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Castlevania: Por qué la serie de Netflix es una decepción y una traición a los videojuegos

¿Es Castlevania la mejor adaptación que se haya hecho de un videojuego? Aquí la opinión de un fanático de la saga de videojuegos

En julio de 2017 llegó a Netflix la primera temporada de Castlevania - 100%, una serie animada basada en el videojuego Castlevania III: Dracula's Curse, de Konami, y en su extenso lore. Las críticas fueron muy positivas hacia la adaptación y la mayoría de los fans de los videojuegos estuvieron felices por el respeto que parecía existir hacia el material original.

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En octubre de 2018 fue estrenada una segunda temporada con ocho episodios, la crítica volvió a elogiar el trabajo del guionista Warren Ellis y del estudio de animación Powerhouse. Sin embargo, ese fue el momento en el que la adaptación tomó su propio camino e ignoró lo que hace de Castlevania una saga tan querida por millones alrededor del mundo.

La tercera temporada ha significado una mejora en varios aspectos con respecto a la anterior, pero no es suficiente para ignorar los numerosos errores que a continuación trataremos de resumir, y que no solo reducen la calidad de la serie animada como tal, sino que son una auténtica traición a lo que es Castlevania.

Diálogos intrascendentes, risitas y aburrición as hell

Los personajes principales, Trevor, Sypha y Alucard, fueron introducidos de forma muy efectiva en la primera temporada, en menos de una hora y media de serie ya estábamos inmersos en su viaje para detener al conde Drácula. En la segunda temporada Alucard abandona su seriedad y elegancia y se intercambia insultos y bromas con Trevor, se burla de la familia Belmont cuando visitan la biblioteca y hace chistes sobre penes. Entre los muchos diálogos intrascendentes hay comentarios fuera de lugar que pretenden ser graciosos y de los cuales los personajes animados se ríen para que el espectador entienda que se tiene que reír también (porque no son graciosos por sí mismos).

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Las conversaciones entre los protagonistas son sumamente superficiales y solo contribuyen a uno de los grandes problemas de la segunda temporada, que es lenta y aburrida. Los personajes principales pasan casi todo el tiempo sentados en un carreta o frente a una fogata o husmeando en una vieja biblioteca, y no solo se pierde tiempo valioso cuando bromean entre sí, también gracias a nuevos personajes de relleno como el vampiro Godbrand, que por momentos parece un fallido intento de comic relief al ser un estereotipo de vikingo que no aporta nada a la trama.

Hay un claro abuso de la violencia gráfica y el lenguaje fuerte, como si mostrar vísceras, mujeres y niños siendo asesinados cruelmente le diera madurez al show, como si poner las palabras “fuck” y “fucking” en la mayoría de los personajes nos demostrara que es una aproximación realista y adulta a una historia de fantasía. Pero no lo es.

Mira lo que le hicieron a mi Drácula

La peor parte, y es un golpe del que la serie difícilmente se recuperará, es lo que le hicieron a Drácula. Desde su creación en la literatura, pasando por sus muchas adaptaciones cinematográficas y su lugar en la franquicia de Castlevania, el conde Drácula es un villano imponente que representa el lado más oscuro del alma humana, de nuestra parte animal; es un ser de maldad que en algunas versiones es tocado por el amor y transformado.

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En la primera temporada de Castlevania el primer episodio nos dio una sorprendente introducción a la historia de Drácula y la humana Lisa. Tras estar por mucho tiempo solo y despreciando a la humanidad, el vampiro recupera su lado más sensible al conocer a una mujer de la que se enamora perdidamente. Cuando ella es quemada por ser considerada una bruja, él promete liberar toda su furia sobre la Tierra y exterminar a la raza humana. Su ataque a la ciudad de Târgoviște con un ejército infernal nos deja en claro sus intenciones. No obstante, ese vampiro lleno de odio y determinación en la segunda temporada se transforma en un sujeto deprimido que se la pasa la mayor parte del tiempo con la cabeza inclinada y con la mirada baja, su voz se escucha cansada y se niega a tomar alimento. El malvado conde Drácula, eterno enemigo de la familia Belmont en los videojuegos, y uno de los villanos más famosos de la cultura pop, pierde todo su vigor. En una conversación, el forjador Hector le dice a Carmilla que Drácula solo es las brazas del fuego que era, y no es necesario que nos lo diga para que lo notemos.

El productor Adi Shankar dijo en una entrevista que su intención era convertir a Drácula en una figura trágica y no en un villano, pero basta con recordar una de las inspiraciones para los videojuegos de Castlevania para darnos cuenta de su abismal error. Drácula, de Bram Stoker - 79%, de Francis Ford Coppola, muestra al vampiro como una figura trágica y al mismo tiempo como un villano capaz de infundir terror, en Castlevania es tratado de forma patética. En un momento su consejo de guerra está hablando y no le hacen caso cuando les dice que se callen, y cuando se levanta y grita "silencio", lo que sí llama la atención del consejo es que Carmilla abre la puerta y entra altivamente.

