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RESEÑA | Parásitos: la hilarante ilusión de la escalera social

El filme de Bong Joon Ho es, de momento, no sólo es una de las mejores películas del año, sino la más destacada de su filmografía

Hay una razón por la que Bong Joon-ho ganó la Palma de Oro con Parásitos. En su nuevo filme, el director surcoreano que ya se había formado un nombre a base de éxitos, vuelve a probar que es uno de los mejores de su generación. Y uno al que hay que seguirle la pista. Aunque es temprano para llamarla la mejor cinta del año, fácilmente podría entrar en la lista y es una férrea competencia para el resto del mundo en la categoría de Mejor Película Extranjera para los Óscar de 2020.

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Ambientada en su natal Corea del Sur, Parásitos - 100% cuenta la historia de Kim Ki-taek (Song Kang-ho), un joven de familia pobre que encuentra un nuevo trabajo como el tutor de inglés de la hija mayor de la familia Park, una mucho más adinerada que la suya. Pronto, el protagonista y su familia logran engañar a los Park para que les dé un nuevo trabajo a cada uno de sus integrantes, pero no tardan en descubrir que hay más detrás de la vida acomodada de sus empleadores de lo que pensaban.

Como comedia negra, Parásitos resulta familiar al tono humorístico que Jong Ho ha demostrado en el pasado, sobre todo en Okja - 86% y para los fans de su obra encuentra una forma sorprendente de juntar su simple premisa con la imaginativa mente que nos trajo filmes como El Expreso del Miedo - 95% o El Huésped - 92%. E igualmente, con una crítica social mucho más refrescante para un tema tan explorado en el cine como lo es la desigualdad social.

El filme subvierte las expectativas de este tipo de historias sobre diferencias de clase. Mientras que la mayoría se enfocan en los sufrimientos de la pobreza y establecen un paralelismo entre la opresión de clases y la moral, a la conocida fórmula de “los pobres son buenos por humildes y los ricos malos por abusivos”, el director y escritor da la vuelta a estos papeles. Por un lado, los Kim son tramposos en sus estrategias para ganarse la buena vida a costa de los Park, mientras que el retrato de esta clase alta surcoreana es más bien, sobre todo por la madre, el de un grupo tan ofuscado por sus privilegios que rayan en lo tonto y quedan como ingenuos. Con facilidad, por ejemplo, la hermana del protagonista logra engañarla y hacerle creer que su hijo es un genio creativo que requiere una maestra de arte, ella misma, que haga florecer su potencial. Esta clara inversión de papeles le añade una dimensión extra a sus protagonistas y los vuelve más interesantes y menos unidimensionales.

Esto no quiere decir que la opresión no sea representada. Cuando el protagonista comienza a trabajar para los Park, ellos deciden cambiar su nombre, por ejemplo, a Kevin, un nombre anglosajón despojado de su ascendencia coreana y, con ella, de su lugar de origen. El padre, que se vuelve el chófer de la familia, por su parte, es víctima de comentarios clasistas por la forma en la que “huele” al barrio en el que vive. Claramente el director presenta un clasismo remarcado en la sociedad surcoreana.

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No es fácil escribir de Parásitos y explicar su genialidad sin revelar muchos detalles, justo por el ritmo vertiginoso de su trama que se ve potencializado por su irreverente humor. Pese a una duración de casi dos horas y media, difícilmente las sorpresas del libreto y los giros que van complejizando la relación entre los Kim y los Park permitirán un descanso de su adictivo relato al público. En un espiral, la cinta aumenta los riesgos de las acciones de cada personaje y desciende hacia un choque que promete ser mortal y en definitiva inminente.

Hay un claro énfasis en el uso de las escaleras, quizá como metáfora de la idea de movilidad entre clases. En muchas ocasiones, vemos a Ki-taek o a uno de sus familiares bajar escaleras o subirlas acompañado de alguno de los Park. Uno puede suponer que se trata de la propuesta del director por decir que realmente no existe una forma de ascender socioeconómicamente sin ayuda de alguien de arriba y que siempre se corre el probable riesgo de que la estancia en este nuevo nivel al que se ha escalado no sea muy duradera y, por una u otra razón, los de abajo siempre deben regresar, para quedarse o esconderse en el lugar que la sociedad ha creado para ellos.

Esta visión de Joon.ho sobre si es o no posible ascender en la escalera social y si los métodos que lo harían posible son los éticos o los moralmente reprochables parece quedar, deliberadamente y gracias al montaje del director de las últimas escenas de la cinta (que evidentemente no les revelaremos), a merced de la interpretación del público y el sentido que éste les quieran otorgar. Es esta apuesta por la ambigüedad la que le añade el toque final al que de por sí ya es un relato cautivador y adictivo. Después de todo, ¿qué es más intrigante que dejar a uno mismo el determinar si es posible esa clase de movilidad socioeconómica? Al responder esta pregunta que nos plantea, el filme obliga al espectador a confrontarse sobre su propia visión del mundo y su estructura social.

Parásitos - 100% tendrá su estreno comercial en diciembre. El filme fue parte de la programación de la decimoséptima edición del Festival Internacional de Cine de Morelia y posiblemente podría llegar a un estreno limitado a la Ciudad de México junto a lo mejor del evento en las primeras semanas de noviembre. Pero hasta entonces hay que esperar un rato hasta ver la ambiciosa película que ha consagrado al director surcoreano.

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