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El cine mexicano estrenado en febrero 2018, bajo el escrutinio de la crítica

De nueva cuenta, varios periodistas cinematográficos dan su punto de vista acerca de las películas mexicanas estrenadas en cartelera durante febrero de este año

Tras llegar a su fin el mes de febrero 2018, la cartelera comercial deja tras de sí 32 películas estrenadas durante dicho período. Al igual que en enero, seis de ellas fueron producciones o coproducciones mexicanas - lo que representó un 19 % de lo estrenado en cartelera. En promedio - como ocurrió el mes pasado- se estrenaron a ritmo de casi dos películas mexicanas por semana.

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En total, se han estrenado 12 películas mexicanas en dos meses. Lo que en conjunto representa el 17% de los filmes que arribaron a la cartelera en nuestro país en lo que va del año. En cuanto a géneros y temáticas, este mes las películas mexicanas nuevamente mostraron inclinación por comedias en diversas vertientes, acompañadas por el sorprendente ejercicio de un cineasta dentro del género fantástico, y un par de documentales que voltean la mirada hacia el interior de nuestro país, plasmando dos realidades en ámbitos eminentemente rurales.

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Para hablar de lo que fue este segundo mes en lo tocante al cine mexicano, nuevamente invitamos a algunos periodistas a compartirnos sus percepciones y puntos de vista, a través de los cuales se puede conformar un panorama diverso sobre el tema.

A continuación, las opiniones de nuestros especialistas invitados:

Jorge Negrete - Crítico de cine para Butaca Ancha, Cine Premiere y Forbes México

Para el cine mexicano, como para cualquier otra industria o negocio, febrero representa la oportunidad de capitalizar la celebración del día del amor y la amistad con el mega lanzamiento de una película que sigue, con rigurosa lealtad, las reglas y formulas del mercado para encontrar la mayor audiencia posible pero de irregular calidad.
Dicho papel recayó este año en La Boda de Valentina - 35% de Marco Polo Constandse, estelarizada por Marimar Vega, Omar Chaparro y Ryan Carnes. Sin sorpresas, la película es, por un lado, un ameno ejercicio revisionista del cine popular mexicano de los años 50, particularmente de los triángulos amorosos de Pedro Infante, Luis Aguilar o Jorge Negrete, que funciona gracias a la química entre un contenido Chaparro y un solvente Carnes. Por otro lado, como mero oportunismo del zeitgeist político en México, la película pretende satirizar los vicios más arraigados de dicha clase en nuestro país, pero a un nivel rudimentario, soso, visceralmente acrítico y lo peor, sin buenos chistes o contundentes ganchos. Era de esperarse cuando la tarea recae en el comunicador Chumel Torres, cuya labor le es tan prescindible y hasta nociva a la película como los partidos políticos a México.

En las antípodas, y envuelta en un pequeño escándalo por la ridícula venganza personal de un periodista, La Región Salvaje - 82%, película del galardonado Amat Escalante llegó finalmente a las salas mexicanas con año y medio de dilación después de su estreno en el Festival de Venecia. Como un diario de nota roja escrito con la más fina prosa, la película de Escalante toca los temas que han caracterizado su filmografía, pero incorporándolos a una fina alquimia de géneros y autores, desde la iconografía de Hokusai hasta la visceralidad de Zulawski. Sin duda, el mejor estreno, si no el más rentable, de la cartelera mexicana en febrero.

Tanto La Boda de Valentina - 35% como La Región Salvaje contextualizan géneros cinematográficos en términos de la realidad nacional vigente, con resultados disímiles e imperfectos, pero que abonan más a la conversación cinematográfica que la esterilidad de una comedia al carbón como Cómplices, la rampante e inofensiva vulgaridad de La Prima o la redundante y seca denuncia de El Maíz en Tiempos de Guerra que reduce un tema vital para la vida nacional a un inerte tabique informativo. Vienen meses de saturación mediática, ante los que deberá existir prudencia y reflexión, dos cualidades aun ausentes en el grueso de la producción cinematográfica nacional.

