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La Casa de Papel | Nuevo golpe y nuevas caras: la anarquía continúa

Tokio, Río, Nairobi, Denver y Helsinki regresan de la mano del Profesor para emprender un nuevo atraco

Originalmente producida para Atresmedia, La Casa de Papel - 100% se volvió un fenómeno mundial gracias a su presencia en Netflix, que le permitió llegar a millones de hogares y desatar tal furor que hizo que todos quieran disfrazarse como los atracadores con las famosas máscaras de Dalí. El éxito la llevó a convertirse en la serie de habla no inglesa más vista en la historia de la plataforma, ganar un Emmy internacional como la serie de drama del año, y la oportunidad de que su creador, Álex Pina, prepare nuevos episodios para el gigante del streaming, con una gran inyección de capital que permitió que se graben escenas en otros países como Panamá, Perú e Italia.

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Podemos estar de acuerdo en que La Casa de Papel no necesitaba más episodios. El final de la segunda temporada fue el cierre perfecto: el plan funcionó, Berlín se sacrificó por el equipo y El Profesor se volvió a encontrar con Raquel después de todo el alboroto. El creador de la célebre ficción tenía claro que no podía ofrecer una extensión cualquiera a su historia, así que se decidió por una secuela de verdad, una historia que sacude todo lo que creímos saber, que suma nuevos personajes y retos a los protagonistas.

Si creías que el atraco a la Fábrica de la Moneda y Timbre fue el evento del siglo, abróchate los cinturones porque lo que sucede en la tercera temporada te volará la cabeza. ¿Qué harías si tu y tu grupo de cómplices logran salirse con la suya tras haber ejecutado el atraco a la perfección? Para Río y Tokio la idea de desconectarse del mundo exterior para descansar en una isla paradisíaca suena muy bien, especialmente sabiendo que tienen su parte de un botín de miles de millones de euros asegurada y pueden olvidarse del resto por un buen tiempo. Sin embargo, un error infantil hace que uno de los miembros de la banda criminal sea atrapado por la Europol y es entonces que dirigidos por El Profesor deciden juntarse para evitar que las cosas se pongan más feas, porque no hay mejor forma de reaparecer que con un nuevo y brillante atraco.



El arranque de la serie nos deja ver qué ha sido de la vida de los protagonistas, cada uno en lugares muy distintos del planeta, pero lo que funciona de la serie es la forma orgánica en la que la banda dirigida por El Profesor vuelve para juntarse. En vista que uno de los miembros se encuentra en aprietos, la resistencia decide ponerse manos a la obra. Eso sí, el plan que ejecutan esta vez es uno mucho más complicado y tiene como objetivo al Banco Nacional de España y su reserva de oro.

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Los primeros dos episodios tienen un ritmo endiablado ya que resumen lo que ha pasado durante los dos años sabáticos de los criminales, la persecución por parte de la policía cuando consiguió localizar a uno de ellos y la posterior fuga a otro continente según dicta el plan de contingencia. En esta parte se nota el elevado presupuesto del que gozó ahora La Casa de Papel al lucir como una superproducción de Hollywood, pero eso pasa pronto con el cambio extremo que resulta el tercer episodio, donde la serie vuelve a verse como lo de siempre. Una pena, pudiendo haber sido mejor aprovechada por ese lado.

A lo largo de los 8 episodios, que ahora son más cortos, aprendemos sobre la anterior vida del Profesor y Berlín, conocemos a antiguos miembros del equipo y vemos los momentos en los que planeaban los futuros atracos. El que se roba el show es Palermo (Rodrigo De la Serna), un argentino que transmite ese sentido de internacionalización en el equipo y que conocía a Berlín y al Profesor de antes. También se suman nuevas caras con los nombres de Bogotá y Marsella, cada uno con un rol importante en la nueva trama.



El ingenio de anteriores temporadas sigue intacto aunque se agradece que la trama haya dejado de lado el exceso de giros argumentales y en un guión donde los de la resistencia son considerados terroristas, los sobrevivientes héroes, y los espectadores como únicos conocedores de la verdad, da gusto saber que cumple y que tiene tiempo para aplicar allí una especie de postura política, la crítica al sistema y la rebelión, esos conceptos anárquicos propios del bando de los protagonistas que ya se habían visto pero que regresan con fuerza y ante la guerra que se avecina son necesarios.

Si la primera parte de La Casa de Papel probó que con poco se puede lograr una producción interesante, para la tercera recurrió a los fuegos artificiales en la forma de madurez en el apartado técnico, muy sobresaliente y que brilla con más fuerza que nunca; desde la fotografía de los paisajes y hermosos atardeceres, hasta la locación más cerrada, como la bóveda de un banco. Además las secuencias de acción fueron rodadas con maestría: pasan demasiadas cosas pero en todo momento sabemos lo que está ocurriendo. Menos acción caótica y más acción medida. Como punto negativo está el regreso de la fórmula de manejar muchas líneas de tiempo que se muestran de forma paralela y que el pitazo inicial de la estructura vuelva a tener que ver con Tokio y el Profesor. Las subtramas se complican y aunque no es una gran diferencia, sí aporta un nuevo aire a la serie.

Estamos ante una gran temporada en líneas generales, que abre paso para lo que será la cuarta parte. Nadie está a salvo y el destino del equipo promete un cierre espectacular para los próximos episodios. Los ingredientes siguen ahí, pero espero que Álex Pina sepa qué hacer con ellos para que el viaje no decaiga.



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