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RESEÑA: Huérfanos de Brooklyn | Noir vistoso pero narrativamente incipiente

La segunda incursión del actor Edward Norton en la dirección, resulta ser un filme formalmente correcto pero con varias deficiencias narrativas.

Tuvieron que pasar 19 años desde que dirigiese Divinas Tentaciones - 69% (su muy olvidable largometraje debut) para que el actor Edward Norton pudiese llevar a cabo un sueño que acariciaba desde el año 2000: adaptar al cine la novela Motherless Brooklyn del estadounidense Jonathan Lethem . El proyecto cristalizó favorablemente en 2014, pero le tomo cinco años y varios percances (incluidos un incendio en uno de los sets de filmación el cual costó la vida a un bombero) para que la película pudiese ver la luz.

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En Huérfanos de Brooklyn - 70% Norton se dirige a sí mismo e interpreta a Lionel Essrog, quien se dedica a investigar para una pequeña agencia dirigida por Frank Minna (Bruce Willis). Lionel padece síndrome de Tourette, por lo que habla de forma compulsiva -pronunciando a veces incoherencias- y tiene ciertas manías y tics nerviosos. Pero en contraste, también es muy observador y posee una memoria, deductiva e instinto de investigador impecables; razones por las cuales Frank lo adopta como su protegido y aprendiz de más confianza, pero también lo ve como un amigo muy cercano y estimado.

Un día, mientras Minna sostiene una reunión clandestina con un grupo de desconocidos, la cual esta relacionada con un caso que investiga (cuyos pormenores mantiene en secreto para todos, incluso para Lionel), es herido gravemente por dichos hombres. Aunque Essrog logra llegar en su ayuda y llevarlo a un hospital, Frank fallece a consecuencia de este ataque, hundiendo en la tristeza a su entenado. Enfurecido por este hecho, el novato detective se propone vengar a su amigo, descubriendo la identidad de sus victimarios y la razón por la cual lo asesinaron.

Sus primeras pesquisas lo guían hacia Laura Rose, una joven afroamericana (interpretada por Gugu Mbatha-Raw), quien está misteriosamente ligada a unos documentos en poder de Minna y que, tras su deceso, están extraviados. Y averigua que el contenido de dichos papeles (los cuales revelan la verdadera identidad de la joven) compromete y lesiona la imagen pública de Moses Randolph (Alec Baldwin), un poderoso -y corrupto- funcionario gubernamental quien dio la orden de silenciar a Frank. Es así como Lionel Essrog intenta descubrir el paradero de dichos documentos, develar el secreto detrás del origen de Laura, y de paso obtener justicia. Y para ello, tendrá que sumergirse en los bajos fondos de la ciudad, y desenmarañar un intrincado galimatías el cual lo llevará a encarar a todo tipo de personajes, algunos de ellos inescrupulosos, otros muy torvos y otros más muy peligrosos.

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Huérfanos de Brooklyn - 70% significa un paso adelante en la carrera de Norton como cineasta. En comparación a su primer trabajo, es notable una evolución favorable en el modo de visualizar su historia, demostrando habilidad para recrear -con ayuda del cinefotógrafo Dick Pope - escenarios y atmósferas de la época donde sitúa su relato (la década de los años cincuenta): estridentes bares enrarecidos por humo de cigarros y embriagadora música de jazz; callejones sucios y oscuros en los cuales el peligro puede encontrarse oculto en cualquier lóbrego rincón; y luminosos paisajes y lugares que funcionan como remansos de paz dentro de una ciudad que gradualmente se vuelve más caótica, convulsa y violenta.

Pero aunque formalmente la película es muy afortunada, se ve lastrada por varios factores: un muy elemental desarrollo de algunos personajes -o de plano demasiado superficial-; una trama buscando ser compleja, y termina siendo más bien rebuscada; una aún torpe sintaxis narrativa la cual desemboca en un ritmo desigual y de a ratos tedioso, resultando también en una duración excesiva para la anécdota que se deseaba contar. Y sobre todo, carece de la sensación de suspenso y tensión dramáticas que un relato con estas características exige.

Así, la segunda incursión de Norton como realizador queda meramente como un ejercicio de estilo que buscaba compaginar el cine Noir, la denuncia social y el drama de una persona con discapacidad quien debe enfrentarse solo a una dura realidad. Un ejercicio ambicioso en sus pretensiones, disparejo en su ejecución y de alcances limitados. En todo caso, Huérfanos de Brooklyn - 70% sirve para demostrar que el actor tiene buen ojo y cualidades para el cine, pero dista aún de poseer una voz propia y mayor solvencia, claridad y contundencia narrativas.

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