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Máquinas Mortales | Una aventura steampunk sin impulso ni arranque

Con todo y que ha conseguido uno de los trabajos más precisos en cuanto a efectos visuales se refiere, Máquinas Mortales está lejos de ser la nueva aventura escapista que se nos había prometido, en seguida te decimos por qué.

Peter Jackson ha decidido alejarse de Tierra Media y tomar otros rumbos, por lo menos, como productor porque si bien no ha vuelto a dirigir una nueva película tras estrenar El Hobbit: La Batalla De Los Cinco Ejércitos - 60%, el neozelandés ha decidido apadrinar el debut como director de quien fuera su supervisor de efectos visuales en la trilogía El Hobbit, Christian Rivers, impulsando una historia ubicada en un mundo post apocalíptico de herencia steampuk que apantalla e hipnotiza con su concepto visual, pero que se ha quedado a medio camino en sus intenciones revolucionarias: más que una aventura épica, Máquinas Mortales - 35% es una carrera agotadora y poco inspirada.

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Adaptando la novela juvenil homónima escrita por Philip Reeve , el guión fue escrito por el propio Peter Jackson en conjunto con Philippa Boyens y Fran Walsh . La acción se ubica miles de años después de la destrucción de la civilización tal y como la conocemos hoy en día a causa de un cataclismo conocido como la “guerra de los sesenta minutos” que, desde entonces, cambió la morfología del planeta, ahora las ciudades son gigantescos mecanismos en movimiento que transitan por la tierra sobre enormes ruedas devorando ciudades más pequeñas con la intención de consumir sus recursos para poder sobrevivir. El destino de la Tierra tendrá una esperanza cuando Tom Natsworthy (Robert Sheehan), un niño huérfano de 15 años habitante de Londres descubre un elemento que podría cambiar el rumbo del planeta; dicho descubrimiento coincidirá con el fortuito encuentro que tiene con Hester Shaw (Hera Hilmar), una fugitiva que tiene una cuenta pendiente por saldar.

A Máquinas Mortales le bastan unos cuantos minutos para poner en situación a los espectadores, a su favor está una secuencia inicial álgida, climática y trepidante que muestra a detalle la manera en que estos monsters trucks devoran otros países; un despliegue de efectos visuales, un arranque prometedor que va perdiendo impulso debido a una trama desorientada, densa en la explicación de la constitución de este universo y un exceso de personajes poco empáticos y definidos que hacen inevitable comparar su propuesta con la de otras franquicias juveniles ambientadas en futuros distópicos. Son estos elementos, sumados a una dirección de Rivers poco inspirada los que hacen que la historia vaya de más a menos.

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Por si fuera poco, existe un gran número de subtramas en las que no se profundiza o, en el mejor de los casos, se revelan como potenciales líneas narrativas (quizás pensadas para ser explotadas en secuelas posteriores), pero aun así, a ninguna de ellas se les da el peso adecuado para complementar a la trama principal, lo anterior obedece al gran número de personajes y su ajetreada presentación porque, es cierto que hay algunos que se antojaría conocer poco a poco e incluso, a los propios personajes principales no se les da la profundidad necesaria a excepción de Hester, el único personaje con el que hay un involucramiento genuino.

Con todo y que ha conseguido uno de los trabajos más precisos en cuanto a efectos visuales se refiere (ahí el gran logro de Peter Jackson y del mismo Christian Rivers), un excepcional diseño de producción que en momentos remite a los mundos fantásticos de Hayao Miyazaki y una que otra secuencia de acción perfectamente coreografiada, Máquinas Mortales está lejos de ser la nueva aventura escapista que se nos había prometido, sus escenas de combate difícilmente consiguen emocionar, mientras que nuestras mejores expectativas se ven frustradas al descubrir que las resoluciones están elaboradas al más puro estilo de las revelaciones de Star Wars (sí, incluido el “…yo soy tu padre”).

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Sumada una resolución predecible, Máquinas Mortales - 35% ofrece muy poco a nuestra imaginación, es un entretenimiento desechable que pronto será consumido por algo más novedoso.

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