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RESEÑA: Como Si Fuera la Primera Vez | Y ojalá también la última

La nueva película de Mauricio Valle apenas consigue ser un discreto vehículo de lucimiento para Vadhir Derbez

Cuando se dio a conocer que se estaba preparando un remake nacional de la comedia romántica estadounidense 50 First Dates (conocida en nuestro país con el título de Como si fuera la primera vez - 44%), varias luces rojas se encendieron. Y no era para menos: aunque desde 2017 esta historia se tornó una franquicia internacional (contando ya con versiones en Turquía y Japón), la película original protagonizada por el comediante Adam Sandler no es particularmente recordada como uno de los trabajos más inspirados en los que haya participado. Es más, figura como una de sus interpretaciones menores. Por otra parte, los fans (que si los hay) del largometraje original de 2004 dirigido por Peter Segal externaron su descontento tras ver el trailer de esta nueva versión. Con estos antecedentes, los pronósticos en torno a este refrito mexicano resultaban poco prometedores. Y ahora que el filme es ya una realidad, tristemente se confirman varios de esos malos augurios.

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La premisa es la misma del libreto original escrito por George Wing : a raíz de un accidente ocurrido durante unas vacaciones en un paradisiaco lugar, la joven Luci (Ximena Romo) sufre de memoria a corto plazo, y no puede retener recuerdos salvo aquellos ocurridos antes de su fatídico percance. En consecuencia ella (con el refuerzo de todo un montaje elaborado por sus familiares y amigos para evitar perturbarla aún más) está atrapada en un interminable loop, en el cual vive un mismo día una y otra vez, sin recordar nada de lo vivido al despertar la mañana siguiente. Y así sucesivamente durante varios años.

Por casualidad, un día se encuentra con Diego (Vadhir Derbezz), quien esta allí de forma transitoria, mientras logra asumir un cargo como cuidador de mantarrayas para un santuario marino. Desde el primer momento en que se conocen, una fuerte atracción surge entre ambos, pero debido a la condición especial de Luci, cuando se reencuentran al día siguiente, ella es incapaz de reconocerle y lo rechaza. Desconcertado en principio, Diego intenta entender lo ocurrido y es cuando se entera de la enfermedad que aqueja a la joven. Y aunque se desanima en principio, el protagonista (enamorado autentica y profundamente) decide hacer todo lo posible para que estén juntos, sin importar que al día siguiente ella ya lo haya olvidado, y tenga que comenzar todo prácticamente desde cero.

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Filmada en locaciones de República Dominicana, el director y guionista Mauricio T Valle (Dariela los martes, 2014; Sobre Ella ) conserva la trama original intacta, pero decide darle un enfoque más familiar, por lo que le despoja de cualquier chiste vulgar o escatológico presente en la primera versión, o en su defecto, los suaviza. Es decir, ofrece un relato muy inocuo y aséptico. Tal decisión curiosamente, produce un efecto contrario (y perjudicial) en esta cinta: en la versión de Segal, muchas de las criticas negativas hacia ella aludían a la abundancia de chistes bobos y subidos de tono los cuales distraían y entorpecían la historia que se sostenía gracias a la química y espontaneidad desarrollados por sus protagonistas en pantalla. Al despojarla de esos chistes y situaciones irreverentes, en la versión de Valle el principal atractivo de la narración recae justamente en la relación de la pareja estelar y la dinámica que ellos desarrollen a cuadro.

Y esa que debía de ser su gran fortaleza, es de hecho su punto más débil, ya que no es posible detectar la química ni la chispa necesaria entre sus actores principales para que su supuesto romance resulte ya no digamos entrañable o entretenido, sino medianamente creíble. No cautiva los suficiente al espectador para que se preste a ser cómplice o por lo menos se interese genuinamente por la relación de esta pareja. Y en cambio, lo que se ve en pantalla es una sucesión de momentos cursis y (muy) aburridos.

Este fallo deriva de varios factores. Por principio de cuentas, un desempeño actoral no muy eficiente. En específico, el trabajo de Ximena Romo en el filme resulta particularmente frío y poco expresivo, y no consigue externar (ni transmitir) las emociones requeridas para un personaje con sus características específicas. No es graciosa ni espontánea cuando debe de serlo, ni consigue alcanzar el tono melodramático correcto requerido en ciertas escenas.

Su contraparte, Vadhir Derbez sale mejor librado, y aunque este no es uno de sus papeles más memorables, consigue estar lo suficientemente contenido, ligero y humoroso para que su personaje resulte encantador o simpático. Así termina por robarse la película, tornándola (quizá involuntariamente) en un vehículo que le permite lucir algunas de sus habilidades histriónicas. Y quizá con eso sea suficiente para que la cinta logre atraer al gran público y le permita colocarse en uno de los primeros lugares de la taquilla en su semana de estreno.

La disparidad en los tonos de los protagonistas se trasmina hacia sus actores de reparto (Alejandro Camacho, Francisco Rueda), donde igual podemos encontrar personajes de apoyo que ofrecen interpretaciones de pena ajena, al lado de otros que, a pesar de aparecer poco tiempo en pantalla, brindan actuaciones notables o en el tono adecuado, dando la sensación de que pudieron ser mejor aprovechados. Todo derivado de una inadecuada dirección de actores.

A ello se suma un guión gris que no hace sino magnificar las deficiencias e incoherencias ya existentes desde el material de origen; un desarrollo narrativo plano y poco imaginativo, un ritmo pasmoso que empantana la historia en varios puntos volviéndola soporífera (acentuado por un soundtrack especialmente empalagoso); e incluso, no se explotan a todo su potencial las locaciones naturales donde la historia transcurre, las cuales quedan reducidas a meras tarjetas postales.

Así, e independiente de tratarse de un remake o no, Como si Fuera la Primera Vez - 21% no alcanza siquiera a ser una decorosa comedia romántica, y solo consigue plasmar en pantalla una tediosa relación de figurín: unidimensional, nada emocional y genérica a más no poder. Un producto desangelado, que poco tiene de comedia y aún menos de romance, el cual invita al espectador a seguir el ejemplo de Luci -su protagonista-, y olvidarlo al día siguiente de haberlo visto.

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