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5 pésimas películas navideñas

Si quieres pasar unas felices fiestas es mejor evitar estas cintas

Mandar un mensaje de paz y armonía; mostrar la redención de sus respectivos “grinchs”; destacar la importancia de la unión familiar; o simplemente celebrar la inocencia de los infantes ante personajes fantásticos como Santa Claus, son algunos de los propósitos que tuvieron las películas que conforman esta selección. Todas tienen muy presente el llamado “espíritu navideño”, pero terminaron llamando más la atención por su fallida ejecución. La Navidad no puede ser siempre perfecta, prueba de esto son los siguientes filmes, que van desde lo ridículo, lo tedioso, hasta lo realmente increíble.

An American Carol - 11%

An American Carol es una adaptación libre de la historia navideña clásica de Charles Dickens , A Christmas Carol. El co-director de clásicos cómicos como ¿Y Dónde Está el Piloto? - 97% tiene aquí uno de sus trabajos más penosos: una juvenil y poco inteligente parodia de los liberales americanos, encabezados por Michael Moore.

El director de documentales como Masacre en Columbine - 96% y Where to Invade Next - 78% es el Scrooge de esta adaptación (ese personaje que odia la Navidad). Y Estados Unidos como tal, representado por su día de independencia, funciona como el equivalente a la Navidad, por lo que Michael Moore (llamado aquí Michael Malone) aprenderá a valorar lo que desprecia.

Zucker usa la estructura de A Christmas Carol, en la que diferentes espíritus visitan al protagonista para hacerlo cambiar de opinión. Personajes importantes de la historia estadounidense, como Patton y George Washington, aparecen para guiar a Malone y mostrarle que la guerra de la que tanto se queja logró hacer cosas positivas como abolir la esclavitud, o cómo sería Estados Unidos en un futuro dominado por los talibanes.

Estamos tal vez ante la cinta pro-guerra y pro-América más simplista que ha salido de Hollywood en los últimos años. No sólo los chistes no funcionan, sino que mandan un mensaje absurdo al generalizar cuestiones como la guerra y la educación universitaria (según Zucker todos los estudiantes y profesores universitarios de Estados Unidos son unos tontos borregos).

Sí, entiendo que el chiste es rebajar lo más posible a Michael Moore y a los liberales – así como celebrar la cultura de las armas y otras “joyas” del Estados Unidos conservativo – pero ni siquiera es una sátira valida. Si bien Moore es un cineasta al que nunca se le debe creer todo (ya lo expusieron los creadores de South Park como un manipulador de la verdad), el ataque de Zucker se basa en hacerle burla por su sobrepeso, sus traumas adolescentes (el poco éxito con las mujeres en específico), y porque supuestamente el género cinematográfico del documental no es valido. Un ataque muy pobre, efectivamente.

Pastorela - %

Con Pastorela, el director mexicano Emilio Portes se interesó por mostrar la pasión que muchos mexicanos tienen hacía las celebraciones religiosas de gran tradición.

El protagonista Jesús (Joaquín Cosio) se prepara cada Navidad para salir como el diablo en la pastorela de su barrio. Al hacer de este personaje un agente de la policía judicial, Portes logra retratar esa pasión del mexicano de una manera cómica; sí, Jesús podrá ser un judicial con traje y gafas de sol, pero cuando llega la Navidad, nadie muestra mayor sensibilidad que él.

El problema de Pastorela es que, a pesar de mostrar un inicio decente, termina por querer ser muchas cosas. Tiene elementos de sátira a la iglesia; un intento por parodiar a las películas de exorcismos; cosas sobrenaturales con poco sentido; e incluso trata de ser un filme de acción épico, al estilo de Hollywood. Nada la hace destacar.

Santa Claus - 85%

Santa Claus preparándose para visitar a todos los niños del mundo, el diablo por su parte alistando a un aprendiz para tratar de llevar la maldad a la Tierra, y los diversos niños – ricos y pobres, unos con dudas pero de buen corazón, y otros ya alejados del buen camino – esperando la Navidad. La historia central de la mexicana Santa Claus es tan básica que resulta increíble el (glorioso) desastre que René Cardona provocó a partir de ella. Aunque en realidad no requerimos de mucho tiempo para darnos cuenta que estamos ante una película difícil de soportar por lo tediosa que es.

El Santa Claus de Cardona tiene como ayudantes a niños de todo el mundo, y prácticamente los primeros 10 minutos del filme están dedicados a Santa tocando el piano con cara de gozo total mientras los infantes de las diferentes regiones cantan y bailan. Ahí están los italianos, los franceses, los gringos, y por supuesto los latinoamericanos, cantando cosas como “Mambrú se fue a la guerra” y “La Cucaracha”, para el deleite de Santa. Para la audiencia, sin embargo, el show del aburrimiento comienza en grande y nunca para.

