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El cine mexicano de los últimos meses, bajo el escrutinio de la crítica

Así fue como un par de críticos invitados para esta ocasión, percibieron lo ocurrido con el cine mexicano en meses recientes.

Durante casi dos años, en Tomatazos mes con mes nos hemos dado a la tarea de recopilar las opiniones de un grupo de críticos y periodistas cinematográficos respecto a las películas mexicanas que han conseguido estrenarse comercialmente. De la mano de sus comentarios y críticas hemos atestiguado y analizado algunos de los momentos más luminosos -y otros muy oscuros- de un cine nacional que, pese a las crisis económicas, los recortes presupuestales, las austeridades republicanas, los avatares de la distribución y exhibición, e incluso las egolatrías más rampantes, ha logrado mantenerse en pie de lucha.

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Esta sección mensual llega a su fin con la presente entrega, pero no así nuestro interés y análisis sobre el cine manufacturado en casa, del cual seguiremos hablando cotidianamente a través de nuestras reseñas y de otros artículos que seguiremos publicando aquí. Y agradecemos a todos los críticos y periodistas que nos brindaron sus textos, sus tiempos, pero sobre todo su apoyo para sostener este espacio durante este par de años. Y sobre todo, gracias a todos los lectores que nos siguieron, nos leyeron y nos comentaron sobre lo aquí escrito.

Sin más, los dejamos con los comentarios de nuestros invitados en esta última edición:



Gerardo Gil Ballesteros - Periodista y crítico de cine. También es profesor en el CECC, la UIC, la ENAH y Cinespacio24.

La pirotecnia del cine mexicano

La gran familia, aquella que parece comercial noventero de cereal tostado. Cine con sabor a hojuela de maíz con pretensiones de simpático, simplón, retrato de idiosincrasia mexicana clasemediera, cliché de adolescencia más cercano al sitcom estadounidense pero con la venia de tener buenos gags y personajes empáticos con el público al que se dirige.

Vuelta al Chilli western con cierta exquisitez narrativa, mirada generacional post 68 y proeza técnica incluida, poesía de la artesanía convertido en identidad profunda.

Y de paso, la bastardización cultural de la cartelera cinematográfica, con remake transnochado. Así septiembre.

Porque las propuestas de cine mexicano en el mes de la patria fueron de lo esperpéntico, a lo poético. Momento de reflexión sobre las condiciones de nuestra cinematografía, temas que se distinguen por dar entrada en buena cantidad de salas a los productos fílmicos más comerciales y ajenos sobre todo al reflejo de una identidad pero que resultan buen negocio, y del otro lado películas de promoción discreta pero valientes en cuanto a su espíritu y forma. Septiembre, para no variar, lo de antes, lo de siempre.

Prófuga en el tono de las simplonas comedias televisivas producidas al estilo de Humberto Navarro, Mamá se fue de Viaje - % de Fernando Sariñana y protagonizada por Andrea Legarreta y Martín Altomaro, es otro remake más, en este caso del largometraje argentino del mismo nombre, dirigido por el ya debutado en México Ariel Winograd con Tod@s Caen - 75%.

En todo caso la versión mexicana se preocupa en todo momento por dar un ritmo de gag televisivo y evitar el retrato legítimo de la clase media mexicana. No hay en Mamá Se Fue de Viaje un espejo de complejidad en los personajes. El oficio mediano que se empeña en demostrar desde años Sariñana –antes talentoso y hoy empresario y buen generador de dinero en la taquilla, solo eso- se pone al servicio del humor –es un decir- más elemental.

El filme pierde la mediana gracia de su versión original. No hay por cierto química entre los protagonistas. No será el primer remake de un largometraje argentino –No eres tú, soy yo, Alejandro Springall, 2010)-, pero sí al que más se le nota su cinismo, su comodidad, su adocenamiento narrativo.

El universo de los personajes de la versión mexicana no difiere de la original, ¿cuál es la razón para hacer la adaptación? ¿la supuesta taquilla de los protagonistas? Punto muy cuestionable. Se estreno el 13 de septiembre.

En la línea de cine con vocación comercial, no todo está perdido. Con dignidad y decoro incluso sale adelante Todas las Pecas del Mundo - 80% de Yibran Asuad. El relato idílico, romántico, que sostiene la remembranza sin mayor complejidad en torno a la historia de un niño José Miguel (Hanssel Casillas), quien a los 13 años y en 1994, en pleno Mundial de futbol, se enamora de la chava más guapa de la secundaria a la que acaba de entrar.

El pequeño problema es que Cristina, (Loreto Peralta), el objeto de los amores y fantasías de José Miguel es el interés de Kenji (Luis de la Rosa, prófugo de Luismi y bonito cual muñeca Cuqui).

La película recuerda un poco a Anoche Soñé Contigo (Maryse Sistach, 1992), aunque su vocación es más ligera. Hay algo simple y no pretencioso que fortaleza la estructura del relato. En todo caso, debió haberle ido mejor en taquilla. Se estrenó el 27 de septiembre.

Del otro lado de los estrenos nacionales, se encuentran tres filmes de diferente tono. Propuestas más ambiciosas que en general, más menos, llegan a buen término.

Olimpia - 92% de José Manuel Cravioto y Gabriel Mariño, es el testimonio de una generación a la cual ya no le tocó vivir la matanza del 2 de octubre en Tlatelolco, pero que tiene una distancia histórica casi documental, sobre los hechos.

