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RESEÑA | El Ejército de los Muertos: el cadáver descerebrado de una gran película

Si los personajes sólo sirven para ser desechados más tarde a favor un extraño antagonista poco relevante para sus motivaciones y misión, el resultado pesa en el desenlace, el cual se siente desinteresado por la manera en la que desperdicia la excelente caracterización que hay de sus protagonistas.

Los zombis, como suelen suceder con las mejores criaturas de horror del cine, se prestan como analogías muy fácilmente. Ya sea como un comentario sobre la cultura del consumismo, como en la original El Amanecer de los Muertos Vivientes - 92%, para hablar sobre el aislamiento en ciudades sobrepobladas, y en La Noche Devoró al Mundo - 76%, o como los peligros de la apolítica en Little Monsters - 100%, los mejores filmes con estos personajes suelen tenerlos como símbolos de un problema mayor. Y si bien no es necesario que toda cinta trate a estos monstruos en un sentido alegórico, en El ejército de los muertos - 78%, Zack Snyder, una vez más, demuestra que fuera del espectáculo visual, y a reserva de si está haciendo una adaptación, no tiene la capacidad de establecer relatos emotivos o con comentarios políticos que eleven su trabajo más allá de un entretenimiento superficial, pese a que tenga los cimientos de algo así en su guion.

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En El Ejército de los Muertos, Scott Ward (Dave Bautista) fue un héroe, y de los contados sobrevivientes, del brote zombi que arrasó Las Vegas. Tras la contención de los muertos en esa ciudad, trabaja como cocinero en un restaurante hasta que es llamado por un misterioso hombre para liderar una misión que recupere los millones de dólares abandonados en la bóveda de un lujoso hotel a cambio de un tajo del botín y antes de que el gobierno destruya el lugar con bombas atómicas. Él consigue reclutar a un grupo de mercenarios para el golpe, pero cuando están por marcharse, Kate (Ella Purnell), la hija distanciada de Ward, se les une para buscar a Geeta (Huma Qureshi), una amiga suya que regresó a la ciudad en un intento similar para obtener dinero que le permita sacar a sus hijos de un campamento para sobrevivientes montado a las afueras de la zona de cuarentena. La decisión de la joven, por supuesto, sacude los planes de su padre.

Aunque técnicamente hay poco que reprochar a la película, ya que el trabajo de maquillaje, efectos visuales y las secuencias de acción son aceptables, la historia es terriblemente tumultuosa. Parece que Snyder (300 - 60%, Watchmen, Los Vigilantes - 65%, La Liga de la Justicia de Zack Snyder - 82%) no supo realmente a qué tramas quería prestarle atención y termina por desperdiciarlas a favor del espectáculo y el impacto fácil. El funcionamiento de los zombis, la relación padre e hija de los protagonistas, la relación de Scott con su amiga superviviente Maria (Ana de la Reguera), y la incipiente amistad entre los miembros del equipo, se pelean por más tiempo en pantalla y, no obstante la larga duración del filme, no alcanzan a tener el suficiente desarrollo para cuando el relato comienza a atar cabos sueltos en el tercer acto.

Pero no todo es malo. En lo esencial, el filme trata sobre la reconciliación entre Scott y Kate, sobre la cicatrización de una herida que el levantamiento de los muertos les provocó como familia. Y esto funciona muy bien. Este es quizás el papel más emotivo que le hemos visto a Bautista, y todo sobre esta relación se plantea de forma verosímil y rumbo a un desenlace que, dentro de todo, resulta conmovedor.

Lo mismo sucede con la divertida e inusual amistad entre el soldado Vanderohe (Omari Hardwick) y Ludwig (Matthias Schweighöfer), el experto en cajas fuertes, pero inservible para el combate. E incluso entre Maria y Scott, en donde cabe resaltar particularmente el trabajo de De la Reguera, pues desde sus primeras escenas transmite con la mirada los sentimientos que posee por el personaje de Bautista. Pero todas estas relaciones, que tienen todo para volverse entrañables, fracasan, a causa del realizador, quien se preocupó más por darle dimensión innecesaria a sus muertos vivientes y por darles el énfasis y tiempo en pantalla que pudo haber usado en la interacción de sus protagonistas.

Aunque lo siguiente parezca un spoiler, no lo es. En el tráiler se adelanta que los zombis de este mundo tienen inteligencia, o por lo menos uno de ellos, el primero, llamado Zeus. Esto no sería un problema si el director le hubiera impregnado a esta inteligencia, una relevancia narrativa y significativa. A diferencia de lo que sucede con otros intentos de dotar a estos seres de conciencia, como Tierra de los Muertos - 73% de George A. Romero, cuyos muertos vivientes son una alegoría de la sublevación y conciencia de clases, el giro sorpresa, del que hablaremos más adelante con su debida advertencia, se siente fuera de lugar y raya en lo ridículo. La única razón por la que Zeus parece ser inteligente es por la conveniencia de que, hacia el final, decida perseguir a los protagonistas y logre hacerlo de formas en las que zombis tradicionales no hubieran podido y para acomodarse a las secuencias de acción que el director quería montar.

