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¿Estás listo para regresar a las salas? Las repercusiones de la reapertura de los cines

Los cines en la Ciudad de México se han visto vacíos y los trabajadores temen que lo peor de la crisis esté por venir. Outsourcing, servicios profesionales y de honorarios, sin prestaciones, reducciones en los salarios; así regresa con esperanza la industria cinematográfica a nuestra vida

A más de un mes de la reapertura de los cines en la Ciudad de México, nos preguntamos cómo nos ha ido con la reactivación, ¿es un buen momento para regresar a las salas? Encontramos varias reflexiones, pero también muchas repercusiones que trajo el cierre de la industria cinematográfica y algunos horizontes hacía el futuro, finalmente todos estamos buscando nuestra nueva vida frente al SARS-CoV-2. No cabe duda de que se vislumbran bastantes retos para el gremio, todas las áreas involucradas tendrán que sumar esfuerzos para encontrar una nueva realidad en la que el cine presencial se instale de nuevo en nuestras vidas, si es que eso todavía es posible. Existen opiniones muy divididas entre los usuarios, están, por un lado, los que defienden enérgicamente la idea de que una película sólo puede disfrutarse en una sala convencional de cine y por consecuente, están dispuestos a correr el riesgo sanitario que a su parecer no amerita tanta precaución; mientras que, por otro lado, hay quienes consideran poco prudente salir a las calles para este tipo de actividades y prefieren esperar más tiempo.

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La sensación general en las salas ha sido de gran expectativa, pero de poca afluencia, pues a pesar de las grandes y numerosas medidas que se han tomado para el regreso seguro, la asistencia sigue siendo baja e incluso se han tenido que cancelar algunas funciones por falta de público, recordando que por el momento las salas operan a un 30% de su capacidad y con personal reducido. La Cineteca Nacional recibió el año pasado hasta 100 mil visitantes por mes, pero el día de la apertura reportó aproximadamente 500 asistentes, entre los que se encontraban muchos periodistas que cubrían la nota del primer día. No obstante, la reapertura de cines en la Ciudad de México, tras casi cinco meses sin actividades, significa un levantón para la taquilla nacional, pues se vendieron cerca de 6 mil boletos que representan un cuarto de las entradas vendidas en todo el país (Huerta, César. “Reapertura de cines en la CDMX levanta taquilla nacional”, El Universal).

Hasta el miércoles 12 de agosto México tenía 535, 461 casos reportados y 56, 598 muertes por Covid-19, según datos oficiales (coronavirus.gob.mx). Después de un alto de actividades no esenciales, el país ha ido reabriendo progresivamente su economía para permitir que otras empresas trabajen con 30% de personal y se abran espacios públicos con un aforo reducido. En algunos estados, como Morelos y Quintana Roo, los cines reabrieron antes que en la capital.

Uno de los temas de mayor relevancia que surge a raíz de esta pandemia, es la situación laboral de todos los trabajadores de la industria cinematográfica, pues al igual que muchos sectores se vio seriamente afectada. Ya en marzo del 2020 cuando se declaró el cierre de las más de 7 mil pantallas existentes en México y se detuvieron las producciones cinematográficas que ya estaban en el set, la Cámara Nacional de la Industria Cinematográfica (CANACINE) informaba que más de 200 mil empleos, entre directos e indirectos del medio, serían impactados por las medidas sanitarias contra el Covid-19. Estamos seguros de que la crisis económica será una labor titánica e incluso más larga que la crisis sanitaria, para todos los que perdimos nuestra fuente de ingresos, pues la industria reúne no sólo a las salas de cine, sino a productoras, distribuidoras, realizadores, festivales, medios y prestadores de servicios, sólo por mencionar a los actores más directos.

En nuestro país se detuvieron las filmaciones y producciones, quedando muchos contratos a la deriva y afectando a por lo menos 25 mil personas. Las distribuidoras se han visto contrariadas por el aplazamiento indefinido de estrenos y han tenido que idear nuevas formas de llevar las producciones a los espectadores, como es el caso del streaming en plataformas como Netflix, Filminlatino, Amazon Prime Video y hasta Fornite. En los primeros cuatro meses de la cuarentena se dejaron de vender hasta 34% de todos los ingresos que se obtuvieron en 2019. Cinemex y Cinépolis, las dos cadenas de cine más grande del país, se vieron obligadas a cerrar de manera permanente 12 complejos en varias regiones de México, pues señalan que la situación se ha vuelto insostenible. De acuerdo a la CANACINE, se estima que se dejaron de vender unos 152 millones de boletos, lo que representa al menos 6 mil 500 millones de pesos. Recordando que México se posicionó en el 2019 como el cuarto lugar en boletos vendidos a nivel mundial, después de China, India y EUA. Esto sólo en el contexto de la industria del cine nacional, ya que la pandemia tiene consecuencias en todos los ámbitos sociales y del mundo.

