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Tuya, Mía... Te la Apuesto | Un tiro penal que falla y se va por arriba de la portería

El largometraje de Rodrigo Triana intenta ser una comedia de corte mundialista, pero se queda en una mera apología de la peores conductas de la sociedad mexicana

Aprovechando el furor del próximo mundial de fútbol ya a unos meses de distancia, llega a la cartelera esta que es la séptima comedia mexicana estrenada este año: Tuya, Mía… Te La Apuesto - 20%. Además del tema (eminentemente mundialista), el otro factor a destacar de ella es que se trata de una coproducción con Colombia, lugar de donde también procede el director Rodrigo Triana (hijo del cineasta Jorge Alí Triana) y parte del elenco estelar.

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La anécdota del filme es muy simple: Mariano Cárdenas es empleado en una oficina de gobierno quien tiene dos pasiones que mueven su vida: la selección nacional y el amor a su esposa. Ambos viven en un caserón propiedad de la abuela de Cárdenas, una anciana quien casi todo el tiempo parece no saber donde se encuentra. La pareja debe compartir el espacio y convivir con una peculiar galería de personajes la cual incluye a Poncho, hermano de Mariano y su principal amigo y cómplice (quien se siente atraído por la esposa de su hermano); Pedro, su tío quien es medio malinchista y que siempre discute con él; y un par de señoras -la madre del protagonista y la esposa de Pedro-, quienes intentan llevar la fiesta en paz y consecuentar a sus respectivos hombres.

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Un día, cuando se acerca el partido clasificatorio de la selección al mundial (contra su sempiterno rival, los Estados Unidos), su desbordada pasión lo inflama de una falsa seguridad y le lleva a ejecutar un arriesgado lance: tomar sus ahorros destinados originalmente a adquirir su propio departamento, y apostarlos al triunfo de la selección y su clasificación. Así, Mariano se juega una fuerte suma de dinero con su despótico y explotador jefe; al mismo tiempo apuesta con su tío por la posesión de la casa -en el entendido de que el perdedor deberá irse de la misma-; e inclusive se endeuda con un codicioso sacerdote de la Basílica de Guadalupe, con el fin de obtener una intervención divina que facilite el triunfo de su equipo. Y una serie de eventos inesperados lo harán atravesar por un calvario cuando llega la crucial fecha del partido.

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Mariano Cárdenas (interpretado por el comediante Adrián Uribe) es un personaje que condensa en sí los sueños húmedos y las amargas realidades del mexicano. Por ejemplo, mientras por un lado profesa su adoración a una hermosa mujer -cuya belleza y sensualidad parecen más bien la materialización de las fantasías eróticas del machista promedio-, por otro lado maldice y se queja al sentirse atrapado en un trabajo rutinario y gris -el cual desempeña con desgano y prepotencia-; mientras anhela vanamente que su selección gane el mundial, descuida su trabajo y sus relaciones sentimentales e interpersonales al no estar ubicado en su realidad. Y así sucesivamente.

Este compendio de anhelos y conductas del personaje enmarcado en el ámbito de una devoción fanática por el balompié nacional son las principales herramientas que el cineasta junto con su trío de guionistas (conformado por Dago García, Luis Felipe Salamanca y José Luis Varela) usa para tratar de capitalizar la inminente fiebre futbolera a través de una comedia donde, conjuntando estos aspectos de la “mexicanidad”, parecía tener una fórmula infalible, pero cuyo resultado final no resulta satisfactorio.

El primer problema radica en el propio protagonista, presentado como un tipo abusivo, celoso, mentiroso, impulsivo y egoísta a más no poder, con el que no es fácil desarrollar algún tipo de simpatía o identificación. La apuesta de la comicidad como instrumento que facilite esa empatía se torna una falacia cuando el actor responsable de dar vida al personaje se halla despojado de sus habituales tics humorosos y se muestra serio y carente de naturalidad casi todo el tiempo, intentando una interpretación más cercana al drama telenovelero onda Televisa que al sketch cómico el cual dicho sea de paso, es el terreno donde Uribe se halla a sus anchas. Su Mariano Cárdenas es un personaje lastimero, irritante, patético y peor aún, nada gracioso. Probablemente el espectador eche de menos a sus personajes como El Vítor o Poncho Aurelio.

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Las actuaciones del resto del elenco se hallan en el mismo tenor, ya que ninguno de los intérpretes (nacionales y colombianos) logran crear un personaje memorable o al menos destacado, quedándose en meras viñetas mal delineadas y peor ejecutadas. Aunque esto parece más consecuencia de una mala dirección de actores y un pobre desarrollo argumental, que del desempeño de los actores algunos de los cuales, logran un par de chispazos a lo largo del filme. Y nada más.
El guión es otro de los grandes fallos en Tuya, Mía… Te La Apuesto. Tratando de explotar y sobreexplotar los aspectos negativos de su personaje -dados por graciosos-, la trama se reduce a una mera compilación de viñetas hiladas precariamente entre sí, donde se generen situaciones que sean pretexto para mostrar dichos defectos. Viñetas planteadas a modo de sketches cómicos fallidos tanto por una falta de espontaneidad, como por una pobre puesta en escena que evoca los peores momentos de la televisión mexicana y latinoamericana. Y si a esto añadimos una pésima musicalización, una edición que parece hecha con los dientes, y un desenlace que -aunque intenta evitar el lugar común del final feliz- pierde coherencia y sentido con lo planteado la hora anterior, da como resultado un pastiche televisivo de casi 90 minutos, el cual poco o nada tiene que ver con cine, y pudo desarrollarse mejor como una serie para la pantalla chica (eso quizás les hubiese brindado mayor soltura y solvencia narrativa).

El contenido, la ideología y la moraleja final son otro de los puntos negativos la película. Es cierto que es sano reírse de nosotros y de nuestras conductas y actitudes machistas, intransigentes, prepotentes e irresponsables; sobre todo cuando se puede desprender una aguda y puntual crítica de ello, y al respecto sobran ejemplos de cineastas quienes han logrado grandes obras usando esta fórmula. No es el caso aquí, donde simplemente se replica lo que la televisión ha venido haciendo en las últimas décadas: exaltar y explotar los defectos como virtudes o partes de la identidad mexicana, mostrándolas como una forma de ser jocosa e inherente a la cultura nacional. En resumen, de hacer una apología a la transa, la corrupción, el egoísmo y la falta de solidaridad.

Todo esto queda patente en el desenlace con la victoria pírrica del protagonista, quien pierde casi todo, pero le queda el consuelo de que la selección calificó y va al mundial, esperanzado no solo a que pasen la primera ronda, sino que lleguen a un quinto partido y hasta se coronen campeones. Así, tal cual. Como dijo en su momento el ya desparecido Chava Flores (verdadero gran cronista de la cotidianeidad nacional): “¿A qué le tiras cuando sueñas, mexicano? ¿A hacerte rico en loterías con un millón? Mejor trabaja, ya levántate temprano; con sueños verdes solo pierdes el camión”.

De ese modo Tuya, Mía… Te La Apuesto pierde por goliza, al ser una comedia muy fallida, un filme mal realizado y de pasmosa pobreza audiovisual y argumental, y una torpe apología y aceptación de los peores aspectos de la sociedad mexicana.

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