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Toronto 2021: diez películas a las cuales seguirles la pista

El Festival de Toronto ha concluido y, aunque Netflix volvió a acaparar la atención de sus premios, hubo varios filmes que vale la pena seguir y por los cuales estar atentos de sus estrenos.

Un año más con la amenaza de la pandemia, más o menos aliviada con la complicada distribución de las vacunas, y un festival más que concluye. Toronto es huésped de uno de los más grandes e importantes de América del Norte y tuvimos la oportunidad de acreditarnos para ver su programación a distancia. Estas son algunas de las películas que vale la pena anotar en la lista para cuando lleguen a su cartelera más cercana.

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En nuestra cobertura, escribimos reseñas completas de películas que probablemente llegarán más pronto gracias y que ya tienen distribución, como Culpable, Encounter, Comala o 7 prisoners. Pero decidimos que sería igual de interesante contarles de otros títulos que probablemente tarden más tiempo en llegar a Latinoamérica, pero que tienen mucho valor y no hay desperdicio en tener en la mira para cuando lo hagan.

Enseguida les contaremos de diez películas de Toronto 2020 que vimos, la premisa de cada uno y un breve comentario sobre por qué creemos que vale la pena estar al pendiente para su llegada a cines o streaming. Pese a que los filmes de gala del festival estuvieron geobloqueados fuera de Canadá, hubo mucho que ver y la calidad de todas estas producciones, de distintas partes del mundo, merece ser reconocida.

Arthur Rambo

Dirigida por Laurent Cantet, esta película es la historia de Karim (Rabah Nair Oufella), un joven árabe que está en ascenso en la escena mediática y cultural de Francia como una figura liberal tras la publicación de un libro sobre la historia de su madre, una inmigrante. Su vida se voltea de cabeza cuando se revela que él estaba detrás de una problemática cuenta de Twitter con mensajes antisemitas, misóginos y homofóbicos.

Si la premisa los remite a la idea de la llamada “cultura de cancelación”, no se equivoquen este filme está mucho más preocupado por hablar de la forma en la que nuestra identidad se traslada a los espacios digitales. En el filme vemos al protagonista buscar respuesta, que él no tiene, sobre lo que realmente considera sus idea y plantea preguntas sobre si no es la propia naturaleza de plataformas sociales, que busca únicamente lo viral, lo que ha hecho que el discurso público esté tan polarizado y radicalizado.

Medusa

Pocos filmes mantienen una historia coherente cuando mezclan numerosos géneros, uno de ellos es este largometraje de Anita Rocha da Silveira. La película es la historia de Mariana, una joven enfermera que, junto a su grupo de juventudes cristianas, aterrorizan y golpean a mujeres que consideran pecadoras como actividad lúdica por las noches. Cuando se obsesiona por encontrar a la víctima de un ataque con ácido que inspiró su terrible pasatiempo, su perspectiva sobre el estatus quo que busca proteger cambia radicalmente.

Al usar como metáfora un mito griego, pero dentro de contexto moderno, la directora explora cómo es que los restrictivos conceptos de la feminidad de la religión no sólo oprimen a las mujeres que se suscriben a ellos sino que se vuelven parte activa en la persecución de quienes perciben como disidentes de esos roles. Con elementos de horror y distopía, género que ha tomado fuerza en el cine brasileño contemporáneo, Medusa ofrece una mirada no tan lejana de lo que ocurre en la realidad.

Murina

La ganadora de este año a la Cámara de Oro a mejor ópera primera en Cannes es otro filme al que hay que seguir la pista. Dirigida por Antoneta Alamat Kusijanovic, es el relato de Julija, una joven con un controlador y abusivo padre, quien está obsesionado por venderle un extenso terreno a Javier, un acaudalado inversionista. Cuando la protagonista descubre que su papá sólo se doblega ante la presencia de este otro hombre, inicia un plan para reemplazarlo con él en su vida.

Con una interpretación magnética de Gracija Filipovic en el papel principal, quien construye un personaje vulnerable, pero al borde de estallar, este filme es uno de los más tensos del año. Conforme la trama avanza y Julija empieza a tentar los límites de la paciencia de su padre, el espectador desea en parte igual su emancipación, pero su bien librada salida de la inminente furia que está por desatar.

Small body

Agata es una joven mujer que, tras ver nacer muerta a su bebé, decide emprender un viaje a un pueblo supuestamente milagroso en donde las víctimas de muertes prenatales dan un primer respiro para poder ser bautizados y salvados de permanecer en el limbo. Esa es la premisa de la que parte este espectacular filme de Laura Samani, uno de los mejores que integraron la programación de Toronto este año.

La angustia que transmite Celeste Cescutti en su implacable aventura no sólo es convincente sino contagiosa como la protagonista. De forma muy sutil, pero terriblemente emotiva, la película tiene su mayor fuerza en la exploración temática que hace sobre el poder de los rituales, religiosos y sociales, como el bautismo y el poner nombre a nuestros hijos, sobre la existencia de los individuos. Por si eso fuera poco, el uso de estos simbolismos también se traslada a las imágenes y los eventos de la trama. Por ejemplo, cuando la protagonista tiene que escapar de una cueva de la que, supuestamente, ninguna mujer sale con vida, el cual parece aludir al nacimiento de su fallecido bebé, o una conmovedora escena en el lago ya casi en el final que remite al lazo inquebrantable entre madre e hijo. Hagan lo posible por verla en donde la puedan encontrar.

Out of Sync

Dirigida por Juanjo Giménez Peña, esta es la historia de C, una sonidista que empieza a ver su sentido del oído desincronizado de la realidad. Conforme su condición empeora, comienza a entender que hay una razón por la que su mundo no está coordinado y esto la lleva a revelar secretos sobre su vida y familia que le ayudan a comprender la raíz de su problema.