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Nancy Mora - Directora General de Revista Encuadres. También es editora de la sección de cultura para Notimex

En el segundo mes de 2018 se estrenaron un total de seis películas mexicanas que nos dan pauta para hablar de los contrastes de una incipiente industria cinematográfica en el país. Por un lado se estrenó en salas comerciales La Región Salvaje - 82%, la más reciente película de Amat Escalante que si bien le otorgó el León de Plata a Mejor Director en la Mostra de Venecia 2016, tuvieron que pasar dos años para que el público mexicano pudiera verla, sin embargo, los resultados en taquilla comprobaron una vez más que el gran público no conecta con este tipo de películas, aquellas que se arriesgan a hacer una crítica social o que no tienen en su elenco a actores conocidos o taquilleros, y con esto no quiero decir que sean malas o buenas, simplemente que por su corte autoral no puede competir con películas como La Boda de Valentina - 35%, otro de los estrenos de este mes, una comedia que ha obtenido muy buenos números en taquilla, incluso llegando a ocupar el primer lugar y mantenerse en el Top 5 durante tres semanas, lo cual no sorprende si consideramos que en los últimos años este género ha sido uno de los favoritos de los mexicanos, que además repite la fórmula hollywoodense al apoyarse en un star system a la mexicana.

Si hablamos de quién ha sabido explotar esta fórmula es Videocine, que este mes también estrenó Cómplices, cinta que en su primera semana recaudó más de 16 millones de pesos y que cuenta con la participación de Jesús Zavala, a quien también vimos en La Boda de Valentina - 35%, y que a pesar de ser una comedia con tintes machistas, ha llevado a más de 300 mil personas a las salas, algo que no ocurrió con La Prima, dirigida por Víctor Ugalde, que demuestra que no por ser comedia el éxito está garantizado.

Febrero también nos trajo películas como Bosque de Niebla - % y El Maíz en Tiempos de Guerra, documentales que enriquecieron la oferta cinematográfica nacional y que a pesar de solo haber llegado al circuito alternativo dan cuenta de la creciente diversidad temática del cine mexicano, la cual debería ser apoyada e impulsada por las distintas instituciones del Estado Mexicano a través de reglas justas de exhibición y solo entonces podríamos hablar de una verdadera industria nacional.

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Eric Ortiz García - Periodista y crítico de cine para Screen Anarchy, Birth.Movies.Death., Empire, Mórbido, Butaca Ancha y Sector Cine

Febrero fue un mes de contrastes para el cine mexicano. Por un lado se estrenó por fin, una de las cintas nacionales más destacadas de los últimos años: La Región Salvaje - 82% de Amat Escalante. En esta ocasión Escalante explora un elemento fantástico sin precedentes en su filmografía, y al mismo tiempo continúa mostrando sin tapujos la realidad de la sociedad mexicana, donde no nos escapamos del machismo, la homofobia, la represión sexual, la violencia y el yugo de las instituciones sociales. Aunque algunos periodistas mostraron su ignorancia y resaltaron el desempeño regular que tuvo en taquilla, La Región Salvaje es el mejor trabajo hasta ahora de Escalante.

Febrero también nos dejó otra candidata seria a peor película mexicana de 2018: La Prima de Víctor Ugalde. Una vulgar exhibición de lencería femenina que, tratando de evocar a las sexy comedias de los años ochenta, se destacó más bien por varias subtramas y personajes secundarios innecesarios, gags escatológicos lamentables, el ridículo peluquín de Jesús Ochoa, y en general por un guión sin sentido.

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Alberto Acuña Navarijo - Colaborador de Cinema Móvil y el programa radiofónico Derretinas de la barra Resistencia Modulada de Radio UNAM

Durante febrero el cine mexicano se mantuvo estable en cuanto a estrenos semanales se refiere, inercia que inclusive ya alcanzó a todo el mes de marzo. Hasta ahí las buenas noticias. Y es que en la mayoría de los casos nuevamente nos encontramos con propuestas que se conformaron en regurgitar modelos ya demasiado trillados o en intentar emular cierto espíritu popular característico de décadas pretéritas.

Centrémonos en dos títulos. De primera impresión, la idea de estrenar en salas una sexycomedia en pleno 2018 como La Prima sonaba al menos curiosa: ¿de qué manera el género conseguiría reinventarse y adaptarse a los tiempos que corren? ¿De qué forma dialogarían sus tópicos con la sensibilidad de un nuevo público? Ahí había una buena oportunidad por explotar. Sin embargo, se nota que Víctor Ugalde no había dirigido en casi veinticinco años -tras estar involucrado en la grilla vía FIDECINE y el activismo cinematográfico-. Su tardío y desafortunado regreso pertenece a un tipo de cine hecho por una vieja guardia de la industria ochentera queriendo insistentemente vivir de glorias pasadas.

