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RESEÑA: Loco, no demente | Asesinos, personalidades múltiples y el caso contra la pena de muerte

El nuevo documental de Alex Gibney pide confrontar nuestras ideas sobre el punitivismo.

Los asesinos seriales son un una fascinación del cine y la televisión. Nada causa más furor que aventurarse al laberinto que es la mente de algunas de las figuras más macabras de la historia, ahí está, por ejemplo, el éxito de Mindhunter - 100% en Netflix. Aprovechando ese interés, Loco, no demente, el nuevo documental de Alex Gibney, sigue a la psiquiatra Dorothy Otnow Lewis, quien ha tratado a notorios asesinos e insiste en alejarnos, como sociedad, de la pena de muerte y acercarnos la idea de la rehabilitación.

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A través del seguimiento de su carrera, y algunos de los pacientes que trató la doctora Otnow, Alex Gibney no hace tanto una exploración de las razones por las que los asesinos cometen sus delitos, sino de cómo es que éstos sujetos surgen y propone reflexionar sobre la mejor manera para lidiar con ellos. Loco, no demente es narrada por la actriz Laura Dern y cuenta también con el testimonio de colegas de la protagonista que aportan sus perspectivas sobre esta clase de criminales y, por supuesto, la pena de muerte para los más peligrosos de ellos.

Con material del archivo personal de la protagonista, el filme propone una serie de breves perfiles de asesinos que fueron, ellos mismos, víctimas de alguna clase de abuso durante algún momento de sus vidas. Vemos, por ejemplo, casos en los que padecen de Trastorno Disociativo de la Personalidad, conocido más popularmente como personalidades múltiples. La propuesta de la doctora es sencilla de entender, aunque quizá no por ello fácil de aceptar: estas personas no están en control de lo que hacen, por lo que no podemos exigirles cumplir la misma sanción que a otros delincuentes que sí están conscientes de los hechos que cometen. Esto no los exime de las consecuencias, pero sí obliga a replantear la clase de tratamiento que necesitan.

El verdadero aporte de Loco, no demente es desmitificar la figura del asesino, y el asesino serial, como un monstruo o una entidad del mal que nació para cometer tales atrocidades, las cuales forman parte de su "naturaleza". Esa imagen de este tipo de criminales, misma que ha sido reforzada y reproducida en todo tipo de series, películas y novelas, parece ser errónea por lo menos en opinión de la psiquiatra que se encuentra al centro del filme, quien hacia el final del mismo vuelve explícita su teoría: los monstruos no nacen, se hacen.

Algunos de los casos que se revisan exploran las similitudes que hay entre el pasado de ciertos asesinos, cómo es que muchos de ellos fueron víctimas de abuso sexual o físico cuando eran menores y eso podría servir como explicación para los propios delitos que cometen de adultos. Vemos un par de entrevistas que Otnow realiza a sus pacientes que presentan alter egos y cómo éstos revelan lo que les sucedió o lo que la personalidad original experimentó de niño.

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Pero quizá la idea más ambiciosa, y arriesgada, de Loco, no demente es que parece pedir al espectador lo imposible: sentir compasión por asesinos que han cometido crímenes brutales. El tema de la pena de muerte es recurrente. Otnow la descarta al asegurar que no sirve para desmotivar a otros criminales y, al contrario, despierta en el público un furor muy perturbador saber que se asesinará a alguien que consideran indeseable. Uno no tan distinto del que se cree sienten los propios asesinos seriales al matar. El filme recupera reportajes en el que multitudes, en Estados Unidos, se reúnen para celebrar la ejecución de asesinos afuera de las prisiones en las que éstas se realizan, por ejemplo. Otro momento estremecedor, es cuando la doctora entrevista a un hombre encargado de ejecutar a los delincuentes con sentencia de muerte. Es fascinante ver cómo ésta persona, de acuerdo con ella, también se disocia de las ejecuciones que realiza tal como lo haría uno de los criminales que ha pasado su vida estudiando.

La película recupera un par de testimonios que apoyan la pena máxima, uno de ellos es el de otro psiquiatra que tacha de "farsa" la teoría disociativa de la personalidad y pone en ridículo los estudios de Otnow. Este documental evita así llegar a sentirse un poco parcial hacia la doctora y su postura sobre estos hechos. Gibney parece desafiar incluso a figuras "progresistas" celebradas hoy en día, tales como Joe Biden o Hillary Clinton, quienes aparecen, en fragmentos de noticias de hace algunas décadas, hablando sobre la importancia de encarcelar y castigar a los delincuentes.

¿Reproduce este documental el estigma que hace ver a los enfermos mentales como peligrosos? Uno podría pensar que sí, porque argumenta que esos padecimientos son la razón de sus delitos, pero es cuidadoso de no hacer generalizaciones. Por ejemplo, la cinta presenta, casi al inicio, el caso de una niña que desarrolla un alter ego tras ser víctima de abuso sexual y que no acaba convertida en asesina serial. Al mismo tiempo, si bien puede establecer esa relación, existe un claro intento por no caer en esa simplicidad. Y pide respeto para la vida de estos criminales al proponer que no merecen ser ejecutados, sino simplemente tratados como pacientes, porque ellos han sido también víctimas y están enfermos.

Loco, no demente ya se encuentra en las plataformas de HBO y pueden buscar los horarios en los que será transmitido en sus distintos canales.

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