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RESEÑA | FERATUM 2021 | Mírame: Una bocanada de aire fresco para el horror mexicano

Una película bien contada que explora el vacío de un adolescente que se enfrenta a un fantasma que lo acosa. El director encontró la manera perfecta de darle forma aquella frase de “Hay que tenerles más miedo a los vivos que a los muertos”.

Cuando hablamos del cine de terror y horror que se produce en México, quizá muchos pensarían que hay cierta decadencia. A decir verdad, sí existen buenas películas, pero no todas consiguen la distribución que se merecen y se le da prioridad a otro tipo de producciones más rentables, pero menos pulidas. Si, como fans del género, nos aventuramos a buscar buenas películas dentro del cine nacional actual, aún podemos encontrarnos con grandes sorpresas.

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Un gran lugar para comenzar esta exploración son los festivales de cine, por ejemplo, el Festival Internacional de Cine de Horror Macabro o el Feratum Film Fest. Este año, ambos eventos trajeron en su repertorio grandes propuestas de diferentes partes del mundo, pero ambos contaron con la presencia de una película mexicana que se merece toda la atención de los fans del género. Mírame es una película dirigida por Pavel Cantú que despertó la atención de varias miradas por la historia, la narrativa y las interpretaciones.

Esta película se enfoca en Lalo (Axel Alpuche), un adolescente que encontró a su padre muerto y ahora debe mudarse a vivir con su abuela Elena (Leticia Huijara) en Xochimilco. Cuando entra a su nueva escuela, se topa con que una joven lleva días desaparecida, al mismo tiempo que el fantasma de una estudiante comienza a acosarlo. Lalo, junto con su nueva amiga Rana (Regina Reynoso), comienzan a hacer su propia investigación sobre quién es la niña que le persigue y si está relacionada con la desaparición de su compañera.

Pavel Cantú, con el apoyo de sus guionistas entre los que se encuentran Ernesto Murguía, Luisa Iglesias Arvide y Verónica Angeles Franco, consigue llevar una historia estable que, sin necesidad de usar cientos de efectos especiales y sonidos ensordecedores, logra generar cierta intriga y suspenso en el espectador. Pero la mejor parte es que, si a su historia le quitamos los elementos de horror como las apariciones fantasmales, sigue siendo interesante y funcionaría de la misma manera.

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Historias de fantasmas se han contado muchas, pero Cantú ofrece ciertos giros que nadie se espera, como quién es la niña que persigue al protagonista y cuál es su relación con él, o quién es el responsable de su muerte. Todos y cada uno de los personajes son convincentes, la comunicación entre los actores, incluso entre ellos con la historia misma es tan orgánica que se siente real y resulta incuestionable.

Además, se trata con respeto a Xochimilco e incluso se vuelve un personaje más, no sólo el lugar en el que se desarrolla la historia. A pesar de que esta alcaldía ya tiene su historia con el cine nacional – basta con mencionar María Candelaria (Xochimilco) para notar la importancia del lugar para la representación del país y su cultura en la pantalla grande –, y muestra cierta veneración a cada detalle como los canales, las islas, las viviendas, la flora y la fauna (qué bonito es ver a un ajolote en el cine).

La historia desde el guión hasta lo visual sigue su propio orden y lógica, el hecho de que se sea tan insistente con el agua (albercas, lagunas, peceras, etc.) tiene una razón y va revelando cosas poco a poco. Además, como todo guión bien escrito, la cinta tiene claro cuál es su concepto principal, es decir, el hecho de que alguien está mirando al protagonista tal como se ve en el título, sin necesidad de estar repitiendo la palabra a lo largo de toda la cinta. El espectador tiene, por momentos, la perspectiva de quien vigila.

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Darío T. Pie demuestra lo poco aprovechado que ha sido en el cine, pues a pesar de ser reconocido por un personaje cómico, en esta cinta consigue cambiar su tono y hacer que el público se olvide por un momento de que él mismo los ha hecho reír por tantos años con uno de sus personajes más entrañables. El actor nos permite, mostrándose a sí mismo, creerle quién es en ese momento y en lo que hace.

Es evidente la constante comunicación entre director y actores por la construcción cuidadosa de cada personaje. Leticia Huijara, a pesar de interpretar a una abuela, no es la típica figura de una anciana adorable o reconfortante, sino que se muestra como una mujer de carácter fuerte y un tanto fría, y sin necesidad de revelar demasiado, nos permite conocer su historia, comprender su actitud y por qué, de algún modo, entre ella y su nieto son un par de completos extraños que apenas empiezan a conocerse o a adaptarse uno al otro.

También el pasado de Lalo se cuenta sin necesidad de ser narrado, sino que las circunstancias apoyan a entender a la perfección cada detalle. Mírame también hace referencia a una de las frases más comunes en México: “hay que tenerles más miedo a los vivos que a los muertos”, algo que no puedo explicar a detalle porque sería un gran spoiler. Por otro lado, hay escenas bajo el agua que resultan cuidadosas mostrando el compromiso tanto de la producción como de los actores.

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Los diálogos son tan naturales que se agradece, y por un momento se olvida que uno está siendo víctima de una ficción, lo que le envuelve dentro de la historia como si fuera parte de ella. La película genera ciertas emociones en el espectador, atrapa, cuenta algo interesante, mantiene la atención, se toma su tiempo para revelar lo que quiere revelar y le da permiso a quien está sentado frente a la pantalla de vivir cada momento de la película sin apresurarlo o alargar demasiado la historia. Esta es una de esas películas que nos hacen sentirnos orgullosos del cine mexicano actual, invitándolos a disfrutar cada momento y espero que pronto, Pavel Cantú nos siga seduciendo con este tipo de producciones tan finamente cuidadas.

Mírame es una bocanada de aire fresco tanto para la industria como para el género en nuestro país. Algunos han descrito esta película como una narración gótica por el manejo que se le da al fantasma e incluso por la nocturnidad de la misma; siendo una película oscura, sin necesidad de que lo sea visualmente.

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