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Creed II: Defendiendo el Legado redime a la franquicia del patriotismo propagandístico de Rocky IV

La nueva entrega de la franquicia de Rocky hace una mucho mejor representación de los rusos que la polémica cuarta película

La saga de Rocky, a pesar de sus altibajos, ha sabido mantenerse en la mente del público por décadas; la quinta entrega por mucho tiempo pareció ser la última de la saga, pero 16 años después volveríamos a ver a Sylvester Stallone en lo que parecía ser, ahora sí, una despedida definitiva: Rocky Balboa - 76%. Sin embargo, la franquicia renacería en 2015 con Creed: Corazón de Campeón - 94%, película escrita y dirigida por Ryan Coogler, spinoff-secuela que volvió a revivir el interés por Rocky.

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Ahora que Creed II: Defendiendo el Legado - 79% se encuentra en cartelera (y en algunos países llegará la siguiente semana), es necesario hablar de la forma en que esta cinta significa una verdadera redención para Rocky IV - 40%, entrega que pecó de ser demasiado patriótica y propagandística, y de retratar a los rusos como máquinas sin sentimientos, encarnados en el personaje de Ivan Drago (Dolph Lundgren).

Cualquier persona que eche un vistazo al cine de Hollywood realizado durante la Guerra Fría notará que los rusos eran los villanos favoritos de Estados Unidos, pues en la vida real eran vistos no solo como sus peores enemigos, sino como la encarnación de todo lo malo y contrario a la “forma de vida americana”.

Mientras que en las primeras tres entregas de Rocky la historia se enfocaba principalmente en la relación del protagonista con su esposa, con su rival, con sus amigos, con el deporte, y con su entorno, en Rocky IV la trama se centró en la búsqueda de venganza de Rocky por la muerte de su amigo Apollo Creed a manos del gigantesco y despiadado ruso Ivan Drago. Además de ello, se trataba de recuperar el honor de los Estados Unidos de América, al ir a enfrentar a su rival hasta la misma Rusia.

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En el libro Friend or Foe?: Russians in American Film and Foreign Policy, 1933-1991, de Michael J. Strada y Harold R. Troper podemos leer una explicación muy clara sobre el tema (vía LA Times):

Aquí hay un escenario de David y Goliat envuelto en una bandera que enfrenta al boxeador Rocky Balboa, el fuerte individualista de Estados Unidos, contra Ivan Drago, un soviético, colectivista, máquina de matar humana inducida por esteroides.

De numerosas formas nos es presentado esto: cuando Drago mata en el ring a Apollo Creed, actúa como un psicópata que no siente ningún remordimiento sobre el destino de su contrincante, algo completamente contrario a la expresión de sufrimiento que vemos en el buen Rocky Balboa. Más tarde, cuando el boxeador estadounidense favorito de todos está entrenando en Rusia, se contraponen escenas de él haciendo ejercicio en una cabaña y en la naturaleza con las de Drago ejercitándose rodeado de máquinas y personas preocupadas solo porque gane y demuestre la superioridad de la Madre Rusia frente a sus enemigos. Los autores continúan:

Tenerlos en el cuadrilátero representa incluso más que los Estados Unidos frente a la Unión Soviética. Los boxeadores representan un fuerte individualismo contra el colectivismo, fe religiosa contra ateísmo, el espíritu humano contra la tecnología sin sentido, la honestidad contra la hipocresía y la libertad contra el control.

Afortunadamente en este tiempo, y a pesar de las tensiones que resurgieron entre Rusia y Estados Unidos después de las elecciones presidenciales de 2016, en las cuales supuestamente intervino el país gobernado por Vladimir Putin, la saga de Rocky ha dado un giro para bien y demuestra que muchos han madurado en la industria.

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Creed II: Defendiendo el Legado no comienza mostrándonos al protagonista, Adonis Creed (Michael B. Jordan), sino a un Ivan Drago exiliado en Ucrania, trabajando junto a su hijo Viktor Drago (Florian Munteanu), a quien ha criado como un guerrero frío y devastador, al que llevará más tarde a Estados Unidos para enfrentarse contra el nuevo campeón, Adonis, como revancha por la derrota que sufrió a manos de Rocky en 1985.

En esta cinta Ivan Drago está lleno de rencor porque al perder esa pelea en la Rusia comunista, fue abandonado por su esposa y repudiado por el estado. Todos los esfuerzos que puso al criar a su hijo como un peleador implacable están guiados por su deseo de recuperar el honor que perdió. Al final de la segunda pelea, sin embargo, vemos el lado más humano del personaje interpretado por Lundgren, cuando tira la toalla al ver que su hijo está siendo tundido por Adonis. Esa escena refleja la gran diferencia que existe entre Rocky IV y Creed II.

La producción ya no estuvo a cargo de Ryan Coogler, el director encargado de llevarla a cabo fue Steven Caple Jr. (The Land - 65%) y el guión estuvo a cargo de Juel Taylor (Una Noche Fuera de Serie - 67%), con la colaboración de Sylvester Stallone. Taylor habló sobre cómo la secuela de Creed: Corazón de Campeón no podía volver a abordar la xenofobia como Rocky IV lo hizo (vía LA Times):

Especialmente en estos tiempos modernos, hubiera sido algo demasiado fácil jugar con la xenofobia y el hipernacionalismo. Sabíamos que estaríamos haciendo mal las cosas si tuviéramos que meter con calzador algún comentario político cuando, en realidad, todo se trata de estos personajes.

Esto fue lo que también impulsó a Dolph Lundgren a aceptar volver al papel que lo catapultó a la fama mundial, pues recientemente el actor sueco contó en el programa español El Hormiguero (vía El Mundo) que dudó en regresar ya que Ivan Drago provocó que quedara encasillado, pero al conocer al nuevo director y leer el guión se dio cuenta de que era algo importante.

Con Creed II: Defendiendo el Legado, al mostrarnos que los enemigos de Estados Unidos son seres humanos y no máquinas de matar, la franquicia de Rocky redime aquella pieza de propaganda que fue Rocky IV.

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Parte de este artículo fue inspirado en “'Creed II' punches back at how Russian characters are depicted in movies”, de Ashley Lee, en LA Times.

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