Aquellos que jugaron el legendario Castlevania: Symphony of the Night, quizá recuerden que el diálogo que tiene Alucard con Drácula en el enfrentamiento final tenía una dimensión emocional y trágica sin haber convertido al rey de los vampiros en un emo incapaz de planear la extinción de la raza humana de una forma sensata. En Castlevania de Netflix Drácula no quiere venganza por su esposa asesinada, quiere suicidarse, y el combate final contra su propio hijo no es el legendario enfrentamiento que esperábamos. El mismo Alucard describe esa batalla como “desesperada y triste” en la tercera temporada.

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¿Castlevania o Game of vampire Thrones?

Castlevania es el nombre que se le dio en Occidente al castillo de Drácula, y también es el nombre de la franquicia. Alucard lo describió como “una criatura del caos”, capaz de tomar diferentes formas. La residencia de Drácula no solo era un gigantesco edificio que podía teletransportarse como en la serie, es el escenario donde tomaban lugar la mayoría de las aventuras de los Belmont y otros cazavampiros que se enfrentaron al malvado vampiro.

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Al menos dos elementos característicos de los videojuegos fueron omitidos casi por completo en la adaptación de Netflix: la música y los increíbles escenarios. El castillo de Drácula originalmente es una combinación de laberinto, infierno de Dante, máquina del tiempo y zoológico fantástico. Los gamers se han deleitado por décadas al enfrentarse a una gran variedad de demonios en medio de escenarios que van desde ostentosas bibliotecas de estilo barroco, pasando por catacumbas medievales hasta complejos sistemas de engranaje steampunk.

En Castlevania de Netflix el castillo de Drácula perdió casi todo su encanto y su magia, la música no sobresale y solo en un momento utiliza un tema clásico del juego para apelar a la nostalgia, mientras que el resto del tiempo destruyen lo que hacía único a los videojuegos. ¿Qué queda de Castlevania? El show ha recibido elogios y ha sido comparado por algunos críticos con Game of Thrones - 59%, como si en esta época tener algunas semejanzas con la serie de HBO fuera automáticamente algo positivo. Castlevania no es Game of Thrones, nunca se trató de reinos vampíricos luchando por el control de Europa, e incluso si se hubiera querido explorar este tipo de historia, no había necesidad de quitarle la importancia que tenía el castillo y su dueño Drácula.

Sypha, Carmilla y la inclusión forzada

Aunque lo siguiente es un punto polémico, es necesario abordarlo porque es otro problema con el que carga la malograda adaptación. Los personajes femeninos fuertes siempre son una buena adición a una historia, pero en Castlevania siempre han existido aunque en menor medida que los hombres. En la primera temporada tuvimos a Sypha Belnades, que demostró ser una maga muy poderosa, pero en la segunda temporada la trama parece seguir una cuota de inclusión forzada.

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Carmilla es un personaje de los videojuegos de Castlevania, basado en el personaje literario de Sheridan Le Fanu , aparece como enemigo recurrente en la franquicia y fue añadido en la serie animada. El problema es que mientras el papel de Drácula se redujo al de un sujeto deprimido e inútil, Carmilla es mostrada como una hábil manipuladora y visionaria en la corte del rey de los vampiros. En la tercera temporada nos enteramos de que ella y cuatro vampiras tienen planes de expansión por el territorio europeo más vulnerable.

Como se mencionó antes, nadie debería tener problemas con los personajes femeninos fuertes, pero en Castlevania es notorio que hay una cuota por cubrir, ni siquiera introducida con elegancia. Sypha Belnades se la pasa haciendo bromas humillantes a Trevor Belmont en cada ocasión, como decirle que puede pasar por su mascota o su “sirviente estúpido” ante los demás. En la tercera temporada eso se acentúa, y se exageran las habilidades marciales de quien antes solo había sido presentada como una maga, ahora puede esquivar los ataques de un demonio sin dificultad mientras el experimentado cazavampiros Trevor recibe varios golpes del enemigo.

Maniqueísmo, ¿dónde?

Se puede notar desde los primeros episodios de la serie que hay una intención por contar una historia madura y mostrar la perspectiva del mal para que no sea la típica buenos contra malos, pero luego nos presenta una y otra vez a villanos unidimensionales como el obispo de Gressit, su banda de sacerdotes sicarios y el hombre que tenía como esclavo a Isaac. Mientras que los videojuegos había una representación positiva de la Iglesia católica y la religión cristiana, en la serie de Netflix el buen Warren Ellis decidió invertir las cosas (sin matices), y mostrar que no hay nada peor en el mundo que los cristianos. Drácula puede tener sentimientos, pero los malvados sicarios-sacerdotes son todos unos psicópatas.

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Castlevania falla como adaptación de los videojuegos de Konami, y aunque se esfuerza en ser profunda termina por ser solamente pretenciosa. El guionista Warren Ellis no tenía idea de lo que trataban los videojuegos o lo sabía y no quiso tener el mínimo respeto por todo ese legado de décadas. Lo más lamentable es que la primera temporada prometía algo mucho mejor.

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