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El test de Bechdel: ¿una medida para la diversidad o de censura feminista?

La medida creada para saber que rol juegan las mujeres en una película puede ser bastante engañosa

En un ensayo de 1929, la escritora Virginia Woolf mencionaba que en las obras de literatura de su época el papel de la mujer era en extremo simplificado y que difícilmente le emocionaba leer esas partes tan escuetas al hojear un libro. La autora hablaba de un tema que se ha popularizado en años recientes entre críticos, académicos y realizadores: el papel de la mujer en los distintos ámbitos profesionales. En el caso específico del cine, se ha enfatizado que no hay suficientes mujeres directoras y guionistas, eso y que los personajes femeninos en muchas cintas fungen funciones decorativas o bien no pasan de ser el interés romántico del héroe. Si bien el relato dramático, trágico, heroico y cómico de varias culturas y eras ha puesto a la mujer en distintos papeles los tiempos que vivimos son muy específicos, para varias personas es apremiante que más historias hechas por y para mujeres aparezcan en la pantalla grande.

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Alison Bechdel, creadora del cómic Dykes to Watch Out For, presentó a dos mujeres en una serie de viñetas. Una explicaba que sólo veía películas que cumplieran con un requerimiento básico: que aparecieran dos mujeres y que estas hablaran de algo más que un hombre. Esto dio origen al llamado Bechdel Test, en honor a la autora. La prueba en cuestión se rige por el principio ya mencionado: si en una película aparecen dos mujeres y tienen una conversación sobre cualquier tema que no sea hombres entonces la cinta aprueba el test. Varios han señalado que el grueso de las producciones de Hollywood no lo pasan, sin embargo, pasarlo o no es algo que opera muy aparte y que no tiene nada que ver con la calidad de la cinta en cuestión.

La prueba aplica también a series de televisión, cómics, etc. En 2016 tres editores de Polygraph, sitio digital de periodismo visual cuyas investigaciones están basadas en estudios y datos sobre temas sociales y culturales, crearon una serie de infografías basada en datos del sitio web Bechdel Test que mostraba cómo la discrepancia de género en escritores, directores, productores y creadores en general lleva a las películas de Hollywood a fallar una y otra vez el test. (Aquí pueden ver completo el estudio de Polygraph)

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Desde 1985 esta prueba ha sido un instrumento para señalar la poca presencia femenina en la industria cinematográfica en sus distintas fases. En la actualidad el test de Bechdel continúa arrojando calificación reprobatoria en películas que se exhiben en cartelera, es decir si se tomara como un instrumento que validara si una cinta se exhibe o no, no habrían salas de cine con premieres cada fin de semana. Un estudio del Instituto Geena Davis sobre Género en los Medios, ONU Mujeres y la Fundación Rockefeller presentó en 2014 el primer estudio internacional sobre imágenes de género en películas del mundo entero, reveló que la proporción de hombres a los personajes femeninos en el cine se ha mantenido en alrededor de dos a uno por lo menos seis décadas. Con una discriminación profundamente arraigada y estereotipos generalizados de las mujeres y las jóvenes por parte de la industria cinematográfica internacional. Ese estudio tomó como muestra películas populares de los países y territorios más lucrativos internacionalmente, entre ellos, Australia, Brasil, China, Francia, Alemania, India, Japón, Rusia, Corea del Sur, Estados Unidos y Reino Unido, así como colaboraciones británico-estadounidenses. Pese a que las mujeres representan la mitad de la población mundial, menos de una tercera parte de los personajes con líneas de diálogo en las películas son mujeres. Menos de una cuarta parte de la fuerza laboral ficticia que aparece en pantalla son mujeres (22,5 por ciento).

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Estos datos duros son desalentadores pero si el test se tomará como requisito la producción cinematográfica se enfrentaría a la sorprendente escasez de, por ejemplo, directoras de cine. Tomemos en cuenta que la prueba censura una conversación debe tratar sobre algo que no sea un hombre. Este punto no se limita a las relaciones románticas; por ejemplo, si dos hermanas hablan de su padre o de su hermano no superan el test. Por lo que películas como la recién nominada al Óscar Lady Bird - 97%, de Greta Gerwig, queda reprobada, o bien El Piano - 90% de Jane Campion.

Bajo su carácter de censura, ¿dónde quedan películas como 12 Hombres en Pugna - 100% o La Cosa de Otro Mundo - 80% de John Carpenter ante el test? Ni que decir de muchos westerns, como La Pandilla Salvaje - 98% o El Bueno, El Malo y El Feo - 97%. Estas cintas giran en torno a hombres y en varios casos ni siquiera aparecen personajes femeninos. ¿Esto significa que estas historias son machistas y sus creadores insensatos que detestan a las mujeres? La realidad de la creación artística es que esta debe obedecer a lo que el artista busca plasmar y no a arbitrarias cuotas que se deben cumplir como si fueran requerimientos burocráticos. El crítico de cine Robbie Collin señaló esto en un texto en el que dejaba claro que, pese a las buenas intenciones de la susodicha prueba, esta operaba más como una recolectora de datos o bien como una lista en donde se tienen que palomear ciertas opciones. Reduce la discusión sobre cine a estadística en lugar de invitar al respetable a reflexionar sobre los méritos o fallos de la cinta que acaban de ver.

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Tenemos el otro lado de la moneda, por ejemplo textos en medios que exigen que haya mujeres o personajes de distintas etnias en películas en las que la historia original no lo demanda. Cuando se estrenó Dunkerque - 92% aparecieron quejas de que la historia no se enfocaba en las mujeres o personas de color que participaron en el conflicto. Esta, más que una queja razonable sonaba a un capricho y es que el episodio especifico que la cinta contaba tenía que ver con soldados estadounidenses y franceses. En ese sentido es lógico pensar que las historias que tienen que ver con conflictos bélicos, western y otras actividades peligrosas predominen los personajes masculinos, ya que esos son los que van a la guerra con mayor frecuencia sin importar la época o cultura.

De manera similar un experimento como Cazafantasmas - 73% demostró que tanto los personajes femeninos como masculinos necesitan calidad, no cantidad. El director y guionista Alex Garland recientemente estrenó en Estados Unidos su épica de ciencia ficción Aniquilación - 84%, la cual esta protagonizada enteramente por mujeres y sin embargo la cinta paso desapercibida tanto para las audiencias como para muchos activistas de redes. Garland ya había hecho de las suyas con Ex Machina - 93%, en donde una androide con forma de mujer lograba aventajar a sus domadores.

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Escribir a un personaje femenino con fortaleza no es sinónimo de ponerle un arma en las manos. Se trata de crear personajes que se sientan humanos y que tengan capas morales más complejas. Ese es un verdadero problema que existe en muchas producciones, no solo de Hollywood sino de otros países. Es aquí donde los guionistas tienen que entrar al rescate. Por que al final del día, tanto hombres como mujeres merecen existir en la ficción de múltiples maneras, solo así podremos entender mejor nuestra complicada naturaleza humana.

¿La conclusión? El test de Bechdel puede funcionar como sistema de clasificación feminista, pero no como herramienta de calidad. La clave para lograr una mayor diversidad reside en una mayor producción.

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