Es curioso, pero la narrativa épica de la generación de cineastas nacidos ya en los setenta y principios de los ochenta -Mariño y Cravioto-, se enfoca a pasajes un tanto oscuros, sanguinolentos del país. Cravioto dirigió por ejemplo, Mexican Gangster - 86% en 2014, sobre las aventuras –casi no desventuras-, de Alfredo Ríos Galeana, interpretado por el sólido Tenoch Huerta.

En todo caso, Olimpia tiene a su favor, no solo la premisa, ya un testimonio histórico y la mirada que genera, sino la técnica del pintado superpuesto, como se le ha llamado. No está exenta de cierto romanticismo y visión idílica.

Protagonizan Lumi Cavazos, Luis Curiel, Daniel Mandoki, entre otros. Se estrenó el 27 de septiembre.

En el caso de Sonora - 80% de Brian A. Loschiavo, se arriesga con una suerte de neo western ubicado en… Sonora –claro- donde doce personas quieren viajar a Baja California. Es 1913 y el nacionalismo impera en el país.

Amontonados en un automóvil, y en medio del desierto, la sobrevivencia y la explosión en el carácter de los personajes será el clímax de la trama. Hay buenos momentos dramáticos, en algún punto más psicológico, que pierden cierta fuerza y ritmo por el montaje.

Sin embargo la película es redonda en su conjunto y sostiene un relato de moraleja política con discreción, ya que siempre pone por delante la trama.

Al frente del reparto –en una trama coral- se encuentran Juan Manuel Bernal, Dolores Heredia y Joaquín Cosio, que lleva de forma discreta el peso de la historia, aunque este último se halle caracterizado como Armándaro Valle de Bravo.

Colores diferentes se vieron en el mes patrio –perdón por el lugar común- en el cine mexicano. Propuestas de calado comercial, que no llegaron hasta eso, a ser el golpe de taquilla que se esperaba.

La lista la cierra, quizá la propuesta más sólida: Poetas del Cielo de Emilio Maillé, en la cual los artesanos que se dedican a la pirotecnia, muestran un proceso creativo, profundo, que pone en duda la diferencia que marca la alta cultura entre artesanía y arte.

Es un viaje por los colores y su cultura en distintas regiones del mundo: Francia, Brasil, Japón y México. Un gozo visual que trasciende la mera idiosincrasia. El filme es difícil describirlo ya que su contenido visual enriquece la pantalla.

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En la pirotecnia llena de colores, algunos fatuos, del cine mexicano lo que más brilla es lo sencillo. Lo ensordecedor, aquello que hace más escándalo es lo que resuena con escándalo, pero desaparece pronto.

Rubén Pintos - Colaborador para Tomatazos y Revista Cinefagia.

Vámonos recio con Asfixia - 90% de Kenya Marquez, otra de esas cintas mexicanas a la que le sobran las buenas intenciones pero le faltan las herramientas narrativas para transformar dichas intenciones en un relato efectivo. Un cuarteto de personajes son el enfoque de una trama sobre traición y miseria que ya hemos visto antes: una mujer recién salida de prisión, una empleada de farmacia, un chaka de barriada y un señor hipocondríaco con una farmacia entera en casa. Estas son las piezas de un ajedrez dramático en el que se pretenden conjugar diferentes elementos, ninguno debidamente trabajado.

Me temo que la cinta padece varios de los problemas que acosan al cine mexicano de festival: lugares comunes que lejos de hacernos sentir empatía por los personajes los hace convertirse en una galería de seres entre lastimeros y repelentes. La fascinación de varios realizadores con los personajes marginados termina en convertir estas historias en melodramas predecibles y cansados, donde todos sufren por sufrir y donde el registro emocional de la historia no pasa de arrancar más bostezos que otra cosa. Dos mujeres que pecan de excesiva ingenuidad, un señor cuyos hábitos de querer despertar lastima en los demás caen en el patetismo y un lacroso de tantos que abundan y que uno no termina de entender por qué resulta ser un imán para las dos damas del relato (amiga date cuenta). Al final el tono visual gris de la cinta se refleja en la historia y uno queda inmerso en la indiferencia total. Una respiración de boca a boca a ese guión lo hubiera salvado de su inevitable asfixia.

Si Asfixia tiene buenas intenciones con una mala ejecución, Casa Caracol de Jean-Marc Rousseau Ruiz tiene intenciones de muy dudosa naturaleza y una ejecución que pide a gritos que la ejecuten. El eterno cliché que tanto obsesiona a directores de nuestro país llevado a su absurdo más frívolo: una mujer de ciudad que se va al México de los pueblos “mágicos” en una idílica comunidad donde viven otros clasemedieros que “renunciaron a todo” para descubrirse a si mismos e irse a vivir entre la vegetación…y la mota y fiestas con DJ of course. Sobra decir que esta utopía se vendrá abajo gracias a la estupidez de los miembros de esta hipsterosa comunidad. Si la trama suena muy parecida a The Beach de Danny Boyle es porque prácticamente parece un remake, aunque con una aproximación mucho más torpe y errática.

Si el primer acto es una monserga el final, que pretende ser sórdido y denso, está para llorar ante sus enormes torpezas de ritmo, de actuaciones y de guión. Ni el público de Cineteca adicto a las cintas aburridas y pretenciosas va a tener paciencia con este anti-thriller que en su afán de tener un enfoque naturalista cinéma veríté se mete el pie con bastante saña. Podría entrar en la lista de lo peor del año pero el cerebro humano apenas si puede registrar cintas tan excesivamente mediocres y vacías. Al terminar de escribir esto prácticamente ya olvide la cinta y de lo que estaba habl... ¡Ay güey!, que raro, no recuerdo haber escrito todo esto.

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