Aunque sin duda hay muchos elementos rescatables para la colección “lo mejor de lo peor.” ¿Qué tal el pequeño ayudante japonés de Santa a quien nunca se le entiende lo que dice? ¿O el observatorio en el Polo Norte de Papá Noel? Este último es la cosa más horrible que puedas imaginar, sobre todo esa máquina con la que se comunica a la Tierra que tiene ¡unos inmensos labios!

Es obvio que Santa Claus buscó impresionar en su tiempo con una gran producción. Por algo el diablo y sus secuaces tienen una escena musical ininterrumpida de unos cinco minutos como introducción, que quiere ser una muestra de ese despliegue magistral tanto visual como sonoro (y no es la única del estilo). Pero no me detendré a remarcar los efectos especiales repetitivos; hay cosas peores para rescatar.

Además del brillante cameo del Mago Merlín (quien le prepara sus pócimas mágicas a Santa), no hay nada más increíble que el narrador, quien te cuenta las escenas (aunque las estés viendo y sean obvias), se emociona, se indigna con la historia, insulta al “maldito” diablo, e incluso nos miente. “Ahí va Santa Claus y sus renos viajando velozmente”, dice el narrador, cuando la imagen que vemos es la de Santa y sus renos de cuerda apenas y avanzando. Santa Claus dura 96 minutos, pero es tan aburrida que se siente como si fuese una obra de tres horas.

Sobreviviendo la Navidad - 7%

Ben Affleck en una de sus interpretaciones más irritantes, y es que ese es uno de los elementos centrales en Sobreviviendo la Navidad, una cinta tan mediocre que cuesta trabajo asimilar que el mismísimo James Gandolfini tiene un papel importante (y que Udo Kier sale en un cameo).

Drew (Affleck) es un hombre que no tiene un gran afecto por la época navideña, a tal grado que en su trabajo como publicista ha dado a entender que se necesita estar borracho para sobrevivir el ambiente familiar de Navidad (¡y se necesitará estar un poco tomado para soportar los 90 minutos de este bodrio!). En realidad, Drew no tiene familia, pero tampoco el suficiente valor para decirle la verdad a su novia, quien no ve con buenos ojos el hecho que Drew quiere irse con ella de viaje a Fiyi, no valorando así el aspecto familiar de las fiestas decembrinas. Lo que sí tiene Drew es mucho dinero, por lo que eventualmente decidirá rentar una familia (esa que ahora vive en la casa de su infancia) para no pasar Nochebuena solo.

La primera parte de Sobreviviendo la Navidad es simplemente ver al pobre Gandolfini (y a la familia de su personaje) soportando por dinero la versión más molesta de Affleck. Drew los hace firmar un contrato y posteriormente actuar como su familia verdadera lo hacía; y comportándose igual que su personaje, Gandolfini seguramente cobró su jugoso cheque y no puso objeciones a un guión lleno de estupidez.

Para el desenlace, la simpleza y hasta cierto punto vulgaridad se convierte en una lección de amor apta para toda la familia. Más hipócrita no podría resultar una cinta que, primeramente, cuenta con chistes racistas, misóginos, y vulgares, para después tratar de darnos un mensaje sobre lo importante de compartir y disfrutar con la familia.

Ya ni mencionar los momentos sin mucho sentido, el humor de pastelazo, o el patético cambio de Affleck (como la película, primero haciéndola de tonto, luego de romántico). Sobreviviendo la Navidad parte como algo tan estúpido que, si estás de buen humor, puede causarte algo de gracia, pero pronto se convierte en un filme tedioso y obvio.

The Star Wars Holiday Special - 43%

La película televisiva que George Lucas no quiere que veas es una constante dosis de escenas extrañas, sin sentido, alejadas completamente del universo Star Wars, que necesitan ser vistas para creerse.

La trama central ocurre en su gran mayoría dentro de la casa de la familia de Chewbacca. Se acerca el Día de la Vida, la celebración familiar a la que Chewbacca nunca falta, sin embargo en esta ocasión sus familiares (su papá, esposa e hijo) están preocupados porque no aparece por ningún lado. El Imperio y su búsqueda por los rebeldes ha hecho conflictivo el viaje de Han Solo y Chewie rumbo a la celebración, aunque finalmente llegarán sanos y salvos y el Día de la Vida será festejado sin problema. Eso es básicamente lo que pasa en el especial navideño de Star Wars, sin embargo también aparecen segmentos que poco tienen que ver con la historia.

La tecnología wookiee es usada como pretexto para que dichos segmentos entren aparentemente con algo que añadir a la trama. Que si la esposa de Chewbacca ve el televisor, el abuelo wookiee disfruta la realidad virtual, o el hijo se pone a ver caricaturas; todo es un burdo pretexto para introducir momentos musicales larguísimos, clases de cocina, la peor versión animada de Han Solo que te puedas imaginar (y una bizarra subtrama con Boba Fett como antagonista), y también cameos de Luke, la Princesa Leila, y otros personajes. Tratar de entender qué estaban pensando los creadores de esta infamia es una tarea imposible.

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