Ahora resulta que existe la idea de que las películas -y cito textualmente- “cuyo idioma original sea diferente al español, deberán contar con una versión doblada que permanezca en igual numero de salas, en cada complejo, y durante el mismo tiempo que la versión original”.
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Veámoslo con calma, de entrada esto duplica por completo el costo de traer dichas producciones al mercado mexicano, y por supuesto no afecta gran cosa a las grandes marcas -Disney, Warner y similares-, pero en cambio si resulta un golpe casi mortal para las distribuidoras más pequeñas como Cine Caníbal o Konnichiwa, que luego de ser la gran vía para que pudiéramos disfrutar de propuestas que aunque no gozan de un alto perfil comercial son referencias relevantes tanto a nivel artístico como de entretenimiento, dígase la estupenda El Faro por ejemplo, volverán a pensárselo dos veces antes de buscar estrenar este tipo de títulos, si no es que prácticamente todos.
Por otro lado, para el campo laboral de los profesionales del doblaje, cuya capacidad sabemos les pone entre los mejores del mundo -eso no está a discusión-, la medida ni siquiera ofrecería beneficios significativos como mencionan, pues tarde o temprano, con su llegada a la televisión u otras plataformas digitales, las películas cuentan con su versión hablada en español, convirtiéndose así en oportunidades de trabajo.
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Y bueno ya no hablemos de que por el contrario, si alguna queja había por parte del público, es de que la mayoría de las películas animadas extranjeras, sean para público adulto o infantil, es prácticamente imposible apreciarlas con su idioma original en la pantalla grande. Así pues, basta comparar el costo beneficio para darse cuenta que esta iniciativa no es el camino, que solo terminará beneficiando a los gigantes empresariales a costa de los negocios pequeños, además de ser una agresión directa para el espectador que nuevamente verá coartado el abanico de posibilidades en la cartelera, mismo que será más que avasallado por los blockbusters, representando un paso atrás en la búsqueda de variedad en cuanto a entretenimiento y el crecimiento cultural de nuestro país.
En fin, existiendo tantas cosas que atender, ya no digamos en cuestión social, sino de los mecanismos relacionados con nuestra industria cinematográfica -que es lo que en este espacio nos ocupa-, y llega alguien con una “genialidad” para complicarlo todo.
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