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El Grinch | ¡Cómo el Grinch es bondadoso a pesar de tener pequeño el corazón!

En su ambición por reescribirla para una nueva generación, El Grinch quedó como un villancico edulcorado, un cuento navideño que maquilla y traiciona el mensaje primario del cuento original. Te contamos los motivos por los que esta nueva adaptación resulta fallida

Si algo nos enseñó la película de Ron Howard del 2000, El Grinch - 53%, fue que el querido cuento escrito por Dr. Seuss , ¡Cómo el Grinch Robó la Navidad!, no necesitaba un formato de larga duración. El relato que sigue a un malhumorado ogro verde y su descubrimiento del verdadero significado de la Navidad es uno de los cuentos de la temporada por excelencia y, quizás, uno de los que mejor ejemplifica el espíritu de la fiesta decembrina. La historia ha vuelto con fuerza en un tiempo en el que revivir viejos clásicos forma parte de los estrenos semanales, así es como ha llegado esta nueva versión: El Grinch - 51%, dirigida por Yarrow Cheney y Scott Mosier, y producida por Illumination Entertainment, los estudios detrás de películas como Mi Villano Favorito - 81% y Minions - 56%.

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Sin el ánimo de hacer de esto un texto comparativo, resulta fundamental citar el cortometraje precursor y el que sigue siendo la mejor aproximación del escrito de Dr. Seuss, El Grinch: El Cuento Animado, la producción creada para la televisión de apenas 26 minutos de duración fue un hito para la audiencia que gozó en metrocolor de las maldades de Odeón y su posterior conversión en un ser bondadoso. Que el corto codirigido por Chuck Jones y Ben Washam contara con la participación del legendario Boris Karloff como el narrador y voz del Grinch ayudó para que éste obtuviera un estatus de pieza clásica. Es fácil decir porqué esta pequeña obra es la mejor adaptación del libro, la clave radica en su duración, 26 minutos que nos revelan que esta historia sencilla, pero con mucho corazón, no necesita una sobreexposición de la trama porque es una fábula que va de A a B para revelar su moraleja. Entonces, ¿por qué las posteriores producciones se empeñan en dar profundidad a una historia y a unos personajes que, de entrada, son arquetípicos? Aquí es donde radica el gran desacierto de El Grinch de Cheney y Mosier.

Esta nueva versión cambia algunos aspectos de los personajes y la forma en que se suceden algunos pasajes para darle un aire de actualización “bien intencionada” (ajá, corrección política le llaman): los Quién están haciendo los preparativos para la celebración de la Navidad que esperan sea la más grande de todos los tiempos, es por eso por lo que el Grinch elabora un plan para volver a recuperar la paz y el silencio: robar la Navidad haciéndose pasar por Santa Claus durante la Nochebuena. Sin embargo, en Villa Quién, la dulce Cindy-Lou tiene otro plan: atrapar a Santa Claus para pedirle un deseo especial.

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Contando con la voz de Benedict Cumberbatch como El Grinch, la película difícilmente logra reelaborar lo que en su origen es una historia redonda, de hecho, los guionistas Michael LeSieur y Tommy Swerdlow han sobrecargado de detalles las motivaciones del malvado ogro verde inventando que éste sabe con antelación los planes de la ambiciosa fiesta de los Quién, además de mostrarlo como un ser que convive, aunque de mala manera (o casi de mala manera), con los habitantes de la villa; es decir, este Odeón 2018 no es un villano, sino un ser inadaptado (¿qué?).

Pareciera que esta película bien podría intitularse, ¡cómo el Grinch es bondadoso y gentil a pesar de tener pequeño el corazón! Y todo porque el personaje ha sido objeto de un nuevo diseño: ya no es la insensible y malvada criatura que imaginó su escritor, en esta película, incluso antes de descubrir el sentido de la Navidad y que el corazón se le agrande, su comportamiento llega a ser compasivo, amable, simpático y hasta tierno, aspecto que no sólo desentona, sino que traiciona el propósito primario del relato. Por si fuera poco, han creado una subtrama paralela en torno a Cindy-Lou que, en vez de aportar, viene a entorpecer la resolución y a maquillar el mensaje del cuento original, haciendo sentir que nuestro clásico pasó por la maquinaria correctiva de la industria norteamericana.

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Como entretenimiento familiar, El Grinch - 51% de Cheney y Mosier también decepciona. Cierto es que hay momentos divertidos, coloridos y encantadores, sin embargo, éstos son a cuentagotas y aislados, por lo tanto, el ritmo es irregular por ello, para la audiencia adulta puede resultar altamente aburrida. Por otro lado, no hay momentos que revelen de forma genuina la villanía del granuja ogro. En definitiva, es una película para niños que solo busca mostrar la bondad sin contraponer la maldad.

El precio que ha tenido que pagar El Grinch 2018 ha sido caro: en su ambición por reescribirla para una nueva generación, este largometraje ha quedado como un villancico edulcorado que en el camino perdió su carácter, pero lo más grave fue que perdió ese toque que la hacia gozosa y malvadamente festiva, en suma, ese encanto mordaz que tanto caracterizan las historias del Dr.Seuss.

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