Como salida de un cuento de realismo mágico, este filme posee una brillante premisa que se presta muy bien al lenguaje del cine. Con lúdico uso de ese desfase entre sonido e imagen, el director presenta un relato conmovedor sobre la relación entre el tiempo y lo que perciben nuestros oídos, y sus consecuencias en la identidad. Al vivir sin sincronía, la protagonista debe esforzarse al doble para tener relaciones sanas al mismo tiempo que este hecho le facilita escuchar cosas que otros no pueden. Una producción fascinante y cabe destacar el trabajo de Marta Nieto como esta mujer navegando un mundo varios minutos adelantado a ella.

Attica

El director Stanley Nelson presenta este documental sobre la revuelta de 1971 en Attica, uno de los reclusorios más grandes del estado de Nueva York y el más grande y letal de la historia de Estados Unidos. Aunque tiene una estructura muy tradicional, en términos de su recopilación de testimonios y la reconstrucción cronológica del caso, el filme se beneficia de la perspectiva de los ex convictos que participaron en los hechos, quienes relatan lo sucedido. No profundiza en las distintas tramas y temas, como la predominante población de personas de color, los prejuicios racistas de los guardias o el abuso de poder y la violencia de la que los prisioneros fueron víctimas tras la recuperación de las instalaciones. Pese a esto, sigue siendo un material muy bueno como referencia y para comenzar a revisar el sistema carcelario, tan cuestionable, de ese país.

Zalava

Pocos filmes se regocijan en su ambigüedad tanto como este y la explotan al máximo para permitir al espectador realizar sus propias conclusiones. Esto es algo que sucede, y con muy buen efecto, en el título de Arsalan Amiri. Este filme iraní cuenta la historia de Massoud, un oficial del gobierno que debe lidiar con la supersticiosa población de Zalava en el Irán rural. Cuando los lugareños se convencen de que un demonio está acechándolos y llaman a un shaman para el exorcismo, el protagonista lo arresta antes de terminar el trabajo, lo que libera a la criatura a ojos de los habitantes.

Con actuaciones destacables, especialmente del actor principal Navid Porfaraj, este drama juega con las expectativas del espectador y lo deja decidir si quiere abordar los hechos de su relato como creyente en el demonio o con tendencias a racionalizarlo. El mejor elemento del filme es que, al mismo tiempo que deja incógnitas sobre la verdadera naturaleza de lo que ocurre en el pueblo, plantea preguntas sobre lo ético de contradecir, desde una posición oficial, las creencias de un grupo y, por el contrario, las de dejar que la superstición decida el destino del individuo. Un relato ejecutado con gran habilidad e inteligencia.

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You are not my mother

Dirigida por Kat Dolan, este filme irlandés fue uno de los pocos de la sección dedicada al horror que resultó efectiva. La historia sigue a Char, una joven con problemas familiares. Luego de que su mamá desaparece por unos días, su regreso empieza a levantar sospechas por el extraño comportamiento que expresa y lo posesiva que se vuelve con la protagonista.

Para ser su primer largometraje, Dolan ya demuestra una noción muy clara de lo importante que es la puesta en escena y el movimiento de cámara para crear tensión y perturbar con lo que se muestra a cuadro. Pero todavía más importante es su entendimiento de que el horror se explota mejor cuando lo que está en riesgo es la estabilidad emocional de sus personajes. Es la relación madre e hija de las protagonistas, y las interpretaciones de ambas, lo que provoca los escalofríos más allá de las decisiones técnicas.

Good Madam

La sudafricana Jenna Cato Bass es una cineasta con gran dominio sobre el ritmo y la atmósfera. En este filme, Tsidi, se ve obligada a vivir en casa de su distanciada madre junto a su pequeña hija. No obstante, el lugar en donde habitan es en realidad propiedad de su “señora”, la mujer blanca para la que su mamá trabajó toda su vida y que está severamente enferma y postrada en su cama. Cuando la protagonista se muda allí, extraños sucesos comienzan a ocurrir.

Los thrillers psicológicos son difíciles de lograr porque esto implica poner al espectador en el estado mental de sus protagonistas. No obstante, gracias al sentido del ritmo y el uso del sonido, la realizadora consigue esto en el caso de Tsidi. Ya sea con la construcción de una atmósfera de misterio o con ruidos, como el abrir de una ventana, puerta o una plancha de ropa, el público va a poder sentirse vigilado sino es que perseguido por la casa. El lugar que trae a colación algunas de las peores memorias, no sólo de sus personajes, es también una inteligente metáfora de la era del apartheid y cuyo verdadero horror reside en la disparidad racial y de clase en ese país. Ojalá pronto encuentre una distribución masiva.

Devil’s drivers

Finalmente, otro documental que gana mayor relevancia por los violentos hechos que vimos este año en la región, es el filme de Daniel Carsenty y Mohammed Abugeth. El material presenta los esfuerzos por dos contrabandistas de ganarse la vida pasando bienes y personas de Palestina a Israel y cómo es que se juegan la libertad y la vida en esta peligrosa actividad que trata de impedir el ejército israelí.

Desde la primer secuencia, en la que se nos coloca al interior del coche de los protagonistas durante una persecución, la película presenta de la mejor y más tensa manera cómo es que la fuerte vigilancia, y las medidas de ese país, por mantener separado el progreso de uno de la gente del otro, no hace más que poner en riesgo a los más vulnerable de la región, no sólo por el peligro de manejar entre los controles y el desierto, sino por la precariedad a la que empuja a las personas que viven en la cercanía de la frontera entre ambas naciones.

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