Ahí están nombres como Adolfo Martínez Solares quien todavía en esta década ha dirigido o producido videohomes como Los Verduleros 4 donde involucró a los personajes eternamente pránganas interpretados por unos ya disminuidos Alfonso Zayas y Luis de Alba en una premisa sobre narcotraficantes y policías. O Julio Aldama Jr. el cual todavía hasta hace unos años tercamente deseaba que un decadente Charly Valentino repitiera su papel de El Semental de Palo Alto en películas ya francamente lastimeras tipo El Vergonzoso o Mexican Gigolo; y eso por mencionar solamente a dos realizadores.

¿Quién hubiera dicho que La Prima tendría vasos comunicantes con un filme en apariencia tan disímil como La Región Salvaje - 82% de Amat Escalante (ambas estrenadas el mismo día), en ese retrato de represión sexual e hipocresía que ocurre en el Guanajuato contemporáneo que las dos hacen? Sólo que si Escalante buscó explorar otras vertientes y encontró al cine fantástico como un vehículo para crear metáforas y tratar de entender nuestro presente como país; Ugalde se dedicó a repetir chistes sobre erecciones perennes, escotes pronunciados y escatología light, mismos que ya eran anacrónicos cuando dirigió La Lechería de Zacarías o Mi Mujer Tiene un Amante.

Una película en donde sólo caben cornudos y putas. Y lo celebra gozosamente. Eso sí, de modo meramente vouyerista, porque ni eso supo actualizar del género, así que todo lo que ocurre en esa premisa en torno al incesto es simulación naif. Creo que hasta la declaración de Ugalde en la conferencia de prensa donde, entre broma y broma, confesaba que se ha masturbado varias veces viendo y hojeando las páginas del Playboy donde aparece Isabel Madow, está más subida de tono, que la película entera.

Por su parte, La Boda de Valentina - 35%, segundo largometraje de Marco Polo Constandse, junto con Marcianos vs. Mexicanos - 9% (de inminente estreno y de la que ya habrá tiempo para comentar), comparten el querer exaltar ese lado del mexicano que por lo general causa salpullido: el corrupto, el tramposo, el misógino, el xenófobo, el parrandero, aquí en clave de comedia romántica. ¿Por qué el personaje que interpreta Marimar Vega, quien se divide entre dos pretendientes de naciones distintas, no va a decidir finalmente quedarse con el mexicano? Total, así somos, hombre, no pasa nada. Pero claro, esta visión de cierta idiosincrasia mexicana no es a través de la sátira ácida a lo Mecánica Nacional sino desde la acumulación de ocurrencias: ¿Y si ponemos a un Youtuber famoso a interpretarse a sí mismo? ¿Por qué no caricaturizamos a los políticos? Eso siempre funciona con el público. ¿Qué tal si usamos la grabación de la compra del fierro viejo y que se escuche al fondo? Eso es muy urbano. Y así sucesivamente. Bodas, lucha libre, tequila y juniors en este México, México, Ra, Ra, Ra.

Por último, cabría mencionar, así sea brevemente, el documental El Maíz en Tiempos de Guerra, el trabajo más reciente del veterano Alberto Cortés. Nadie podría poner en duda la pertinencia de una película sobre cómo diversas comunidades del país -de Chiapas, Oaxaca y Jalisco para ser más precisos- buscan conservar y heredar tradiciones, ver la cosecha del maíz no como oficio, si no como estilo de vida, acto de resistencia y razón ontológica. Empero, de poco le ayuda a esta cierta militancia trasnochada, la idealización de la iconografía rural, su formato televisivo demasiado plano ni que se limite en largas y reiterativas secuencias en las que se desgranan mazorcas y se calientan grandes tortillas en el comal. Tampoco le sirve de mucho una frase que se escucha como mantra hasta alcanzar justo el último minuto de metraje, dicha por todos los personajes sin rasgos distintivos la cual afirma que “Defender la milpa, es defender el país”. Vamos, ni siquiera se llega a ahondar en aristas que se antojaban interesantes pero que sólo se mencionan casi por accidente; por ejemplo, ¿cómo se concilia en comunidades por naturaleza machistas, el hecho que las mujeres sean parte activa dentro de la cosecha? ¿Cómo le hicieron frente al crimen organizado que rondaba esas zonas, hasta expulsarlo? Vaya, sospecho que aquello no se resuelve simplemente con una negativa por respuesta.

Para rematar, marzo nos depara un thriller genérico en torno a feminicidios y falsos culpables, una comedia sobre fanatismo futbolero y un celebrado documental que pone a cuadro a víctimas y victimarios de la fútil guerra contra el narcotráfico.

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