De acuerdo a los datos del Observatorio Laboral Covid-19 del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) (www.iadb.org), en América Latina y el Caribe se han perdido al menos 24 millones de trabajos a raíz de la crisis de coronavirus, lo que representa el 12.5% del empleo total registrado. Tan sólo en México la pérdida hasta el momento es de 1,117, 584 empleos formales de marzo a julio de acuerdo a lo que dio a conocer el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS). Explica Oliver Azuara, economista senior de la División de Mercados Laborales del BID:

Los datos nos demuestran que, en países como Chile, Colombia, México o Uruguay, la gran mayoría de los empleos perdidos estaban en el sector servicios, donde hay un componente alto de interacción social, y principalmente pertenecían a trabajadores informales o a trabajadores formales de bajos ingresos.

En el contexto mundial, las industrias más robustas como la china, perdió alrededor de 2 mil millones de dólares en marzo del 2020, mientras que en Estados Unidos se registró su fin de semana de taquilla más bajo desde 1998. Es conocido por todos, que la mayoría de los grandes estrenos y producciones comerciales se pospusieron o se cancelaron de manera indefinida. Por lo menos el estreno o rodaje de 120 producciones gigantes se han retrasado, entre películas y series: Tenet - 83%, Mulan - 83%, Fast & Furious 9, Black Widow, Doctor Strange in the Multiverse of Madness, Los Nuevos Mutantes - 62%,Mujer Maravilla 1984 - 76%, The Witcher - 67%, The Lord of the Rings, Loki, sólo por mencionar algunas. En consecuencia, muchas otras actividades se vieron afectadas por la pandemia como es el caso de los festivales de cine, muestras, premiaciones y dentro de los mismos rodajes se planea cómo retomar las actividades que se vieron abruptamente canceladas. La mayoría de los planes tendrán que ser cancelados y algunas pocas producciones con buenas capacidades planean contratar a todos los extras y actores para aislarse en el set, con protocolos estrictos y pruebas continuas; muchos festivales serán 100% digitales, ya que el streaming se ha posicionado como la mejor opción en estos tiempos y muchos optan por mantener la esperanza ante la implementación de una futura vacuna. No cabe duda de que será una era diferente a la que nos enfrentaremos en el corto y mediano plazo.

Nos preguntamos cómo enfrentaron esta situación los cines en nuestro país. Colaboradores de Cinemex y Cinépolis reportaron la reducción de sus salarios en función a menos horas de trabajo al momento de abrir, un sueldo del 50% durante los meses cerrados, presiones para presentar su renuncia y el pago mínimo de sus sueldos en algunos casos, quitando varias prestaciones y bonos (Alcántara, Ángel. “Trabajadores de Cinemex y Cinépolis regresan a los cines pero con sueldos incompletos”, El CEO). Por otra parte, la Cineteca Nacional que es un fideicomiso federal, dependiente de la Secretaría de Cultura y de Banobras, dejó de pagarles a sus trabajadores de honorarios los meses que se mantuvo cerrada, una vez que terminó su contrato, aunado a la firma de una renuncia. Siendo que el gobierno federal exhortaba a todas las dependencias y empresas para proteger de manera empática los ingresos de los trabajadores frente a una situación sumamente complicada. Actualmente una de las instituciones más queridas por la comunidad cinéfila, sólo contrata trabajadores por honorarios cada 15 días, sin ningún tipo de prestación.

Una situación similar fue presentada hace pocos días por trabajadores despedidos de la Gira de Documentales Ambulante en el periódico La Jornada. En la nota, los ex trabajadores que ahora forman el colectivo El Otro Crew, denuncian que, a pesar de contar con los recursos suficientes para proteger a su equipo, la Asociación Civil decidió despedirlos y coaccionarlos para firmar su renuncia, rescisión de contrato y así por lo menos ser considerados para un finiquito. Días después, Ambulante se pronunció aludiendo a las circunstancias complicadas derivadas de la crisis sanitaria y a un recorte de fondos públicos, tanto federales como estatales (López, Raúl y Caballero, Jorge. “La directiva de Ambulante pudo proteger a su equipo, pero no quiso: El Otro Crew, trabajadores despedidos”, La Jornada).

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No existe duda de que el sector cultural ha sido uno de los más golpeados por la realidad a la que nos estamos enfrentando. La pandemia vuelve a hacer visible la muerte y nuestra vulnerabilidad, nuestra mortalidad que habíamos suprimido y subcontratado cuidadosamente. La presencia de la muerte pone a las personas frente a su angustia primordial. La histeria de la supervivencia hace que la sociedad sea tan inhumana o tal vez, demasiado humana. ¿En qué momento se da por sentado que el arte no es una actividad esencial y que es fácilmente relegada a los planos terciarios?