Los zombis, desde el primer acto de El ejército de los muertos - 78%, se rigen por reglas ambiguas que, de hecho, no son siquiera explicadas para cuando el filme termina, otra prueba de que realmente no tienen relevancia. Hay algunas secuencias entre el primer y segundo acto que levantan el ritmo entre la poca exposición de Lily (Nora Arnezeder), uno de los personajes que funciona como guía para los mercenarios y la “coyote” que los infiltra a la custodiada ciudad, sobre el comportamiento de las criaturas. Una escena, por ejemplo, en la que tienen que escabullirse entre muertos “hibernando” es particularmente tensa y deviene en una de las mejores secuencias de acción de toda la película, la única realmente, hasta el caótico tercer acto. Esa falta de claridad, en las reglas de operación de su amenaza, más la motivación “sorpresa” de Zeus para cazarlos al final, no ayudan a enfatizar su peligro, ni se compaginan con los arcos emocionales de los protagonistas. Se sienten como un mero pretexto. Es decir, no hay un antagonista creíble ni una amenaza clara para los personajes principales. Y quizá si de otra forma Snyder hubiera dado un trasfondo temático al filme esto se hubiera subsanado, pero no es así.

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El comentario político más obvio en El ejército de los Muertos es el campamento de refugiados, en el que Kate conoce a Geeta y sus hijos. Este es, evidentemente, un guiño a los centros de detención de migrantes mexicanos y centroamericanos y, pese a ello, el director ignora su potencial para darle más emoción y servir de motor a sus personajes. Geeta, la madre de dos pequeños que está desesperada por sacarlos de allí, aparece unos minutos al principio de la película y desaparece hasta el tercer acto. El paralelismo entre ella, que quiere salvar a sus hijos, y el de Ward, que quiere salvar a la suya y de alguna forma redimirse ante ella, jamás se trata de forma significativa, pero los zombis inteligentes sí se llevan por lo menos media hora de la película. Aquí un ejemplo de la miopía de Snyder por profundizar en los temas que apenas toca o esboza de manera superflua.

Igualmente, resuelve con velocidad y sin impacto narrativo a los personajes que, en lugar de Zeus y compañía, hubieran podido ser los más claros antagonistas: Burt (Theo Rossi), un abusivo policía del campamento de refugiados, y Martin (Garret Dillahunt ), el ex jefe de seguridad del casino que tiene intenciones obscuras para viajar con ellos y estudiar a los muertos vivientes. Estos dos personajes son la contraparte de los protagonistas y sin embargo tienen una menor importancia en el relato de la que tiene Zeus. De nuevo, el potencial de usarlos como símbolos de la opresión racial, policial y xenofóbica o de la avaricia corporativa y su desinterés por la salud pública (este último un tema bastante actual) queda a medias a favor del zombi inteligente sin subtexto.

Esto resulta en que El ejército de los muertos - 78% se sienta como un despropósito. Si los personajes sólo sirven para ser desechados más tarde a favor un extraño antagonista poco relevante para sus motivaciones y misión, el resultado pesa en el desenlace, el cual se siente desinteresado por la manera en la que desperdicia la excelente caracterización que hay de sus protagonistas. Lo más frustrante es que de más de una docena de personajes, sólo cuatro consiguen un desenlace coherente que no es interrumpido por una muerte arbitraria, trato que, en todo caso, hubiera funcionado mejor en los zombis.

¿Y qué es ese giro que trunca toda la película? Si no se la quieren arruinar, vayan al último párrafo de este texto para evitar el destripe de la historia. A partir de aquí hablaremos de spoilers. La sorpresa es que Zeus está enamorado de una zombi mujer que está embarazada de su hijo no muerto. Ella es asesinada a causa de las acciones de Martin y Lily y esto hace enfurecer al zombi original contra los humanos y lo lleva a perseguir al protagonista de manera tan implacable que llega a saltar de un techo al helicóptero en el que éste intenta escapar. Un giro de tuerca tan ridículo que recuerda al famosamente vetado desenlace de Soy Leyenda - 70%, con Will Smith, en el que el protagonista iba a sobrevivir porque los zombis/vampiros sólo querían recuperar a la novia de uno de ellos que era con el que él estaba experimentando.

Todo el misterio que Snyder plantea y acumula alrededor de las criaturas y su "sociedad" o estructura social se resuelve de esa forma caprichosa y sin sentido. Muy al estilo del ya legendario momento Martha de Batman vs Superman: El Origen de la Justicia - 27%. Es imposible saber por qué Snyder no confío en que la relación entre sus protagonistas era suficiente para conmover, cuando sí lo es, y decidió que un bebé zombi iba a darle, de alguna forma, un impacto emocional al filme, particularmente cuando ya había planteado elementos ficticios, como el campamento, Geeta y sus hijos, que tienen resonancia emotiva y relevancia social por sí mismos. Y cuando tenía por lo menos dos villanos muy fáciles de encontrar desagradables sobre los cuales pudo trabajar para tener un antagonista más comprensible que un muerto viviente sin esposa e hijito. La única respuesta es que el director no reconoce los fundamentos de una buena trama cuando ya los tiene.

El ejército de los muertos - 78% es, irónicamente, un zombi como película. Es el cadáver más o menos andante, gracias a los elementos de acción, pero descerebrado de un filme que pudo ser tremendamente relevante y pertinente, pero que acabó muerto por la infección de una herida fatal tan grave y absurda como la mordida de un muerto viviente o, en este caso, una sorpresa inefectiva. El poco corazón que le queda latiendo se debe a las interpretaciones de su elenco, quien, pese a todo, consigue mantener la más mínima calidez entre tan torpe entramado. El filme estará disponible en Netflix a partir del 21 de mayo.

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