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Narcos: México | Un violento recorrido por las raíces del crimen organizado

La nueva temporada de la serie original de Netflix continúa relatando la historia de la cocaína y su dominio en hispanoamérica

Ya vimos crecer y morir a Pablo Escobar, vimos la formación y caída de los capos del cártel de Cali y era una cuestión de tiempo hasta que Narcos - 96% tuviera que pasar por tierra mexicana para contar cómo fue que la cocaína se convirtió en el negocio más sangriento y rentable del crimen organizado en Guadalajara. Narcos: México - 88% continúa probando que las historias de los jefes delictivos pueden ser narradas sin enaltecerlos y ser tan adictiva como cualquier otra sustancia.

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Ambientada a principios de la década de los años ochenta, Narcos: México narra cómo fue que Félix Gallardo (Diego Luna) logró reunir a todos los traficantes del país para formar la primera gran organización de distribución de marihuana, y posteriormente cocaína. Todo mientras el agente de la DEA Kiki Camarena (Michael Peña) se mete entre sus filas para descubrir los secretos del cártel de Guadalajara y lograr llevar a la justicia a los capos mexicanos.

Adicción. Eso es lo que parece que la televisión mexicana y latina tiene por las historias de narcos. Mucho se ha discutido sobre si las telenovelas o series como La Reina del Sur o El Señor de los Cielos, enaltecen el tráfico de drogas o vuelven romántico crímenes como el asesinato y la vida de estos delincuentes que tanto han hecho sangrar al país. Pero Narcos: México - 88% prueba que las producciones de buena calidad y sin educoldoramientos pueden tocar estos temas sin incurrir en la apología.

El mayor cumplido debe ser para los guionistas que mantienen su atención en el desarrollo de los personajes. Ya sea Gallardo, Ernesto Fonseca o el mismísimo Joaquín Guzmán, el show hace una exploración de sus protagonistas y explota la tensión que hay entre ellos para empujarlos a tomar decisiones cada vez más arriesgadas y así elevar las altas expectativas con cada episodio. La trama avanza de forma inesperada conforme “El Jefe de Jefes”, Félix Gallardo, encuentra la forma de esquivar un nuevo obstáculo que amenaza su imperio.

A diferencia del tono melodramático de otras producciones, Narcos: México - 88% es mucho más cuidadosa al mostrar, de una forma equilibrada, las virtudes y defectos de sus protagonistas. Luna consigue con su interpretación mostrar a un hombre ambicioso cuya visión lo ciega y cuyo resultado tiene sus consecuencias en las arriesgadas decisiones que toma, mientras que Peña se roba el show con un agente de convicciones aparentemente implacables que trata de hacer funcionar un sistema judicial oxidado a favor de su ética y principios. En ese antagonismo, que se convierte en un juego del gato y el ratón, reside el cimiento dramático de la serie.

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Evidentemente, Narcos: México - 88% debe ser tomado como ficción, pero el libreto también consigue crear un retrato verosímil de la justicia corrupta e ineficaz del país en ese momento de la historia. Aunque los hechos que cuenta no son confiables, la atmósfera de indefensión e impunidad que el show construye con su narración resuenan con la actualidad que cualquier mexicano puede percibir y eso ayuda a conseguir una respuesta emocional y de tensión en el espectador.

Un violento paseo por las raíces de la sangrienta situación por la que la nación sigue atravesando, Narcos: México dibuja el origen de una larga historia de criminales que, sin enaltecerlos, sino más bien al confrontar las virtudes y debilidades de unos con las de otros, construyen un relato tenso que permite al espectador emocionarse y entender qué factores influyen en la obsesión por el poder y la justicia de sus dos protagonistas. Adictiva, así es el comienzo del crimen organizado en el país.

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