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METE CRÍTICA | Green Book, la Academia siempre será la Academia

¿El triunfo de Green Book: Una Amistad sin Fronteras es una muestra de que la Academia sigue apostando por una fórmula tradicional e historias simpáticas que rehúyen un comentario político? El crítico Jesús Chavarría analiza lo que pudo motivar la decisión de la Academia

Por si alguien había pensado que los miembros de la Academia norteamericana de Artes y Ciencias Cinematográficas por fin comenzaban a dejar atrás los conservadurismos y posturas anacrónicas, que les llevaban a inclinarse por producciones con acercamientos amables y digeribles, cuando de temas con trascendencia social o política se trataba, en la más reciente ceremonia del Oscar dejaron en claro que hay cosas que difícilmente habrán de cambiar.

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De nada valió la grandilocuencia y virtuosismo que lució Yorgos Lanthimos en La Favorita - 100% -retorcido retrato de los niveles de humillación que requiere el poder para sustentarse-, la apabullante habilidad de Alfonso Cuarón para conjugar la técnica más depurada con una visión sumamente personal en Roma - 99% -impresionante fresco de la clase media mexicana de los 70s-, ni la precisión y descarada lucidez que consigue Adam McKay en El Vicepresidente: Más Allá del Poder - 69% -irónica disección de las entrañas podridas de la política estadounidense-; ellos estaban decididos a apostar por la más conveniente de las incluidas en la terna a Mejor Película y así lo hicieron.

Green Book: Una Amistad sin Fronteras - 78% -título que retoma una infame publicación que al final termina como algo meramente anecdótico-, pese a lo convencional de su fórmula y de su armado general, lo tradicional del acabado y lo estéril de su discurso que raya en la condescendencia, se hizo con el premio Oscar más importante. Y no, no nos engañemos, esto no fue por la química irresistible que con estupendas actuaciones consiguen sus protagonistas o por el aire al viejo Hollywood que le distingue, fue la “amabilidad” y “simpatía” tras la que oculta su falta de compromiso con el discurso que plantea y la tibieza para tratarlo, lo que le convirtió en una forma conveniente para que le dieran espacio a un tema que sigue siendo de vital importancia, pero sin ir demasiado lejos, es decir, lo políticamente correcto en su máximo esplendor. Todo esto sin mencionar a El Infiltrado del KKKlan - 85%, producción igual de bien lograda en su manufactura, pero con un espíritu crítico y una propuesta arriesgada, para la que todo este asunto representó prácticamente insulto, como lo evidenció la reacción del director Spike Lee, cuando se anunció la película ganadora.

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En fin, está claro que, entre el vaivén de las tendencias, las posturas políticas y la popularidad, aspectos que además de los valores fílmicos, son los que determinan lo que habrá de suceder año con año en la ceremonia de los premios Oscar; la Academia siempre será la Academia.

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