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RESEÑA: Los inquilinos | Más de gótico que de terror

El segundo filme de Brian O'Malley está ambientado en la década de 1920 y se basa en su atmósfera enigmática para contar una historia de terror gótico sobre dos gemelos extraños

Lo más destacable de Los inquilinos - 72%, hablando en general, es que hace que desee que este tipo de películas no sean algo raro dentro de la industria, pero lo cierto es que su existencia es toda una novedad. Con antecedentes como La Cumbre Escarlata - 71%, que pudo estar mucho mejor, e incluso La Dama de Negro - 66%, se esperaba que la cinta irlandesa sea algo más sólida en muchos aspectos, porque la historia decente, el ambiente y la tensión ya estaban ahí desde el comienzo.

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Estamos en la Irlanda de la década de 1920, en el periodo de revolución donde los soldados ya estaban regresando de la Guerra de Independencia irlandesa y con la guerra civil a la vuelta de la esquina, por lo que podría tratarse de 1921 o 1922. La trama tiene poco o nada que ver con guerra, sino que se centra en dos gemelos extraños, Edward (Bill Milner) y Rachel (Charlotte Vega), que viven en una sombría mansión mientras cargan con una maldición familiar que los obliga a seguir tres reglas: deben estar en sus camas para la medianoche, no deben permitir el ingreso de terceros y si uno de ellos sale de la casa pone en riesgo la vida del otro.

Como juez de sus destinos está una entidad sobrenatural a la que se conoce como Los Inquilinos, que son quienes establecieron esas reglas y toman posesión de la mansión cuando llega la noche. La dinámica entre los hermanos tiene algunos puntos interesantes, como el hecho de que él es el obediente, quien trata de no hacer algo que pueda ofender a los seres que habitan en la casa, mientras que ella es el espíritu libre, quien desea su libertad sin tener que rendir cuentas, mucho menos, a entidades que amenazan con destruir su vida.

Con el avance de la historia los hermanos se vuelven aburridos, y quizás la otra presencia más destacable es la del actor David Bradley (Harry Potter y La Piedra Filosofal - 80%, Game of Thrones - 59%) en el papel de Birmingham, el abogado de la familia que llega para rescatar la trama con el aviso a los gemelos de que deberán vender la casa para pagar deudas debido a que el fondo fiduciario que los mantenía está por agotarse y con ello los otros habitantes del lugar se vuelven los protagonistas de varias apariciones inesperadas ante la posibilidad de que estos intenten irse.

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Y ahí es donde el guión de Los inquilinos - 72% básicamente se queda de brazos cruzados. Fue escrito por David Turpin; es de lo más sencillo y prefiere enfocarse en recorrer paisajes de Irlanda que mostrar atención a una historia que podría dar mucho más. No se sabe qué exactamente son las criaturas que se dejan ver a la medianoche y aunque el agua es un elemento estrechamente relacionado con un suceso que desencadenó la situación de los gemelos, no parecen del todo aprovechadas.

Con cada punto nuevo que surge en la trama se siente una falta de pasión en su ejecución y es como si las cosas ocurrieran porque deben seguir un orden, mas no como si el director Brian O'Malley quisiera sorprender al espectador con algo original. Como intento de levantar el relato, surge un interés romántico para Rachel en la forma de Sean, un veterano de guerra que perdió una pierna en combate, a quien ella usa para tratar de romper la maldición familiar.

En el apartado técnico sobresale la fotografía de Richard Kendrick que le da ese toque sombrío y acuático a la producción. Eso, junto con los bosques y el lago de los que se vale la trama (todas las locaciones son maravillosas), consiguen sumergir el relato en un ambiente fantasmagórico y surrealista que es reforzado por las sólidas actuaciones del dúo protagonista, en el que el hermano es ese joven espeluznante que sigue marcado por un trauma de varios años atrás, y la hermana como una chica que ansía la libertad y solo quiere dejar atrás la vida que llevó en todo ese tiempo. La música de Kevin Murphy, llena de violines y pianos marcan más la tensión y suspenso del filme. Además, la puesta en escena es magnìfica y una vez que entra por los ojos es difìcil que deje ir al espectador.

En líneas generales, Los inquilinos - 72% decepciona en algunos niveles pero lo compensa con una atmósfera enigmática y una refrescante mirada al cine de terror gótico desde su lado más formal y estético que es posible que cautive a algunos, pero no gustará a quienes van al cine con la esperanza de brincar de sus asientos en cada escena. Eso sí, la clave está en mantenerse atentos porque de lo contrario se perderán en el rompecabezas que tiene por historia.

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