Creo que viéndolo a la distancia, en El sueño más largo que recuerdo desee poner en práctica algunas búsquedas formales que seguí explorando en La paloma y el lobo que tenían que ver con cómo siempre somos personas existiendo en cajitas y esas cajitas nos son más o menos agresivas, o más o menos violentas, pero ahí estamos y creamos una relación con las paredes que nos rodean. Y esas paredes se convierten en nuestra casa o en nuestra cárcel, o el desierto amplio también se convierte en otra cajita en la que estamos contenidos. A mí eso me interesaba mucho desde lo visual para no poner a mis personaje a poner cosas como ‘esta bien difícil’, sino vamos a verlo y vamos a tratar de usar las herramientas cinematográficas para que el espectador se sienta ahí.

Temáticamente, El sueño más largo que recuerdo también es subversivo y se aparta de las convenciones de relatos similares, de ficción o no, que abordan la desaparición forzada en México. Fue precisamente en Sundance, hace un año, donde se estrenó la ahora aclamada Sin Señas Particulares - 100%, que también cuenta la búsqueda de una madre por encontrar a su hijo desaparecido y, curiosamente, también tiene un giro disruptivo en su final. De forma similar, el corto no se pregunta tanto por los factores que provocan o el contexto en el que ocurre la desaparición, sino por el peso emocional que tiene en los familiares y todavía más: si es posible, de una u otra manera, seguir adelante tras el arrebato de un ser querido.

Lenin, que vivió con colectivos de personas en búsqueda de sus familiares como el Comité Eureka cuando llegó a estudiar cine a la Ciudad de México, ha realizado un corto que se hace preguntas difíciles sobre las consecuencias que tiene la desaparición forzada en las familias a las que este padecen este delito al mismo tiempo que trata con respeto y profundidad sus vidas. El sueño más largo que recuerdo forma parte del programa de corto del Festival de Sundance 2021.

Continúa leyendo: RESEÑA | FICM 2020 | Sin señas particulares: un México muerto en vida

Comentarios

  • Tomatazos

  • Facebook

 
 
  • Mejores

  • Nuevos