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RESEÑA: Mulán | Deshonor en tu fénix

La nueva versión de Disney del relato folclórico es el más reciente ejemplo de que los mejores días de la compañía están en el pasado

Otro año, otro remake de Disney destinado al fracaso. La estrategia de la compañía por exprimir cada centavo de su catálogo original de películas animadas se tropieza cada vez más con lo que el público recuerda de ellos. Mulan - 83%, una de las más queridas, es la nueva producción que ha sido destrozada de todo aquello que hizo entrañable a la primera y por el puro propósito de la avaricia y sin el más mínimo respeto al espíritu de la original.

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Dirigida por Niki Caro, Mulán cuenta la historia de una joven que, ante la amenaza de la guerra y un decreto imperial que requiere un hombre de cada familia para el ejército, decide hacerse pasar por varón. Esto para salvarle la vida a su anciano padre al unirse ella en su lugar a las filas del conflicto bélico que pretende salvar a su nación.

Y quizá la pregunta que más vale realizarse es ¿por qué volver a contar esta historia?, o ¿cómo este nuevo relato aborda los temas de la versión animada? Y la respuesta no parece ser más que el capricho, por un lado, del estudio para sacar dinero —planes que estuvo a punto de frustrar el el Covid 19, pero que en un movimiento inteligente, la compañía logró equilibrar su inversión al estrenarla a través de VOD y su plataforma Disney Plus, además de cines en países donde estaba permitida su exhibición—, y por otro, del equipo creativo al reemplazar ciertos elementos por otros, pero sin darles un uso significativo dentro de la narrativa. Comencemos, pues a hablar de por qué Mulan - 83% es un deshonroso remake.

Es perfectamente válido querer hacer una versión más “realista” o por lo menos no musical. El problema de este filme no es la falta de canciones y tampoco lo es, por sí mismo, la falta de personajes como el dragón Mushu. Después de todo, con El rey león - 40% también quedó claro que si un filme es casi una copia exacta de otro eso no lleva consigo el impacto emocional de la original. La cuestión es que la mayoría de esos cambios no tienen un propósito o una intención que tenga coherencia con el sentido temático y narrativo de la historia.

Si el filme quiere contar la historia de una mujer descubriendo que puede hacer lo mismo que cualquier otra persona, pese a su género o sexo, e inspirar a las niñas y jóvenes a creer que esa es una realidad también para ellas, entonces parece un despropósito hacer como en esta película y dotarla de un “chi” especial o muy poderoso que, de entrada, adelanta al público que no es necesario que entrene ni pruebe que puede llegar a ser una guerrera, porque sabemos que tiene esa ventaja desde el principio y por gracia del relato. La cinta animada, en cambio, sí mostró la disciplina que Mulán - 86% tuvo que adquirir para eventualmente superar su entrenamiento antes de la batalla. Esto crea un vínculo con la protagonista, pues el público puede ponerse del lado de alguien que intenta superar obstáculos. Nada de esto, ocurre en el remake.

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En el caso de esta nueva versión, uno podría esperar que sea entonces a través de sus relaciones con otros que el personaje de Yifei Liu encontrara otro obstáculo a superar o una manera de conectar con el público, pero Mulán tampoco se preocupa por desarrollar a la heroína a través de su interacción con otros. Pese a darle por lo menos tres nuevos personajes con los cuales interactuar, el filme jamás se detiene a darle a ellos y la protagonista escenas que dejen ver los vínculos emocionales de la guerrera. Es así que no sólo tenemos a una doncella que sabemos es todopoderosa, sino que carece de una dimensión emocional básica con la cual el público pueda identificarse. Y si sumamos a esto que Yifei fracasa en transmitir las emociones de su rol, es todavía más difícil sentir empatía por ella. En comparación, el filme animado sí mostraba eso, justo a través de Mushu, por ejemplo, quien servía de confidente a la protagonista y como su irreverente mentor.

Bien conscientes de que la película no tiene este elemento emocional que nos permita identificarnos con el personaje principal, el guion de Mulan - 83% se ve obligado a decirnos en diálogos explícitos lo que sucede con el ánimo de los personajes. Como en una escena en la que se nos tiene que decir, en una voz en off, que la versión masculina de la guerrera “muere” para que su yo verdadero pueda nacer. Y recurre igualmente al uso de símbolos para llenar esa falta de profundidad temática de la que hablamos antes. Por ejemplo, el ave fénix aparece siempre que es conveniente para guiar a la joven hacia la respuesta a sus problemas. De nuevo, no es su ingenio propio la que la saca de apuros, sino este ser místico que aparece cuando la trama lo necesita.

Quizá el cambio más interesante de Mulan - 83% es la adición de otro personaje femenino y antagónico. Se trata de una bruja cuya motivación es paralela a la de la protagonista. Ambas han sido marginadas por sus habilidades sobrehumanas, pero ella está convencida de que, como jamás será aceptada como una mujer con poder, debe tomar por la fuerza y con miedo el respeto de los demás. Al contrario de la protagonista, quien decide hacer lo honorable y dar su vida por su país y familia. En cierto punto de la trama, la villana se acerca a ella para intentar convencerla de unir fuerzas, ya que ambas comparten el enemigo de este sistema sexista. Desafortunadamente, al igual que con el resto de los otros personajes, la película jamás profundiza en esa relación antagónica sino que pasa sobre ella a toda prisa, obviamente para llegar al gran espectáculo de la batalla final y, para hacer las cosas más frustrantes, resuelve el conflicto de la manera más superficial posible.

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En la parte técnica, Caro (La Leyenda de las Ballenas - 90%, McFarland, Sin Límites - 80%, Tierra Fría - 68%) hizo lo que pudo, probablemente con la intención de rendir homenaje y emular el estilo de acción de las películas de artes marciales. Con saltos inverosímiles, extravagantes manejos de armas y patadas voladoras, la directora intentó hacer un guiño a filmes de kung-fu, sin embargo la edición rápida de algunas escenas fallan en destacar las coreografía de batalla. Fuera de esto, el vestuario, el diseño de producción y la fotografía (cuando no se abusa de los efectos digitales) son los pocos elementos sobresalientes de la película.

Mulan - 83% es todo lo que original no es. Sí, seguro los que crecimos viendo la animada extrañaremos las canciones y al dragón parlanchín, pero es todavía más grave pensar que las nuevas generaciones no crecerán con ese ejemplo de perseverancia y valentía que la guerrera representa en el filme animado. Deshonor en el libreto, la caracterización y la actuación. Mulán significa deshonor para un ave fénix que jamás consigue arder ni, mucho menos, renacer de sus cenizas.

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