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RESEÑA: Polvo | Droga, mentiras, codicia y un imposible retorno

El debut en la dirección de José María Yazpik resulta ser una entretenida y acertada comedia acerca de lo que ocurre en un pequeño pueblo cuya paz es alterada por un cargamento de droga perdido en sus inmediaciones

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RESEÑA: Polvo | Droga, mentiras, codicia y un imposible retorno

El debut en la dirección de José María Yazpik resulta ser una entretenida y acertada comedia acerca de lo que ocurre en un pequeño pueblo cuya paz es alterada por un cargamento de droga perdido en sus inmediaciones

POR Fco. Javier Quintanar Polanco -

Para su debut en la dirección (y en el guion), el actor mexicano José María Yazpik (Las Oscuras Primaveras - 60%, Todos Queremos a Alguien - 93%) decidió excavar en su propio pasado personal, y escribir una historia (apoyado por el dramaturgo y guionista Alejandro Ricaño) inspirada por un pequeño poblado con gran valor sentimental para él, ya que en ese lugar nació su padre y el artista vivió allí algunos momentos entrañables de su infancia: San Ignacio, en Baja California.

Esta elección parece haber sido acertada no sólo porque el actor consigue plasmar en su filme (intitulado simplemente Polvo) una realidad que demuestra conocer muy bien, sino que, a través del personaje central (interpretado por él mismo); logra verter las sensaciones y sentires experimentados al volver a ese lugar muy íntimo y nostálgico para él, los cuales canaliza adecuadamente para enriquecer y dimensionar a su protagonista ficticio.

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La trama transcurre a principios de la década de los años ochenta. Y la circunstancia que obliga a Chato (Yazpik) a volver a la mencionada población involucra a un cargamento de cocaína el cual era transportado por una avioneta accidentada en las cercanías de dicha entidad. Chato es elegido por ser oriundo del lugar, y es comisionado por un peligroso narcotraficante (Jesús Ochoa) para recuperar el cargamento perdido, disperso por toda esa región.

Ante esta situación, y contando con poco tiempo para recuperar la droga perdida (con el riesgo pendiendo sobre su cabeza de que el crimen organizado llegue y extermine a todos), Chato arriba a la comunidad y urde un plan donde involucra directamente a los habitantes de San Ignacio: les pide ayuda para recuperar todos los paquetes que puedan encontrar, a cambio de una generosa suma de dinero por cada paquete encontrado. Y para evitar suspicacias, les miente a todos diciendo que trabaja para una empresa farmacéutica y que los paquetes contienen una sustancia empleada en la elaboración de medicinas.

Aunque pareciese que Chato tiene todo bajo control, las cosas se irán complicando. En principio porque ese viaje de vuelta a la tierra natal le lleva a desenterrar su pasado, donde dejó varios asuntos pendientes: una carrera en el cine la cual nunca prosperó (y que todos esperaban fuese un gran suceso); una relación sentimental con Jacinta (Mariana Treviño) truncada por su partida y de cuya llama aún restan algunas cenizas que inquietan a Toto (Adrian Vazquez), actual marido de ella; y la actitud de Don Manuel (Joaquín Cosio) padre de Jacinta, quien aún no renuncia a la idea de que Chato se vuelva su yerno. Y para complicar las cosas aún más, algunos de los habitantes (movidos por la codicia y la suspicacia) le dificultan su tarea al exigir más dinero llegando incluso a amenazarlo con revelar la verdadera naturaleza de la sustancia que está recolectando, y denunciarlo con las autoridades federales.

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Con este plot, Yazpik consigue elaborar una comedia negra y mordaz sobre el ascenso del narcotráfico y la funesta influencia que ejerce sobre la gente común, sus humildes comunidades e instituciones que las conforman, como la iglesia, el gobierno municipal, etcétera; llevándolas a niveles de codicia incontrolable que terminan por corromperlas y dividirlas. Pero el director debutante se cuida de no despeñarse en los excesos apologéticos de –por ejemplo- El Infierno (Luis Estrada, 2010). De hecho, aunque en algún momento coquetea con un tono fársico similar al del filme antes mencionado, Polvo logra evadir la tentación de la caricatura paródica y burda, y consigue gracias a cierta mesura, una crítica humorosa y sensible sobre la ambición, el egoísmo, y los sueños rotos por una realidad que nos supera y apabulla.

Dicha contención es clara en su desenlace, donde la película también evita caer en una resolución trágica, complaciente o sentimentaloide, y opta por un final que pudiese parecer de principio anticlimático, pero que en realidad es más bien sutil y melancólico, donde aparentemente todo parece quedar igual, pero en realidad todo ha cambiado profundamente, y la posibilidad de un añorado regreso del protagonista al terruño parece esfumarse en una sola noche.

Esta ópera prima no está exenta de algunas fallas (el acento de la región que en algunos personajes no es muy creíble, Jesús Ochoa repitiéndose en su papel de malora que se quiere hacer el gracioso…), pero también muestra que Yazpik posee varias buenas cualidades en el terreno de la dirección, manifiestas en un relato que sabe contenerse y balancear su tono y ritmo, evitando caer en las trampas y convenciones que otras cintas con un tema y tratamiento similares no han podido sortear. Y de ese modo, el actor logra iniciar en los terrenos de la dirección cinematográfica con el pie derecho.

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