Más aún, desde el punto de vista económico muchas personas también dependen de la actividad cultural, la mayoría sin contratos fijos con prestaciones de ley, sin sindicatos que los respalden, sin consideración y deliberada exclusión para los fondos emergentes frente a la crisis. El discurso oficial siempre enuncia, a veces hasta de manera repetitiva, la gran importancia que tiene el acceso al arte y a la cultura, que es una actividad vital para el desarrollo de la identidad y del tejido social; sin embargo, estructural y sistemáticamente los trabajadores de la cultura son excluidos sin miramientos, al ser considerados miembros de actividades no esenciales, como lo apuntaron los miembros del movimiento #NoVivimosdelAplauso en marzo del 2020 (Paul, Carlos. “Creadores y trabajadores de la cultura exigen ser beneficiarios de fondo emergente por el Covid-19”, La Jornada). De acuerdo al INEGI, el sector cultura aporta 3.2% del PIB del país y genera por lo menos un millón 395 mil 669 trabajos, sólo en cifras registradas. Es momento de que dejen de operar los protocolos de outsourcing disimulado en el que se contrata sólo por servicios profesionales o de honorarios, sin ninguna prestación, sin vacaciones, con total incertidumbre laboral, sin finiquitos, con contratos temporales, sin respetar los días de asueto, todo siempre con el pretexto de que el arte y entretenimiento está por debajo de las demás actividades. Luego entonces, estaríamos renunciando al papel fundamental que tiene el arte en nuestra concepción humana. Arte sin el cual las crisis sanitarias presentes y por venir no serían remotamente soportables.

Los tiempos adversos son tal vez, los momentos en los que la creación e inventiva serán de mayor relevancia, son nuestros salvavidas. Muchas actividades se vieron afectadas y no tienen más opción que repensarse y situarse con nuevos miramientos frente a una realidad que ya cambió, pues es lo único constante en un mundo mutable. Muchos festivales se encuentran en la transición, reinventándose, creando nuevos espacios como es el caso de DocsMx, el Festival Internacional de Cine Documental de la Ciudad de México, que tiene la intención de presentar una plataforma híbrida para octubre del 2020. O el caso del Festival Internacional de Cine de Guanajuato que presenta un mundo totalmente virtual para la próxima edición, en el que se habitará todas las actividades con un avatar.

Finalmente, los complejos de cine también están preocupados por el regreso y confían en que las personas asistirán cada vez más a las salas, al tiempo que hacen un llamado para confiar en la sanitización total de los espacios cinéfilos, pues para ellos es vital la seguridad de los usuarios. Por otro lado, varias de las propuestas más sonadas están dirigidas hacia los diferentes niveles de gobierno para incluir medidas con las que se pueda enfrentar la reactivación en el corto plazo. Tal es el caso de otorgar prórrogas y facilidades para presentar las declaraciones fiscales, deducción de prestaciones laboral, suspensión de impuestos sobre nómina, impulsar los vales de cultura previstos en la Ley General de Cultura y Derechos culturales, incentivar y facilitar a que las producciones extranjeras filmen en México; así como un fuerte reclamo por eliminar la prestación de servicios por honorarios e implementar contratos fijos que de verdad protejan a los trabajadores de este ramo de la cultura y garanticen su seguridad en el marco de la Ley Federal del Trabajo. Pues si todo sigue como estaba, querrá decir que no aprendimos nada de la pandemia.

Pensadores como Byung-Chul Han aseguran que con la pandemia nos dirigimos hacia un régimen de vigilancia biopolítica. No solo nuestras comunicaciones, sino incluso nuestro cuerpo, nuestro estado de salud se convierte en objeto de vigilancia digital. El shock es un momento favorable para la instalación de un nuevo sistema de reglas. Ahora el cuerpo se encuentra escondido bajo mascarillas, caretas y googles; interactuando todo el tiempo con alcohol en gel, jabón, agua, cloro y todo tipo de sanitizantes, en medio de mil protocolos de limpieza, aspiramos a la inocuidad, todo un guión para una película de ciencia ficción. Estamos en un momento en que se pone en entredicho lo humano y nuestra relación con nuestro modo de vida, uno que muy seguramente jamás volverá. El virus es un espejo, muestra en qué sociedad vivimos, es toda una oportunidad para hacer bien las cosas, la pandemia marca un cambio de era y nosotros seremos los responsables del sentido que tome.

Por último, consideramos vital re-pensarnos como humanidad, el cine y el arte son unos de los ejes fundamentales de nuestra realidad como especie, pero tendremos que crear de nuevo, encontrar una mejor manera de relacionarnos con el otro y sobre todo con nuestro entorno, con los demás habitantes de este mundo. No cabe duda que una de las enseñanzas que nos dio esta pandemia es que nuestra forma de vida no era la correcta, que si hay forma de pararla en seco y que las economías dependen sustancialmente de los pequeños trabajadores.

Crédito de fotografía: Foto AP/Rebecca Blackwell.

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